10250 North Freeway @ West Road
Houston, Texas 77037
Tel: (281) 447-8484

RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

Propiedad literaria - Dr Lester Hutson

Este material es propiedad literaria y se prohibe copiar o reproducir sin permiso expresado en escrito por el Dr. Lester Hutson

 

Para ordenar su copia de Razones de lo que Creemos,
vea la sección marcada Publicaciones

36

LA POSTURA EN LA ORACIÓN

Sal. 95:6

 

          Puede parecer de poca importancia el tema de este estudio, la postura en la oración, pero no es así.  La Biblia hace muchas referencias a la postura en la oración, la cual afecta la actitud de la persona que ora.  A diferencia de lo que muchos opinan, tiene importancia la postura física que uno adopta para orar.

          Cada vez que se ora hay que estar en la postura más humilde y sumisa posible.  Arrodillarse es la forma más propicia para la humildad y la sumisión.  Es cierto que se puede orar a Dios en cualquier postura:  de pie, sentado, acostado, corriendo, o cualquier otra.  No obstante, si se ora en otra postura que no sea de rodillas, debe ser la más humilde que permitan las circunstancias.  Está mal orar en una postura que no indique humildad.  Por ello, muchas oraciones de los creyentes no llegan al trono de la gracia.  En nuestros tiempos hay mucha oración ineficaz, y éste es uno de los motivos.  La misma postura en la oración común indica superficialidad, despreocupación y falta de fervor.  Pocas personas tienen la humildad y sumisión necesarias para llegar de veras al trono de gracia, y la postura es una indicación de ello.

          Cuando es posible, debe arrodillarse delante de Dios en oración.  La mayor parte de las oraciones, establecidas por Dios como ejemplos, se ofrecían de rodillas.  No hay nada mejor que los ejemplos constatados en la Biblia.  Por eso he escogido el texto de Sal. 95:6, que dice:  “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.” 

 

I.                    ORAR ES HABLAR CON EL SOBERANO DEL UNIVERSO.

A.            Parece que pocas veces somos conscientes de esta verdad impresionante cuando oramos.

1.             Hablamos con Dios de forma casual como si habláramos con un hombre corriente.

2.             De hecho, a veces ni le damos a Dios el respeto que daríamos a un buen amigo, sin mencionar a una persona famosa.  Como los fariseos de Mt. 6:7, hablamos a Dios con trivialidad y vanas repeticiones, sin pensar siquiera en lo que decimos, incluso pensando en otras cosas.  No nos atreveríamos a ser tan incoherentes y distraídos en las conversaciones con otros como con nuestras oraciones al Dios de los cielos.

B.            La majestad de nuestro Dios es inimaginable.

1.             ¿Cómo será la grandeza de Aquél que diseñó todo lo que hay en el universo?  Pensamos que Benjamín Franklin era importante porque descubrió la electricidad, pero ¡Dios hizo la electricidad!   Para nosotros, doctores como Harvey y Malpighi son destacados porque descubrieron ciertas cosas sobre la sangre, el corazón y el sistema de circulación, pero ¡Dios hizo la sangre y creó el corazón!  Pensamos que los astronautas son héroes porque viajan hasta la luna, cuando Dios hizo el sol, la tierra, los peces, los animales, las aves, y el cuerpo humano.  Dios diseñó e hizo todo el complejo sistema del hombre:  la vista, los nervios, los músculos...  Dios creó de la nada, tales cosas como:  átomos, moléculas, neutrones, protones, aminoácidos, y todos los elementos básicos de todo el universo.  Al orar, uno habla con Él.

2.             ¡Cuánto más grande es Dios que nosotros!  Los científicos dicen que si uno se encontrara en cualquier planeta del sistema solar, ni podría ver la tierra a simple vista.  La tierra no es más que un punto en el universo que Dios gobierna.  Al contemplar un globo terráqueo uno capta que ni merece un mero punto para denotar su presencia en la tierra.  Incluso ciudades grandes como Houston se representan con un simple punto.  Un individuo es solamente uno de entre más de cuatro mil millones de habitantes en la tierra, sin mencionar los animales, peces, aves, insectos, reptiles, y toda la vegetación.  Uno tiene que admitir, en vista de la grandeza del universo, y del Dios que lo gobierna, que no es demasiado significativo.  Antes de orar sería conveniente que pensáramos en quién es Dios y en quiénes somos nosotros.  Es un pensamiento humillador.

3.             “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Ap. 1:8).  Cada ser celestial se postra ante nuestro Dios en humilde adoración.  A Él, las huestes celestiales proclaman:  “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap. 5:12). 

4.             El profeta Isaías escribió:  “¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?  ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?  ¿A quién pidió consejo para ser avisado?  ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?  He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo” (Is. 40:12-15).  Dios, contrastando su majestad, grandeza y supremacía con nosotros, dijo:  “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.  Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8-9).

5.             Para describir la magnificencia de Dios, la Biblia emplea muchas expresiones superlativas.  “Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo” (Sal. 92:1).  “Porque he aquí tus enemigos, oh Jehová, porque he aquí, perecerán tus enemigos; serán esparcidos todos los que hacen maldad” (Sal. 92:9).  “Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.  Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo.  Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.  Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre.  Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones” (Sal. 100:1-5).  “Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán” (Sal. 102:26-27).  “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre.  Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:1-2).  “Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová.  No quitará el bien a los que andan en integridad” (Sal. 84:11).  “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.  Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.  Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable”(Sal. 145:1-3).  ¡Cuán majestuoso y supremo es el Señor Dios del cielo!

C.            Nuestro gran Dios quiere ser reconocido como el Señor, que realmente es.

1.             Digo “Señor, que realmente es”, porque es Señor con o sin nuestro reconocimiento.  No hace falta que reconozcamos la gravedad para que sea gravedad.  Con o sin nuestro reconocimiento, es gravedad.  Asimismo, nuestro Dios es absoluto y supremo.  Nuestro conocimiento y creencia no lo modifican.  Por eso Hch. 2:36 dice:  “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” 

2.             Puede que ahora no sea reconocido como el soberano que es, pero un día todo el mundo lo reconocerá como tal.  Fil. 2:9-11 dice:  “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”  Hoy hay muchas personas que no tienen suficiente respeto a Dios para postrarse ante Él.  Al orar no adoptan ninguna postura de humildad y sumisión.  Sin embargo, llegará el día en que todos se inclinarán en humildad total delante de Él.  La Palabra santa, verdadera e irrefutable de Dios, dice:  “Porque escrito está:  Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios” (Ro. 14:11).  Los creyentes tenemos gran facilidad para aplicar este pasaje a pecadores obstinados en la perdición.  Pero, también es aplicable a todos los creyentes.  Cada hijo de Dios que haya sido demasiado irrespetuoso y obstinado como para humillarse ante Dios en oración, cuando esté delante del Señor se humillará.

3.             Pero Dios no quiere que esperemos hasta el tribunal de Cristo para reconocer que Él es el Señor Todopoderoso y Soberano sobre todo.  Lc. 9:23:  “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”  Gá. 2:20 demuestra que Él quiere que estemos crucificados con Cristo, cediéndole así el control de nuestras vidas.  Ro. 12:1 dice que seamos un sacrificio vivo para Él.

 

II.                 ARRODILLARSE EN ORACIÓN ES SÍMBOLO DEL RECONOCIMIENTO DEL SEÑORÍO DE DIOS.

A.            Arrodillarse es símbolo de sumisión.

1.             Arrodillarse o postrarse ha sido reconocido como indicación de sumisión en casi todas las culturas de todos los tiempos.  Incluso algunos animales, como perros y lobos, inclinan sus cabezas como indicación de sumisión.

2.             Este hecho está bien documentado en las Escrituras.  Gn. 37 relata un sueño de José.  El manojo que José ataba en el campo estaba derecho, mientras los manojos de sus familiares se inclinaban al suyo.  Los hermanos y padres de José enseguida supieron cuál era la implicación:  sumisión.  Por eso Jacob dijo a su hijo José:  “¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?” (Gn. 37:10).  Después de unos cuantos años Jacob y los hermanos de José fueron a Egipto y, en efecto, se inclinaron ante José (Gn. 41:43; 43:26).  José había llegado a una posición de mucho poder en Egipto, y el hecho de arrodillarse ante él era el reconocimiento de supremacía sobre ellos y sumisión ante su autoridad.  Otro ejemplo del simbolismo de inclinarse se encuentra en Est. 3:2-5.  Se trata del relato del impío Amán y Mardoqueo el judío.  El v. 2 dice:  “Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba.”  El v. 5 muestra que Amán percibió en seguida que no arrodillarse era una indicación de falta de respeto e insumisión.  Dn. 3 también ilustra que arrodillarse es indicación de sumisión.  Nabucodonosor mandó que todo el pueblo se inclinara ante una imagen que él había hecho como indicación pública de sumisión a él.  Los tres hebreos rehusaron hacerlo y el rey interpretó que significaba insubordinación e insumisión, y por ello hizo que los echaran al horno con el fuego siete veces más caliente de lo normal.

3.             La comprensión del simbolismo de arrodillarse ayuda a entender por qué no debemos inclinarnos ante cualquier otro dios que no sea Jehová Dios del cielo.  Hacerlo indica sumisión a la voluntad del dios falso.  Indica su domino sobre el que se inclina.  Así que, Éx. 20:5 dice acerca de las imágenes de dioses falsos:  “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”.  Esta advertencia se repite varias veces (Dt. 5:9; Éx. 23:24; Lv. 26:1).  Dios advirtió a Israel en Jos. 23:7:  “ para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos.”  Sin embargo, a pesar de la advertencia de Dios, Jue. 2:12 dice en respecto a Israel:  “Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová.”  El resultado fue esclavitud y pobreza para el pueblo.

B.            Arrodillarse ante Dios en oración es una señal externa de sumisión a su señorío.

1.             Reconozco que el gesto de arrodillarse puede ser falso, realizado sólo para la alabanza y gloria de hombres.  Pero, Dios es quien determinará el motivo de cada cual.  También sé que ofrendar, cantar, predicar y tomar la cena del Señor puede hacerse por motivos incorrectos, pero no indica que haya un problema con estos actos de adoración.  Si hay problema, lo tiene el que efectúa el acto, no el acto en sí.  Asimismo, uno puede arrodillarse para vanagloriarse, pero no indica que sea malo arrodillarse para orar.  A pesar de algunos abusos, debemos seguir arrodillándonos en oración ante Dios.  Así hicieron Daniel, Esdras, Salomón, entre muchos otros; y a pesar de que algunos pudieran dudar de sus motivos en hacerlo.  Arrodillarse todavía es uno de los mejores testimonios de humildad y sumisión ante Dios que se puede hacer, aunque hay los que no lo entienden.

2.             No quiero dar lugar a una mala interpretación.  Arrodillarse no demuestra nada a Dios, porque Él ya conoce el corazón (Sal. 139:1-13).  Lo mejor que puede hacer arrodillarse es demostrar a uno mismo su sumisión a Dios.  Algunos todavía no se han convencido a sí mismos de estar sumisos a Dios, y menos pueden convencer a los demás de su sumisión.  Hasta que uno mismo esté convencido de ello, nunca podrá convencer a nadie más.  2 Co. 13:5 dice:  “probaos a vosotros mismos”.  Si uno ni es capaz de humillar su cuerpo cuando habla a Dios, demuestra que tampoco es capaz de humillar su espíritu ante Él en oración.

C.            Por esto hay un peligro en orar de pie.

1.             Estar derecho puede simbolizar orgullo e insubordinación.  Es cierto que no siempre es el caso, pero si que suscita dudas ver a alguien acercarse a su Hacedor de pie, cuando podría haberse humillado más arrodillándose.  Reconozco que hay factores como edad, enfermedad, falta de flexibilidad, e incluso circunstancias adversas que pueden impedir que se arrodille.  Cuando ése sea el caso, Dios honrará la oración.  Sin embargo, Dios no honrará ninguna oración efectuada con orgullo en el corazón, sea cual sea la postura.  Stg. 4:6 claramente dice:  “Dios resiste a los soberbios”.  Si la postura más humilde por las circunstancias es estar de pie, pues, bien; pero si no es así, tendría que dar lástima orar de pie.

2.             Cada vez que la Biblia especifica la postura de la persona que hace una oración aceptable a Dios, se trata de una persona arrodillada, con dos excepciones.  Lc. 18:13 dice que el publicano oraba “estando lejos” [y el griego especifica que estaba de pie].  Jesús dijo en Mr. 11:25:  “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”  [en este caso también el griego indica “cuando estéis de pie orando”].  Las Escrituras normalmente asocian orar de pie con los fariseos, a quienes Dios reprendió por sus oraciones (Lc. 18:11).  Mt. 6:5:  “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres...”

3.             Arrodillarse humilla.  A la mayoría nos cuesta humillarnos.  Arrodillarse constituye buena terapia para el orgullo, y hace que nos demos cuenta de la persona a quien nos dirigimos en oración.  Pone de relieve lo insignificante que uno es en comparación con Él.  Arrodillarse es un reconocimiento, a uno mismo y a los demás, de que Dios es quien tiene la supremacía y el señorío.  Testifica que uno es dominado por Dios, no por la propia voluntad.  Es un testimonio claro del señorío de Jesucristo.  Pablo dijo:  “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 3:14).  Por esto, la mejor postura para orar, sea en privado o en público, es arrodillado.

 

III.               LA MAYORÍA Y LOS MEJORES EJEMPLOS DE ORACIÓN ACEPTABLE A DIOS  SON ORACIONES HECHAS POR SANTOS ARRODILLADOS.

A.            Veamos sólo una parte de estos ejemplos.

1.             Esd. 9 relata cómo el sacerdote Esdras, en presencia del remanente de Israel que todavía temía a Dios, cayó sobre sus rodillas y oró públicamente al Jehová Dios del cielo.  Escribió en los v. 5-6:  “Y a la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción, y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, me postré de rodillas, y extendí mis manos a Jehová mi Dios, y dije:  Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo.”

2.             Incluso los párvulos saben acerca de la costumbre que tenía Daniel de arrodillarse en oración pública tres veces al día.  Dn. 6:10 dice:  “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” 

3.             Cuando Salomón y sus hombres terminaron de construir el esplendoroso templo, 2 Cr. 6:13 relata:  “Porque Salomón había hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, de cinco codos de ancho y de altura de tres codos, y lo había puesto en medio del atrio; y se puso sobre él, se arrodilló delante de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo”.  Los versículos siguientes relatan la oración de dedicación que Salomón hizo públicamente, arrodillado sobre la plataforma ante Dios.

4.             Cuando Pablo se marchaba de Éfeso, reunió a los santos y les exhortó con palabras de verdad, y “Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos” (Hch. 20:36).  De allí fue a Tiro en barco, e inmediatamente reunió a unos cristianos.  Entonces Hch. 21:5 dice: “Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos.”

5.             Hay muchos creyentes hoy en día que opinan que no es importante arrodillarse para orar.  Sin embargo, estos más destacados héroes de la Biblia pensaban que era importante.  Si creemos que debemos seguir los ejemplos establecidos en la Biblia, entonces no podemos ignorar éstos.

6.             La mejor ilustración de todas es la de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Si jamás ha habido uno de tal estatura que no necesitara humillarse en la oración, era sin dudas el Hijo de Dios.  Sin embargo, según Fil. 2:8 se humilló.  Incluso se humilló lo suficiente para ir a la cruz.  ¿Cómo oraría Jesús?  ¿Oraría de pie, o sentado en una silla, bajando la cabeza un poco?   La Biblia dice en Lc. 22:41:  “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró”.  Aquí tenemos la Biblia que nos especifica la postura en que Jesús oró:  se arrodilló.  Ése era el ejemplo perfecto de sumisión completa a la voluntad del Padre.

B.            No se trata de personas que fanfarroneaban, intentando impresionar.  Son ejemplos de personas totalmente entregadas a la voluntad de Dios, que no se avergonzaban de demostrar al mundo su postura.  De hecho, la postura en sus oraciones constituía un testimonio.  Cuando alguien simplemente se pone de pie para orar, u ora sentado en silencio, pocos se fijan.  Sin embargo, cuando un hombre o una mujer se arrodilla para orar es evidente lo que hace.  Además, es una postura, que predominantemente en el mundo, indica sumisión y subordinación.  Hubo un tiempo en que arrodillarse para orar era un símbolo importante del cristianismo.  Al igual que una cruz levantada es un símbolo de Jesús, una persona inclinada es un símbolo de sumisión y subordinación cristianas.  Pero ya no se ven a cristianos arrodillados en oración.  Siempre están de pie, o sentados, o silenciosamente cierran los ojos.  ¿Cuánto tiempo hace que no has visto a un creyente de rodillas ante Dios en oración?  Al alejarse los creyentes más y más de la sumisión a Dios y el reconocimiento de su grandeza y supremacía, han abandonado las rodillas para orar.  Así que, la misma postura para orar es una obvia señal de la insubordinación e insumisión del corazón del creyente común.  ¡Cuánto nos hace falta volver a ponernos de rodillas delante de Dios!  Necesitamos practicar la postura que prevalece en la Biblia.  Dejemos de decir que no es importante.  Mi oración para cada creyente que oye estas palabras es que incline su cabeza, que doble sus rodillas y que humille su corazón ante Dios en oración sincera y ferviente.  Ésta es la mejor postura para orar a Dios.

              

Lo que cree hace la diferencia