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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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EL ABORTO INDUCIDO ES ASESINATO

Éx. 21:22-23

 

          Durante demasiado tiempo los creyentes han permanecido en silencio sobre cuestiones críticas para nuestra nación.  El resultado ha sido una decadencia moral que ahora amenaza la misma libertad de los Estados Unidos.  Cuando Israel había dado su espalda a Dios, muy parecido a lo que ocurre hoy en nuestro país, Dios comunicó a su predicador Isaías:  “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” (Is. 58:1).  Es urgente que el pueblo de Dios, y especialmente los predicadores, hagan exactamente lo mismo.  Edmund Burke escribió en una ocasión:  “Lo único que hace falta para que triunfe el mal es que los buenos no hagan nada.”  El salmista David escribió:  “Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo” (Sal. 107:2).  Juan el Bautista, el apóstol Pablo, el profeta Jeremías y muchos otros eran militantes en asuntos políticos relacionados con moralidad en sus tiempos.  El creyente no puede justificar su silencio, falta de participación y apatía por la condición moral de este país, sea al nivel personal o político, local o nacional (pero especialmente al nivel nacional).

          Un asunto que reclama nuestra atención inmediata es el aborto provocado.  En 1973, sin ninguna votación del pueblo y sin acción del presidente o congreso, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos decidió que la criatura aún por nacer no era una persona, y así legalizó el aborto.  En el mismo año, en dos casos destacados, “Roe contra Wade” y “Doe contra Bolton”, negaron al padre el derecho de proteger a su hijo que todavía no había nacido.  La decisión “Danforth”, de 1976, dio más apoyo a esta política.  La ley constata que el estado no puede impedir ningún aborto en las primeras doce semanas, y que sólo puede interferir en casos limitados durante las siguientes doce semanas.  Solamente reconoce el derecho estatal de impedir el aborto en los últimos tres meses, pero, por decisión médica, se puede abortar hasta el último momento del embarazo. 

          Hoy, la sangre de millones de criaturas inocentes clama a Dios en contra de nosotros por permitir esto.  Nuestra nación está contaminada.  Es difícil imaginar algo más inocente que una pequeña criatura todavía sin nacer.  Dt. 27:25 dice:  “Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente.”  Procederemos a demostrar que el aborto provocado es asesinato.  Además, es asesinar por dinero.  Realmente padres pagan a médicos para matar a bebés.  El juicio del Dios Todopoderoso es inevitable para el pueblo que legaliza, o que aprueba con su pasividad, una maldad de esta magnitud.  Ya es hora de que los que creemos en la ética bíblica nos levantemos para unir nuestras fuerzas contra este mal.

 

I.                    VEAMOS ALGUNOS DE LOS RESULTADOS DEL ABORTO LEGALIZADO (ASESINATO) EN LOS ESTADOS UNIDOS.

A.            Desde la legalización del aborto en los Estados Unidos, se han asesinado a más de siete millones de criaturas.  Probablemente son muchas más, porque esta cifra se basa en los informes más conservadores, de un millón por año, pero también habría que añadir los que no se declaran.

1.             En el folleto El aborto: ¿es asesinato?, E. L. Bynum informa que en el estado de Nueva York se realizaron doscientos mil en el primer año después de legalizarse el aborto.  Según The Right to Life Foundation [Fundación del derecho a la vida], actualmente se realizan un millón doscientos mil abortos cada año en los Estados Unidos.

2.             Se estima que Adolph Hitler mató a seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.  Solamente en el año pasado se mataron a un millón doscientas mil criaturas en los Estados Unidos.  En los últimos cinco años se han matado a más de seis millones.  Además, esta cifra sube deprisa.  Ahora mismo, aproximadamente el veinticinco por ciento de las concepciones acaban en aborto provocado.  Los Estados Unidos no pueden decir mucho contra la Alemania de Hitler.  Incluso los apáticos creyentes que no han levantado sus voces tienen sangre inocente en sus manos.

3.             La mayoría de los abortos se producen en madres de menos de veinte años de edad, muchas tienen entre catorce y quince años y algunas sólo once años de edad.  En algunos lugares, el aborto para menores se efectúa sin el consentimiento de los padres.

4.             Justo en las autopistas de Houston hay vallas publicitarias que anuncian clínicas abortistas, diciendo:  “EMBARAZO NO DESEADO”, y a continuación hay un número de teléfono.

B.            Muchos creyentes ingenuos no saben cómo se realizan estos abortos.

1.             El método más común es por succión o aspiración.  Se introduce un tubo flexible conectado a una bomba al vacío para vaciar el contenido uterino, lo cual literalmente destroza a la criatura.  Aproximadamente setenta y cinco por ciento de los abortos se realizan por este método.

2.             Otro método es la denominada dilatación y evacuación (DE).  Se practica hasta la duodécima semana del embarazo.  Se emplea una legra (instrumento metálico en forma de cuchara) para cortar la criatura y sacarla por raspado del útero.  A menudo, el cirujano usa su mano para aplastar la cabeza.  Después, una enfermera une las piezas para asegurar que el útero esté vacío.

3.             Después de la decimoquinta semana de gestación, se emplea el método de infusiones salinas.  Se utiliza una aguja hipodérmica para inyectar la solución salina a través de la pared abdominal.  Después de un tiempo de absorber este “veneno”, la criatura muere violentamente.  Con este método resultan quemaduras severas en la piel de la criatura, que nace muerta.

4.             El método denominado histerotomía es similar a la cesárea.  Casi todas las criaturas nacen con vida, moviendo los brazos y piernas.  Algunas veces lloran, luchando por respirar.  Se corta entonces el cordón umbilical para provocar la muerte.  Normalmente los pulmones no se han desarrollado suficientemente y, después de llorar y moverse durante un tiempo, la criatura se muere.  En algunas ocasiones las enfermeras han rescatado a bebés que habían sufrido este tipo de aborto, salvando así sus vidas.  Este tipo de negligencia infantil deliberada se llama infanticidio. 

C.            Lo más repugnante y vergonzoso de todo esto es que nuestro gobierno lo ha legalizado, costeando muchos de estos abortos con nuestros impuestos.

1.             Los representantes que hemos enviado ante el gobierno, o por voto o por falta de votar (no votar por el candidato correcto es automáticamente votar por el incorrecto), son los que han aprobado estas leyes, usando nuestros impuestos para costearlo.  Mediante nuestro voto o nuestra participación como candidatos, podríamos haberlo impedido.  Sin embargo, la mayoría no tiene suficiente interés en el tema como para informarse, y mucho menos en hacer cualquier cosa por impedirlo. 

2.             Hace poco, en una decisión muy controvertida, gracias a Dios, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos apoyó la enmienda “Hyde”, que prohibe costear los abortos con dinero federal excepto en casos de peligro de vida, violación o incesto (y los dos últimos casos tienen que ser denunciados poco después de ocurrir).

3.             Pero, el movimiento feminista, homosexual y liberal está haciendo todo lo que puede para cambiar esta decisión.  Y lo conseguirán si no hacemos nada.  Debemos apoyar a hombres en el gobierno que luchen militantemente contra el aborto, y especialmente contra la financiación del aborto.

 

II.                 AL TRATAR EL TEMA DEL ABORTO SURGE LA PREGUNTA:  ¿CUÁNDO EMPIEZA LA VIDA?

A.            Los que están a favor del aborto quisieran convencernos de que el niño aún por nacer es algo menos que humano.

1.             Para suavizar el lenguaje, no lo llaman asesinato de criaturas inocentes.  No llaman al niño sin nacer “bebé”, sino “feto”.  Es extraño que la madre que quiere tener a su hijo lo llama “su bebé”; pero la que no lo quiere, lo llama “el feto”.    En los laboratorios usan terminología como “contenido uterino” o “restos fetales” para así aliviar el trauma de examinar pequeños miembros del cuerpo extraído de la madre.  Es un ejemplo chocante de cómo se degrada la vida humana por aborto a petición.

2.             Jill Knight, del parlamento inglés, dijo que en Suecia, donde el aborto se legalizó hace mucho tiempo, a veces los médicos ahogaban a las criaturas en un cubo de agua, si sobrevivían al procedimiento abortivo.  Dijo ella:  “También hacen experimentos con los bebés abortados.  Los colocan en úteros simulados, dándoles de comer por el cordón umbilical.  De vez en cuando les dan un golpe para averiguar si todavía viven.  ¿Por qué no?  Me han dicho que nadie los quería.”

3.             Empieza a amontonarse la evidencia de que muchos de los que justifican el aborto sufren por su vileza.  En un artículo reciente, Gerald Beasley, Jr., M. D., de Duncan, Oklahoma, señaló los descubrimientos de Philip G. Neg, M. D. de Vancouver, Canadá.  Éste es director de psiquiatría en el hospital “Royal Jubilee”.  Además, es profesor de psiquiatría en Columbia University.  En vez de hacer que todos los niños sean queridos y no abusados, la evidencia indica que el aborto ha causado más abuso infantil.  En los Estados Unidos y en Canadá la incidencia de niños abusados, maltratados y asesinados coincide con el aumento de abortos a petición.  Dice el Dr. Neg que las madres que han abortado, a menudo, pierden la habilidad de controlar su ira hacia los que dependen de ella.  El valor del niño se ha rebajado para ella.  El niño percibe este desprecio y, como consecuencia, tiene una falta de seguridad.  Entonces, el niño exige más atención, lo cual frecuentemente incita violencia por parte de la madre.  Muchas mujeres guardan fuertes sentimientos de culpabilidad después de abortar.  Esta culpabilidad es una de las causas importantes del abuso infantil e infanticidio.  Las que han abortado suelen experimentar depresión en embarazos posteriores, lo cual aumenta la posibilidad del abuso infantil.

B.            No hay ninguna justificación científica de que la vida comience cuando nace el niño, y no en la concepción.

1.             Uno de los argumentos que usan para apoyar el aborto es que afirman que el feto (el bebé) es una parte del cuerpo de la madre hasta el nacimiento, y que la madre tiene derecho de hacer lo que quiere con su propio cuerpo.  Tiene derecho de extraer el feto si lo desea.

2.             El hecho científico demostrable es que en el núcleo de la célula humana hay cuarenta y seis cromosomas.  La única excepción es la célula reproductora, que tiene veintitrés.  En la concepción se une una célula del padre de veintitrés cromosomas con una de la madre de veintitrés cromosomas.  Éstas dos se unen para formar una célula (cigoto) de cuarenta y seis cromosomas.  Ésta nueva célula ya no es del padre o de la madre, sino es la primera célula de un nuevo ser humano, que se forma mediante sucesivas divisiones celulares.  Cada nueva fase del individuo se produce por sucesivas divisiones celulares, sin recibir ninguna nueva aportación celular del padre o de la madre.  El nuevo individuo se alimenta y recibe protección del cuerpo materno.  Sin embargo, es incorrecto pensar que el nuevo individuo, sea en su fase embrionaria, fetal o de recién nacido, sea simplemente un bulto como son las verrugas, quistes y tumores.  Si cualquier célula se desprendiera del nuevo individuo, el sistema de la madre la atacaría, matándola, como cualquier otra célula extraña.  En la concepción se forma un individuo nuevo, que no es simplemente un miembro del cuerpo materno.  En el mismo momento de la fecundación, el nuevo ser es tan distinto al cuerpo materno como será nueve meses más tarde al nacer, o después de cuarenta años, o incluso cuando la madre muera.  Es cierto que el bebé no podría vivir sin el cuerpo de su madre, pero también es verdad que después de nacer tampoco podría vivir sin que lo cuidaran.  La madre o alguna otra persona tiene que cuidar al recién nacido. El bebé sigue creciendo después de nacer por sucesivas divisiones celulares, al igual que antes de nacer.  La única célula que aporta la madre para hacer el nuevo individuo es la primera, que contiene sólo la mitad de cromosomas.  El padre proporciona la otra mitad de cromosomas.  Al unirse estas dos células, ocurre la fecundación y se forma el nuevo individuo.  Después, ni el padre ni la madre contribuye con más células.  El bebé no es más de la madre que del padre.  Solamente que recibe lo que necesita del cuerpo materno.

3.             Si la madre puede conseguir el aborto a petición suya, el padre debería poder hacer lo mismo.  El bebé le pertenece tanto a él como a ella, porque él proporciona la misma cantidad celular que ella.  En realidad, ninguno de los dos debería poder solicitar el aborto.  Ningún médico, ninguna madre, ningún padre o nadie tiene el derecho de matar a un bebé inocente; ni seis meses antes de nacer, ni seis meses después de nacer. 

C.            Según la Biblia, la vida empieza en la concepción.

1.             Al considerar los versículos a continuación es obvio que Dios considera que se trata de un niño desde el momento en que se concibe, no de un feto inhumano o infrahumano.  Para Dios no llega a ser humano cuando nace, porque ya es un ser humano antes de nacer. 

2.             Dios muestra, mediante el profeta Jeremías, que uno es un ser humano con individualidad antes de nacer.  “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jer. 1:5). De ninguna manera encontrarán los que defienden el aborto consuelo en las Escrituras. 

3.             En la concepción y nacimiento de Cristo tenemos una buena ilustración de que antes de nacer uno es un individuo.  “El nacimiento de Jesucristo fue así:  Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo”(Mt. 1:18).  Y el v. 20 dice:  “Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo:  José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.”  Creemos que Dios llegó a ser hombre en el momento de su concepción, no de su nacimiento.  Lo que había en María era “engendrado del Espíritu Santo”, no un feto infrahumano.

4.             Consideremos el nacimiento de Juan el Bautista.  Cuando Elisabet estaba embarazada de seis meses de Juan el Bautista, María la visitó.  Lc. 1:41 dice:  “Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre”.  E. L. Bynum ha señalado que no dice que “el feto” saltara en su vientre, sino que la criatura saltó.  En este caso se usa la palabra griega “brephos”, que es la misma palabra usada para describir a Cristo en el pesebre (Lc. 2:12, 14).  En 1 P. 2:2 se traduce el mismo término “niños”, en 2 Ti. 3:15 “niñez”, en Lc. 18:15 “niños” y en Hch. 7:19 “niños”.  Estas citas demuestran que Dios usa el mismo término para referirse al niño antes de nacer que después de nacer, e incluso para niños mayores. 

5.             Isaías establece la existencia del alma humana antes de nacer en Is. 49:5:  “Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo”. 

6.             Job demuestra que Dios da el espíritu y después lo cubre con carne y huesos, y no al revés.  Así que, se trata de un individuo incluso durante la formación de carne y huesos.  Según la Biblia, es un niño antes de nacer, no sólo una masa infrahumana de carne.  Job 10:11 dice:  “Me vestiste de piel y carne, y me tejiste con huesos y nervios.” 

7.             Pablo también hizo referencia al comienzo de la vida.  Dijo:  “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia” (Gá. 1:15).  Pablo podía referirse a sí mismo con el pronombre personal “me”, en referencia a su existencia prenatal. 

8.             Escuchemos palabras del rey David sobre el comienzo de la vida.  Sal. 139:13-16:  “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.  Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.  No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.  Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.”  Se trataba de David en la matriz, no de una infrahumana masa de tejidos.  Ya era un individuo único y viviente, no una verruga, un tumor u otra anomalía del cuerpo de su madre.  Dios reconoció su existencia en el útero, y eso es suficiente para los que quieren saber la verdad.

D.            Es evidente que los argumentos fundamentales para el aborto no pueden sostenerse ante la evidencia científica, pero todavía menos ante la evidencia de la verdad de Dios.

1.             El niño no es meramente una parte del cuerpo de su madre hasta nacer, como algunos argumentan.  El niño por nacer ya es otro ser humano.  Quitar su vida es asesinato, sea antes o después de nacer.  La madre puede tener derecho sobre su propio cuerpo, pero no para asesinar al bebé que lleva adentro.

2.             Hablan de los derechos de las madres, pero ¿qué de los derechos del inocente ser humano que vive dentro de ellas?  ¿No es el primer derecho el de la vida?  Alguien ha escrito un poema que hiere la postura del aborto hasta la médula.  Pregunta: “Si no está vivo ¿por qué crece? / Si no es un ser humano ¿qué clase de ser es? / Si no es un niño ¿por qué chupa el dedo? / Si es un niño humano con vida ¿por qué es legal matarlo? El hermano Charles Ashcraft ha añadido:  “Si el aborto es asesinato, ¿quién será responsable de su muerte?”

 

III.               LOS ASESINATOS, COMETIDOS EN ESTE PAÍS CON NOMBRE DE ABORTOS, SON UNA ABOMINACIÓN ANTE DIOS.

A.            Desde el punto de vista de Dios es detestable.

1.             El sexto mandamiento del decálogo es:  “No matarás” (Éx. 20:13).  Para que lo comprendamos bien, Jesús lo interpreta en Mt. 19:18, diciendo:  “No matarás” [Nota:  una traducción literal sería “no cometerás asesinato”].  Sea en el nombre de aborto o venganza, todavía es asesinato y, por lo tanto, está mal ante Dios.  Dice que no se haga.  Así que, ni la madre, ni el padre, ni el presidente, ni un juez federal, ni el Tribunal Supremo de los Estados Unidos tiene autoridad para afirmar que sea legal, moral o aceptable.

2.             En el principio del relato bíblico, Gn. 9:5-6, Dios impuso la pena capital para los asesinos.  “Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre.  El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.”  Este principio se repite a menudo en las Escrituras.  (Hay otro capítulo de este libro sobre la pena capital.)  El niño por nacer tiene vida y tiene sangre, que es su propia sangre.  Provocar el aborto es derramar su sangre.  Según Dios, el asesino merece la pena de muerte.  Como señala E. L. Bynum:  “Dios no hace distinción entre el asesinato de personas de diferentes edades.” 

3.             Escuchemos lo que Dios dice sobre madres embarazadas:  “Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces.  Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida” (Éx. 21:22-23).  [Nota:  “abortare”, en este versículo, quiere decir “de modo que pare”.]  Según Dios, si una mujer embarazada o su hijo recibe una herida de muerte, el ofensor debe morir.  Debería hacer que cualquier madre que desea abortar piense dos veces antes de hacerlo.

4.             Y ¿qué opinará Dios del personal médico que quita la vida a bebés inocentes?  No sólo lo hacen, sino lo hacen por dinero.  Es un caso flagrante de matar por dinero.  Dios dice:  “Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente” (Dt. 27:25).  Cuando se legalizó el aborto en los Estados Unidos, el pecado llegó a ser “sobremanera pecaminoso” en este país (Ro. 7:13).

B.            Ha llevado nuestro país a la era más abominable de su existencia.

1.             La opinión popular es que debemos acabar con la guerra a cualquier precio (incluso el desarme unilateral y la esclavitud, si hace falta), pero es legal y aceptable matar a un millón doscientas cincuenta mil criaturas cada año, incluso, en algunos casos, con dinero estatal.  ¿No es extraño que mientras nuestro país protestaba la guerra de Vietnam durante la década de los sesenta, por otro lado, estaba a punto de legalizar el aborto, que quitaría la vida de más personas que la guerra contra Vietnam? 

2.             Muchas personas seudoreligiosas de esta nación han luchado por impedir la ejecución de los criminales empedernidos; sin embargo, muchas de las mismas personas han apoyado la matanza de inocentes por aborto.  La incoherencia es manifiesta.

3.             El gobierno gasta millones para cuidar de los ancianos, pero hay que deshacerse de los bebés por nacer.

4.             Hay un problema fundamental con la sociedad que permite la matanza de inocentes niños por nacer.  Dios no lo tolerará por mucho tiempo.

C.            Está mal que los ciudadanos, especialmente los creyentes, toleren esta matanza.

1.             El pueblo de Dios debe levantarse en contra de ello.  Somos la sal de la tierra y debemos oponernos a esta obvia corrupción (Mt. 5:13).  Debemos levantarnos para expulsar; mediante el voto, a los políticos que apoyan el aborto.  Debemos elegir a hombres de principios y, en algunos casos, debemos ser candidatos nosotros mismos.

2.             Y, sobretodo, los predicadores de la Palabra de Dios debemos advertir al pueblo y debemos manifestar lo que está bien y lo que está mal.  Hemos permanecido en silencio durante demasiado tiempo, como Lot en la puerta de Sodoma.  Un mensaje para los predicadores se encuentra en las palabras de Isaías:  “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” (Is. 58:1).  Los predicadores, de forma especial, son atalayas de Dios para el pueblo.  Si ven acercarse el enemigo, que puede destruir la tierra con su gente, y no dicen nada, Dios les tendrá como responsables (Ez. 33:1-9).  Me pregunto, ¿cuánta responsabilidad tendrán los predicadores por la sangre de los bebés inocentes?  Creo que la sangre inocente clama contra nosotros.  Ya es hora de levantar nuestras voces y de que nuestra tierra deje su maldad.

  

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