![]()
10250 North Freeway @ West Road
Houston, Texas 77037
Tel: (281) 447-8484
RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
Este material es propiedad literaria y se prohibe copiar o reproducir sin permiso expresado en escrito por el Dr. Lester Hutson
Para ordenar su copia de Razones de lo que Creemos,
vea la sección marcada Publicaciones
“LO AUTÉNTICO Y LO FALSO”
Hemos visto cómo Dios obra en los que se someten a Él, produciendo en ellos fruto para su gloria que cuenta a favor de ellos. Ahora consideraremos que no todo lo que se hace en nombre de Dios es buen fruto. Lo que parece al hombre auténtico puede ser en realidad falso.
I. LO AUTÉNTICO Y LO FALSO PUEDEN PARECER MUCHO.
A. Primero, veamos la conducta que le honra a Dios y lo que Él considera buen fruto.
1. El verdadero fruto del Espíritu, que vive en nosotros, es amor (Gá. 5:22).
a. Cabe destacar que en este pasaje el verbo “es” está en singular. Dice “el fruto es” y no “los frutos son”.
b. La idea es que el Espíritu de Dios produce amor en nosotros, cuyo resultado natural es gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y temperancia (1 Co. 13:6). Estos atributos se pueden consideran las características del amor o las cualidades del fruto espiritual. Es como un melocotón que puede tener la cualidad de ser dulce, tierno, jugoso y delicioso.
c. Así que, Ef. 5:9 dice: “porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad”. En otras palabras, el amor se ve en la bondad, la justicia y en la verdad, porque son el producto del amor.
2. El Espíritu produce amor, que a su vez resulta en buenas cualidades, entre ellas la justicia.
a. La justicia tiene diversas manifestaciones, llamada “frutos de justicia” (Fil. 1:11). Hemos de ser “llenos” de estos frutos, que son productos de Jesucristo.
b. Pablo escribió a los corintios: “Y el que da semilla [según el v. 8 se refiere a Dios] al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos en vuestra justicia” (2 Co. 9:10).
c. Santiago dijo: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Stg. 3:17-18).
3. Entonces, toda buena obra que Dios produce en nosotros por amor es fruto de justicia a nuestra cuenta.
a. He. 13:20-21: “Y el Dios de paz [...] os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad” (He. 13:20-21).
b. Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras” (Mt. 5:16). Las buenas obras son la que Dios produce en nosotros por amor.
c. Cuanto más se somete uno al Espíritu de Dios, más amor produce y más fruto de justicia abunda en él. Pablo dijo: “Porque el amor de Cristo nos constriñe” (2 Co. 5:14), lo cual simplemente quiere decir que el amor de Dios produce forzosamente buenas obras.
4. Solo Dios sabe cuántas buenas obras Él puede producir en el que está sometido.
a. Dios puede producir la obra de cantar alabanzas a su nombre, enseñar su Palabra, trabajar en la escuela dominical, trabajar con jóvenes, hacer trabajos en la propiedad de la iglesia, o dedicarse a los pobres y enfermos.
b. Dios puede usar al creyente como ganador de almas, en un comité de la iglesia, en la imprenta, para dar testimonio en casa o el trabajo, para predicar, para dar, etc.
c. Dios puede utilizar al creyente de innumerables maneras. Estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos, nuestra conducta puede alumbrar como testimonio de la gracia y el amor de Dios en nosotros.
B. No obstante, no todo lo parece ser buenas obras lo es en realidad.
1. Muchas obras de la carne pueden tener el aspecto de buenas obras.
a. Uno puede dirigir la música, cantar en el coro, cantar números especiales o en la congregación sin que sea obra de Dios.
b. Uno puede enseñar una clase bíblica, servir en un comité, hacer visitación, ofrendar, orar, llevar a personas a las reuniones de la iglesia, comportarse en el trabajo con una aparente piedad, etc. sin Dios.
2. Si la obra no es producto de Dios, entonces no es un buen fruto, sino que es falso.
a. Una imitación de una naranja puede tener el aspecto de una naranja, el olor de una naranja, incluso el mismo tacto, pero no es una naranja.
b. Un billete falso puede tener el mismo aspecto que el auténtico, y de hecho puede engañar a muchos, pero no es auténtico.
c. Asimismo, nuestra conducta puede tener el aspecto de fruto de justicia sin serlo. Es posible que el creyente dé una buena actuación con frutos de imitación o falsificación, cuando en realidad es estéril espiritualmente.
3. Hay que tener presente que la carne puede producir obras, pero es incapaz de producir buenas obras (Ro. 7:18).
a. Solamente Dios, mediante su Espíritu, puede producir el bien en nosotros (Jn. 15:4-5).
b. Es únicamente cuando el Espíritu produce amor en nosotros que Dios lo reconoce como bueno. Si la obra no es producto del amor, incitado por el Espíritu de Dios, entonces Dios no la reconoce como buen fruto. Según Él, es una obra falsa. Gá. 5:6: “porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión [lo que se hace en la carne], sino la fe que obra por el amor” [obras producidas por el Espíritu, que está en nosotros].
c. El creyente puede matarse con actividades religiosas que tienen aspecto de ser verdaderas, pero si no es el producto de Dios es en vano. Estas obras son como trapos de inmundicia (Is. 64:6), son “madera, heno, hojarasca” (1 Co. 3:12).
d. Esta verdad está bien expuesta en Lc. 10:38:42.
a. Marta estaba más ocupada que María, pero en vano. No era fruto que se pudiera acreditar a su cuenta.
b. María estaba con el Señor, y su fruto era duradero (v. 42).
II. HAY UNA MANERA MUY SUTIL PARA DETERMINAR SI LA OBRA QUE UNO REALIZA ES CARNAL Y FALSA O SI ES FRUTO QUE GLORIFICA A DIOS.
A. Las obra que Dios produce en uno, o sea, el verdadero fruto espiritual, tienen el propósito de glorificarle a Él.
1. Dios merece que le honremos, porque todo lo que somos y todo lo que llegaremos a ser depende de Él.
a. Judas dijo: “al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos” (Jud. 25).
b. Las huestes celestiales dicen: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder” (Ap. 4:11; también: 2 P. 3:18; Fil. 4:20).
2. Cuando Dios obra por medio de nosotros es indudablemente para su honra y su gloria.
a. Mt. 5:16 dice que es por obra de Dios que alumbramos y que es por Él que tenemos buenas obras, las cuales son para que los demás “glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
b. Pablo dijo: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:20).
c. Es cuando permanecemos en la vid, permitiendo que Dios produzca “mucho fruto” en nosotros, a lo que Jesús se refirió: “En esto es glorificado mi Padre” (Jn. 15:8).
d. No tiene más misterio. Cuando Dios obra en nosotros, nuestros esfuerzos serán para honrar y glorificarle a Él. Así Pablo escribió: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31). Col. 3:17 dice: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”
e. Dios desea buenas obras en nosotros, que le glorifiquen, y siempre las produce si Él nos controla. Cada creyente debe pertenecer a la iglesia, permitiendo que Dios le utilice en ella. Ef. 3:21: “a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”
f. Cualquier obra que sea producto de Dios será para honrarle a Él. Por eso Pablo dijo: “Mas el que se gloría, gloríese en el Señor” (2 Co. 10:17).
3. Como ya hemos visto, si uno está sometido a Dios, Él producirá una abundancia de obras que le glorificarán.
B. Se puede estar seguro que cualquier obra que glorifique al hombre no es de Dios.
1. Uno sabe si obra para honrarle a Dios o si obra por obligación o para agradar a uno mismo o a otros.
a. Muchas veces se hacen obras sin pensar en si glorifican o no a Dios. No se tiene en cuenta el propósito de las obras.
b. Es posible hacer obras con esmero (que es lo que Dios espera), y que no sean para Dios. Es posible esforzarse mucho simplemente para impresionar a los demás.
c. Es una lástima que en las iglesias y círculos cristianos exista exhibicionismo de talentos, que honra al hombre en lugar de glorificar al Señor Dios del cielo. Es simplemente una actuación vana.
2. La Palabra de Dios condena la exaltación de uno mismo; siempre insiste en que glorifiquemos a Dios.
a. Gá. 5:24-26: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos [la destrucción de la exaltación de uno mismo]. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu [permitir que obre el Espíritu, que vive en nosotros]. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros [Esta clase de gloria es carnal y vana. ¿Para qué vanagloriarse?].”
b. Dios no acepta lo que nos exalta a nosotros en lugar de exaltarle a Él. “A fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Co. 1:29-31).
C. Así que, si uno quiere averiguar si lo que hace es válido o no, hay que examinar si es para ensalzar al Señor o no.
1. Aun cuando una obra esté hecha en conformidad a las especificaciones bíblicas, si ensalza al hombre es una deshonra a la causa de Cristo. Jesús dijo: “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” (Lc. 14:11). Dios no acepta obras carnales y falsas.
2. Hagamos caso al consejo de Fil. 2:3: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.
3. En pocas palabras Jesús nos dio la clave de ser útiles y fructíferos. Lc. 9:23: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
4. El motivo de nuestras obras es de suma importancia.
D. Sin embargo, esto no es para incitar que juzguemos a otros.
1. Nadie más que Dios conoce el corazón.
a. Dijo en Jer. 17:10: “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón”.
b. 1 S. 16:7 dice: “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
2. Aunque la Biblia dice “Examinaos a vosotros mismos” (2 Co. 13:5; 1 Co. 11:28, 31), nos dice expresamente que “No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mt. 7:1). Ro. 14:13 dice: “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.”
3. Dios se encargará de juzgar los corazones y de tratar el problema de obrar con motivos equivocados. Ro. 2:2 dice: “Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.”
4. Aunque pensamos conocer los corazones de otros, no es así. Nuestros juicios normalmente son prejuzgados, pervertidos e inexactos. Cuando juzgamos, desaprobamos obras que verdaderamente glorifican a Dios y aprobamos otras que honran al hombre. Es fácil alabar lo falso y condenar lo auténtico. Hch. 10:15 dice: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.” No nos sentemos “en silla de escarnecedores” (Sal. 1:1). No debemos juzgar lo que nuestros hermanos hacen.
5. Al contrario, debemos obrar por amor, glorificando a nuestro gran Dios. Así permitimos que Él obre el hacer y el querer según su propia voluntad, produciendo fruto que abunde a favor nuestro. Cuando es así, la obra en nosotros no será falsa, sino auténtica y glorificará a Dios.
Lo que cree hace la diferencia