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RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
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Este estudio trata el tema de la sal que se vuelve insípida. El texto dice: “Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga.” Esta verdad es tan importante que se repite en Mt. 5:13 y en Mr. 9:50.
I. PRIMERO, CONSIDEREMOS EL SENTIDO LITERAL DEL TEXTO.
A. Es evidente que el Señor se refiere a la sal común, que todos conocemos.
1. Es la unión en partes iguales de dos elementos naturales: el sodio y el cloro, o sea, cloruro sódico.
2. Esta clase de sal es común en todo el mundo, y es necesaria para la dieta de los seres humanos.
B. La sal desempeña dos funciones.
1. Primero, la sal sirve para dar sabor a los alimentos. Nuestro Señor menciona esta cualidad de la sal para sazonar la comida. Todos sabemos que la sal es importante en la cocina. Sin ella, la comida es totalmente diferente, e incluso de sabor desagradable.
2. Segundo, la sal sirve para conservar. Se emplea sal especialmente para la carne. Se usan miles de toneladas de sal cada año con este fin.
C. La sal que se empleaba en el Medio Oriente entonces, y todavía se usa, es muy diferente de la sal que conocemos nosotros.
1. La sal no se sacaba del agua salada o de minas, sino de pantanos cercanos al mar, como en Chipre, o de lagos salados en el interior, que se secaban en el verano. Así que, la sal solía tener muchas impurezas.
2. Además, la sal se degrada cuando se expone a la intemperie. Se estropea por la humedad, impurezas y otras sustancias. Así se contamina, perdiendo calidad.
D. Menciono estas cosas para que podamos comprender mejor lo que nuestro Señor quería decir sobre la sal insípida que se tiraba para ser pisoteada.
1. En las regiones del este, la sal se estropeaba con bastante facilidad por contener tantas impurezas, perdiendo así su utilidad.
2. Cuando la sal se estropeaba, ya no servía ni para dar sabor a la comida ni para conservarla. Cuando se degrada, se convierte en polvo inservible. En esta condición no es bastante salada para sazonar o para conservar, pero le quedan suficientes residuos químicos para destruir la fertilidad de la tierra. Así que, no se podía hacer servir para los campos. Por eso el Señor dijo: “Ni para la tierra ni para el muladar es útil” (Lc. 14:35). La sal en ese estado no sólo es inútil, sino que es dañina, destruyendo la fertilidad de la tierra. Por este motivo la tiraban a la calle. No podían deshacerse de ella con facilidad, porque lo perjudicaba todo: la casa, el césped, el huerto, el campo... El único lugar donde podían echarla, era la calle para ser pisoteada.
3. Es difícil pensar en algo más inútil y molestoso que la sal insípida. Por sus efectos corrosivos y destructivos, llega a ser perjudicial en lugar de ser un beneficio. No es simplemente una cuestión de tirarla, porque hay que evitar su contacto con metales y con plantas, los cuales se estropean por los efectos nocivos de la sal.
4. Sin embargo, el Señor no pronunció estas palabras para enseñarnos sobre las propiedades de la sal. Sólo usó la sal como objeto material para comunicar una verdad espiritual, porque hay una semejanza sorprendente entre la sal y el pueblo de Dios.
II. AL IGUAL QUE LA SAL DEBE SER SALADA, EL PUEBLO DE DIOS DEBE SER PURO Y CELOSO.
A. Según el concepto bíblico, el cristianismo es una postura militante, celosa y valiente.
1. No hay duda acerca de las convicciones de los héroes bíblicos. Levantaban sus voces para que todo el mundo se enterara de sus posturas. No esperaban callados a que los políticos y hombres incrédulos tomaran la iniciativa en establecer justicia en la tierra. Actuaban en vanguardia, dirigiendo la lucha por la justicia y verdad.
2. Los creyentes de Hch. 4:29 oraron: “Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. En la Biblia, el pueblo de Dios se caracterizaba por ser militante, celoso y valiente.
B. El mensaje bíblico es ineludible: Dios espera que su pueblo sea valiente y que proclame abiertamente su postura.
1. Se evidencia lo que Dios espera de su pueblo en Is. 58:1: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.”
2. El creyente no debe esconderse como Saúl (1 S. 10:22). En Mt. 5:16, Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
3. En Mr. 9:50, Jesucristo utilizó estas palabras: “Tened sal en vosotros mismos”.
4. Tit 2:14 dice que Jesucristo se ofreció por nosotros “para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.”
5. En lugar de ser tímidos, retraídos y callados sobre lo que creemos como verdad de la Palabra de Dios, Lc. 14:23 dice: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.”
6. Fil. 2:15 dice: “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. Indica que los creyentes deben brillar. Salta a la vista que hemos de ser militantes y celosos, porque la voluntad divina no es que seamos tímidos y avergonzados de la verdad. Estemos donde estemos, hemos de permitir que la verdad sobresalga. Esto incluye cuando estamos en el trabajo, en la escuela, en casa, con los vecinos, en la política y en todas las demás áreas de la vida.
7. El apóstol Pablo escribió a los gálatas: “Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros” (Gá. 4:18). Esta verdad no ha cambiado nada desde que la escribió. Es tan necesario ser celoso hoy como lo era hace siglos. Ser celoso y militante en causas justas “es bueno”.
8. Pablo dijo a los corintios: “vuestro celo ha estimulado a la mayoría” (2 Co. 9:2). El celo produce celo. El celo de unos cuantos hijos de Dios se convierte en una antorcha para otros. La Palabra de Dios comunica que los “tibios” necesitan arrepentirse por su tibieza. Ap. 3:19: “sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”
C. Si uno no piensa que el pueblo de Dios deba ser militante, poniéndose en vanguardia para proclamar las posturas de Dios sobre asuntos de actualidad, entonces que se fije en algunos personajes bíblicos que indudablemente honraron a Dios.
1. ¿Se puede imaginar a Juan el Bautista tímido? ¿Se negaría a levantar su voz, excepto dentro de algún templo? Su audiencia no se componía exclusivamente de los que estaban de acuerdo con él, porque habló con fariseos, saduceos, dirigentes impíos de Judá e Israel, abogados, médicos, militares... Tampoco se dedicó a decirles cosas que agradaran. No ignoraba las injusticias, tomando una postura inofensiva. No era de la opinión que el pueblo de Dios no debiera tomar una postura sobre asuntos políticos. Escuchemos sus palabras a los fariseos y saduceos en Mt. 3:7: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” Y continuó en el v. 8: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” Si uno piensa que Juan no tomaba una postura sobre asuntos políticos y sobre la decencia y moralidad públicas, que lea Mt. 14. Los v. 3-4 relatan que estaba encarcelado por decir: “No te [Herodes] es lícito tenerla” [la esposa de su hermano, Felipe]. Puede que alguien piense que Juan el Bautista no debería haberse involucrado en asuntos así, que debería haberse limitado a predicar el evangelio. Puede que sea del pensamiento que hay que predicar y adorar sólo en la iglesia, y no intervenir en asuntos públicos. Pero, realmente no importa lo que opinemos nosotros, porque Dios mismo dice lo que opina de Juan el Bautista. “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mt. 11:11).
2. También debemos considerar al profeta Elías. El primer libro de Reyes relata muchas cosas sobre este gran hombre de Dios. Cuando el rey pecó contra Dios, este profeta le reprendió cara a cara, y le dijo: “En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre” (1 R. 21:19). Este hombre de Dios obviamente pensaba que el pueblo de Dios debía pronunciarse en cuestiones políticas. Cuando toda la nación de Israel abandonó a Dios, este poderoso profeta hizo frente a los impíos profetas de Baal en el monte Carmelo, condenándolos abiertamente. Entonces, llamó al pueblo de Israel a ponerse de parte del Dios verdadero (1 R. 18).
3. Si un predicador de la Palabra de Dios, o cualquier creyente, entrara directamente en la sede de una religión falsa para condenarla, hoy en día seguramente se llamaría fanatismo. Muchos, incluso pastores y creyentes en general, dirían que es meterse donde no se debe. Sin embargo, es exactamente lo que hicieron Pedro y Juan en Hch. 3. Provocaron un alboroto, pero honraron a Dios con su valentía.
4. ¿Adónde iba el apóstol Pablo en sus viajes misioneros? ¿Iría simplemente a los que ya eran creyentes? ¿Se limitaría a predicar en iglesias? Es obvio, por los Hechos de los Apóstoles, que no fue así. Iba directo a los judíos, entrando en sus sinagogas, confrontándoles por sus equivocaciones. No sólo les contradecía, sino también les predicaba a Jesucristo. Cuando lo arrestaron en Atenas, se plantó como defensor de la verdad en el baluarte del paganismo y de la política, o sea, en el Areópago. No estuvo callado, simplemente escuchando, sino se puso en medio denunciando las falsedades que se propagaban. Hch. 24 relata cómo este creyente celoso, militante y piadoso se pronunció sobre Cristo ante reyes y dirigentes del país. No sería muy popular hoy; incluso muchos pastores y creyentes lo condenarían. Pero doy gracias por él, porque sus acciones honraron a Dios. Quisiera que más de nosotros fuéramos como él.
5. Afirmo rotundamente que la clase de cristianismo que encuentro en la Biblia es valiente y militante. Cuánto quisiera que hubiera entre nosotros hombres como Daniel, Mardoqueo, Jeremías y Esteban.
III. DESGRACIADAMENTE, EN LA ACTUALIDAD EL PUEBLO DE DIOS, COMO SAL INSÍPIDA, GUARDA UN SILENCIO SEPULCRAL.
A. Se ha tragado la mentira del Diablo de que el pueblo de Dios debe limitar sus actividades religiosas a las iglesias y grupos de igual opinión.
1. No hablan de sus convicciones con la familia, porque no quieren molestar y causar problemas familiares.
2. No hablan de sus convicciones con los vecinos, porque quieren llevarse bien con ellos.
3. No hablan de sus convicciones con amigos, porque no quieren perder la amistad.
4. No hablan de sus convicciones en el trabajo, porque están convencidos de que no se puede mezclar la religión con el trabajo.
5. No hablan de sus convicciones con los de otras denominaciones, porque no quieren ser culpables de proselitismo e intolerancia.
6. No hablan de sus convicciones en situaciones públicas, porque están convencidos de que no se debe mezclar religión con política. Saben que la separación de iglesia y estado prohibe que se hable de religión en situaciones así.
7. No me equivoco cuando afirmo que la mayor parte del pueblo de Dios no habla de los principios de Dios con nadie que no sea de la misma opinión. Jeremías dijo: “No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre” (Jer. 20:9). En la última parte del mismo versículo, se arrepiente de ello. Muchos creyentes toman la misma postura sin arrepentirse. Determinan no hablar de Dios y de sus principios con nadie que no coincida con ellos. Además, se sienten molestos cuando otros creyentes lo hacen, y les critican. Les acusan de ser fanáticos e intolerantes. ¡Qué vergüenza! Porque esta actitud deshonra a Dios.
B. La sal debe sazonar e impedir la putrefacción. El pueblo de Dios debe dar al mundo el sabor de la piedad, y debe impedir el deterioro espiritual. Sin embargo, pocos creyentes lo hacen.
1. No defienden lo que creen ante los opositores, pero ante los que opinan igual levantan la voz con gran valentía. En otro ambiente más hostil, se vuelven como corderitos, y permanecen en silencio.
2. Debemos ser valientes dentro y fuera de la iglesia. Como Jesús, que dijo a los fariseos que diezmaban, pero que se olvidaban de la justicia y misericordia: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mt. 23:23). En otras palabras, estaba bien que dieran el diezmo, pero también tendrían que tener otras obras justas. Está bien que los creyentes afirmemos la verdad con valentía en la iglesia, pero también lo debemos hacer fuera.
3. Es una deshonra a Dios la apatía que hay en cuanto a los principios de piedad y justicia establecidos en la Biblia. El Señor dijo a la iglesia débil y apática de Laodicea: “¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Ap. 3:15-16). Dios quiere que tengamos convicciones, pero convicciones que nos impulsen a pronunciarnos ante hermanos de la iglesia, políticos, compañeros de trabajo, familiares, vecinos o ante el mismo Diablo.
4. Dios dice en Mt. 5:16 que alumbremos. En Fil. 2:15 dice que hemos de brillar en una generación maligna y perversa. ¿Dónde brilla nuestra luz? ¿Sólo en la iglesia? ¿También brilla en el mundo? Debemos contestar a esta pregunta: ¿Dónde hace más falta la luz, en un sitio alumbrado o en las tinieblas? Creo que sabemos la respuesta. Deberíamos avergonzarnos por ser tímidos, retraídos y cobardes en la causa de nuestro Dios.
5. Satanás emplea a los suyos para propagar sus ideas malignas, usando todos los medios posibles: revistas, televisión, periódicos, vallas publicitarias, radio, política y conversaciones en el trabajo y con vecinos. Así intenta imponernos todas sus ideas. Sin embargo, los cristianos no solemos ofrecer ninguna resistencia y tampoco propagamos las posturas bíblicas. En lugar de combatir, nos limitamos a predicar en las iglesias a personas que ya creen lo mismo que nosotros.
6. A lo mejor molesta que hable tan directamente sobre este tema; pero, me pregunto: ¿Cuántos habrán hecho alguna protesta por una ley impía? ¿Cuántos habrán manifestado su satisfacción por empresas que hacen publicidad en programas decentes o su descontento por empresas que la hacen en programas indecentes? ¿Cuántos habrán protestado contra un establecimiento por sus actividades indecentes? ¿Cuántos se habrán manifestado a favor de la verdad en televisión, radio, revista, periódico... , denunciando el error del Diablo? ¿Cuántos habrán intentado convencer a familiares, vecinos, compañeros u otros de alguna postura bíblica? Probablemente, la respuesta es NO, NINGUNO, NUNCA.
7. Al admitir que no lo hacemos, confesamos que no somos como Elías, Daniel, Esteban, Pablo, Pedro y Juan; y que no practicamos la clase de cristianismo que encontramos en la Biblia. Indica que nuestras convicciones no son como deberían ser, y que nuestras posturas no coinciden con la Palabra de Dios. Es admitir que somos sal insípida.
8. Si somos así, ¿cuál es nuestro valor en la causa de Cristo? Jesús dijo: “Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera” (Lc. 14:35). La causa de Dios no quedaría perjudicada si no estuviéramos en ella. Desanimamos a otros y nuestra influencia es totalmente negativa. Es hora de pronunciarse a favor de Dios. No sólo en privado, sino también en público.
IV. QUIERO QUE NOS FIJEMOS EN EL VERDADERO PROBLEMA DE LA SAL INSÍPIDA.
A. En gran parte creo que la culpabilidad la tienen los pastores.
1. ¿A quién ha dado Dios la principal responsabilidad en la lucha por la justicia y la piedad? ¿De dónde vendrá el consejo y el liderazgo de Dios?
a. Sin lugar a dudas, no vendrá de los incrédulos. No podemos esperar que los políticos y ateos lleven la bandera de Dios. Los empresarios están preocupados con ganar dinero, levantar edificios y sus reputaciones; no se preocupan por el bien. Tampoco podemos esperar que lo hagan los educadores; de hecho, piensan que no se puede mezclar la enseñanza académica con la ética cristiana. Los políticos no van a llevar el baluarte de Dios tampoco.
b. La respuesta es que los creyentes tienen que tomar la responsabilidad en la lucha por las causas justas. Creo que Jesucristo se dirigía a creyentes cuando pronunció estas palabras: “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt. 5:13). Es el pueblo de Dios el que está en la lucha espiritual (Ef. 6), defendiendo la justicia en un mundo maligno. A estos creyentes se dirigieron estas palabras: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:13-17). Me parece evidente que el pueblo de Dios debe tomar la delantera en la causa por el bien y la justicia. Creo que es incuestionable que el pueblo de Dios ha de encabezar esta causa ¿pero quién ha de dirigir al pueblo de Dios? La respuesta es que los pastores lo han de hacer. Hch. 20:28 dice: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.” Dios dice a su pueblo, en cuanto a los pastores: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (He. 13:7). Jer. 3:15: “y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia.” Los pastores deben guiar al pueblo, que a su vez toma la iniciativa en las causas por el bien en el mundo. Entonces, ¿de dónde ha de venir el liderato? De los pastores. Son ellos quienes deben ofrecer buen consejo y liderazgo en buenas causas. Si el liderazgo no viene de los pastores, es probable que no haya ninguno.
2. Me entristece tener que afirmar que vivimos en una época en que los pastores han enseñado y han practicado una clase de cristianismo que no corresponde con el de la Biblia.
a. Demasiados pastores opinan que el pueblo de Dios, y especialmente los pastores, no deberían involucrarse en asuntos de la vida cotidiana, o asuntos políticos o públicos. Afirman que la iglesia debe limitarse a predicar el evangelio. Suena bien, pero no es totalmente cierto. La iglesia del Señor debe predicar el evangelio, pero no debe evadir otras responsabilidades. La gran comisión (Mt. 28:19-20) también dice que hemos de bautizar a los que creen, y que hemos de enseñarles todas las verdades relacionadas con la conducta cristiana. El tercer aspecto de la comisión es tan importante como el primero. Nos enseña a vivir en un mundo real. Pero demasiados pastores no quieren enseñar a vivir en el mundo real o tratar los asuntos de la vida cotidiana. Sólo quieren predicar la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo en alguna iglesia.
b. Con esta postura dicen, en efecto, que el Diablo y su gente hagan las leyes que nos gobernarán, la ropa que nos pondremos, las vallas publicitarias que veremos, los libros que nuestros hijos estudiarán, las normas que controlarán las actividades de la iglesia, la educación que daremos a nuestros hijos, las pautas éticas para nuestras comunidades y la política sobre el mundo real en que viviremos. Podemos estar seguros que cuando el Diablo y los suyos se encarguen de tomar estas decisiones, no lo harán en conformidad con la piedad, la verdad y la decencia. Cuando permitimos que ellos hagan las normas para la vida en comunidad, entonces estamos obligados a someternos a ellas como si las hiciéramos nosotros mismos. No podemos justificar bíblicamente esta actitud que permite que los malignos nos dominen con su impiedad.
c. Sin embargo, hay muchos pastores que desean hacer justamente eso. De hecho, desaniman la participación de los creyentes en asuntos del mundo. Incluso si alguien realmente es ferviente en su lucha por la piedad, muchos pastores le criticarán.
B. Quiero que veamos lo que dice la Biblia sobre pastores que no toman la iniciativa en la lucha militante por causa justas.
1. Dios dijo en Jer. 12:10-11: “Muchos pastores han destruido mi viña, hollaron mi heredad, convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa. Fue puesta en asolamiento, y lloró sobre mí desolada; fue asolada toda la tierra, porque no hubo hombre que reflexionase.” Aunque este pasaje, y otros que veremos, se refieren directamente a políticos, hay una aplicación para los pastores en cada uno de ellos. Cuando los pastores dejan de tomar la iniciativa en buenas causas para el pueblo de Dios, éste se disipa con apatía y despreocupación.
2. Is. 56:10-11 es un ataque mordaz a los pastores que eran indiferentes ante los verdaderos problemas de sus tiempos. Dice: “Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado.” Me temo que demasiados pastores se han relajado, o se han dormido o son atalayas ciegos, ante los asuntos de actualidad.
3. Ex. 34:1-6: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas.”
4. Jer. 23:1-4 nos muestra claramente cómo deberían ser los pastores. Dice: “¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová. Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová.” Si los pastores han de guiar a las ovejas, entonces los pastores deben guiar al pueblo de Dios. No han de quedarse indiferentes, sin ofrecer dirección, ante el pueblo de Dios que se dispersa por los caminos mundanos de apatía e impiedad. Jer. 10:21: “Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron a Jehová; por tanto, no prosperaron, y todo su ganado se esparció.” Digo sinceramente a cada pastor que conozco, que es hora de establecerse como líder del pueblo de Dios, celoso y militante, o llegará el día en que los líderes de la maldad cerrarán las iglesias. La apatía en cuestiones de actualidad, incluyendo las leyes que se hacen, es peligrosa. Si apreciamos la piedad, y la libertad para practicarla, es hora de levantar el baluarte de la verdad contra todo lo que sea impío y tiránico.
C. El creyente que piensa que Dios sólo quiere el cumplimiento de unos ritos en la iglesia es ciego a lo que Dios espera de su pueblo.
1. Dios quiere piedad y valentía todos los días. Estemos donde estemos, en la iglesia, el trabajo, el mundo político, el hogar, tanto en público como en privado, Dios quiere que brillemos con piedad para que todos la vean. Cada principio de Dios que aprendemos en la iglesia o en el estudio privado de la Palabra debe manifestarse en la vida cotidiana.
2. Jer. 9:23-24: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
3. Creyentes, y especialmente pastores, somos la sal de la tierra. No permitamos que el Diablo nos neutralice. No dejemos que nos haga inútiles. Hemos de ser salados, sazonando la tierra con piedad, haciendo todo lo posible por impedir su deterioro. Debemos tomar una postura militante y valiente. Así nuestras vidas serán de gran valor en la causa de Cristo. Así podremos tener una influencia sobre los que están alrededor de nosotros. Además, honraremos y glorificaremos al Señor.
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