![]()
10250 North Freeway @ West Road
Houston, Texas 77037
Tel: (281) 447-8484
RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
Este material es propiedad literaria y se prohibe copiar o reproducir sin permiso expresado en escrito por el Dr. Lester Hutson
Para ordenar su copia de Razones de lo que Creemos,
vea la sección marcada Publicaciones
Normalmente, lo que está roto no sirve hasta que se repara. A menudo tiramos lo que está roto. ¿Qué utilidad tiene un vaso roto? Una cámara fotográfica, un ascensor o una máquina de taladrar no sirven si están rotos. ¡Cuánta molestia causa un brazo fracturado!
Sin embargo, en la economía espiritual de Dios, es al revés. Lo que más le importa es la vida de las personas; pero, si ésta no se quebranta, no le sirve de mucho. Pocas verdades tienen más implicaciones prácticas para el pueblo de Dios y para las iglesias. Nuestra utilidad para Dios, para nosotros mismos y para los demás depende de si permitimos que Dios nos quebrante o no.
I. LAS INCLINACIONES NATURALES DEL HOMBRE SON TOSCAS, INDISCIPLINADAS E INÚTILES PARA DIOS.
A. Muchos que han buscado sus propios caminos (siendo los humanistas los más destacados) niegan que la naturaleza humana sea pecaminosa, depravada y corrupta.
1. Afirman que el hombre es el resultado de su enseñanza. Aseveran que no sería engañoso, cruel, codicioso y repulsivo de muchas maneras si no lo hubiera visto en otros.
2. Es una forma indirecta de decir que el hombre no necesita ser quebrantado, sino que sólo necesita ser pulido. Piensan que es innatamente bueno y, por ello, no necesita redención o conversión. Propagan la reforma individual y social como medio de mejoramiento. La mayoría de estas personas también niegan la existencia del cielo, del infierno y del Dios Creador.
3. Ro. 1:21-25 hace referencia a pensadores de este tipo, diciendo: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.”
4. Sin embargo, hay algunos que no han aceptado por completo el pensamiento humanista, pero no ven que el fallo de la naturaleza y conducta del hombre sea demasiado serio. Tienen una cierta pasividad y tolerancia del pecado. Nos sorprendería saber hasta qué punto prevalece este concepto entre miembros de la iglesia.
B. Sin embargo, la naturaleza humana, según la Biblia y también por observación, es corrupta y depravada. (Una afirmación se puede llamar científica si es la constatación de lo observado, de forma sistemática y sin excepción, en la naturaleza.)
1. En cuanto a las verdaderas inclinaciones de la naturaleza humana, Sal. 14:1-3 dice: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”
2. Ro. 3:9-19 representa la naturaleza humana así: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios”.
3. El profeta Jeremías lo constató de esta forma: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9).
4. Si el hombre hace lo que le es natural, sin imponerse el pensamiento de Dios, el resultado será corrupción. Dios lo dijo así: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas” (Gá. 5:19-21).
5. Además, tales actitudes y conductas no tienen que ser aprendidas. La verdad y la luz no están escondidas en el corazón humano, esperando salir. Al contrario, el corazón humano contiene pecado y tinieblas. No hace falta poner el mal en el hombre, porque ya está ahí, deseando manifestarse en la conversación y conducta. Jeremías dio en el clavo, afirmando: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer. 10:23). Salomón dijo: “La necedad está ligada en el corazón del muchacho” (Pr. 22:15), demostrando así que la naturaleza humana es corrupta en sí misma, no sólo por contaminación externa. Añadió: “Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Pr. 29:15). Es así porque en sí mismo no tiene nada de valor y honra.
C. E incluso el creyente todavía tiene un cuerpo natural con inclinaciones naturales.
1. Es verdad que “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17). Debemos permitir que el nuevo hombre domine nuestra conversación y conducta. Ef. 4:22-24 exhorta: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”
2. Pero, aunque el creyente es un nuevo hombre espiritual, debiendo permitir que éste domine, todavía tiene al viejo hombre que intenta prevalecer. Por eso Pablo escribió: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro” (2 Co. 4:7).
3. Por lo tanto, es fácil ver por qué el creyente sigue teniendo problemas con la carne. El nuevo hombre espiritual intenta controlar la vida, pero el viejo hombre está procurando lo mismo, lo cual resulta en conflicto. Pablo lo explicó de esta manera: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Ro. 7:18-23).
4. Es decir, el creyente puede mentir, odiar, engañar, cometer adulterio, rebelarse y hacer cualquier mal que pueden hacer los incrédulos. Si la voluntad elige bien, por la gracia de Dios, entonces el bien prevalece.
II. LA ACTITUD OBSTINADA Y REBELDE, CON SUS MANIFESTACIONES EN LA CONVERSACIÓN Y CONDUCTA, NO GLORIFICA A DIOS. POR ELLO, ÉL DESEA QUEBRANTAR LA VOLUNTAD OBSTINADA Y ERRADICAR EL MAL QUE PRODUCE.
A. La voluntad obstinada y rebelde se caracteriza por orgullo, avaricia, codicia, egoísmo, arrogancia, engaño, injusticia y rechazo de los principios divinos.
1. Habacuc dijo a Dios: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab. 1:13). Para un Dios así, las características mencionadas arriba son inaceptables.
2. Estas cosas nos reducen a los creyentes a ser “utensilios [...] para usos viles” (2 Ti. 2:20). Stg. 4:6 dice que “Dios resiste a los soberbios”. “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación” (1 S. 15:23).
B. Dios desea quebrantar la voluntad orgullosa y obstinada.
1. El rey David estableció el pensamiento divino sobre este tema en Sal. 51:17: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” En el v. 8 se ve que Dios ya le había quebrantado a David. Escuchemos al mismo hombre de Dios explicar cómo Dios quiere quebrantar la voluntad obstinada y sus inclinaciones naturales en los hombres. Sal. 34:18: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.”
2. Jesús, durante su ministerio terrenal, ejemplificó el espíritu de sumisión que desea para todos los hombres. En cuanto a su sumisión al Padre, dijo: “porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). En Jn. 5:30 dijo: “no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.” Incluso al ir a la cruenta cruz, dijo: “no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22:42). La necesidad de tener voluntades quebrantadas y sometidas a la voluntad de Dios es irrefutable. Las Escrituras dicen: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:5-8). Lo que Dios desea de nosotros es sumisión, obediencia y servicio; o sea, lo opuesto a las inclinaciones del hombre natural: rebelión, desobediencia y egoísmo.
3. Sal. 138:6: “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.” Debemos recibir el consejo de 1 P. 5:5-6: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. Es obvio que a Dios le agradan especialmente las voluntades e inclinaciones naturales quebrantadas. Sólo personas “quebrantadas” pueden servirle con eficacia. Quiere que su hijo “tome su cruz cada día” (Lc. 9:23). La cruz diaria es la mortificación diaria de la voluntad propia.
Cualquiera que entiende de caballos sabe que el potro indómito no sirve como caballo de montar. Puede ser un pura sangre árabe, o de otra raza, pero no sirve hasta que uno lo dome, doblegando su voluntad. Es inútil para el jinete mientras corcovea e intenta derribar al jinete, haciendo caso omiso a las instrucciones de éste. Así es en el caso de los hijos de Dios. Mientras prevalece la voluntad propia, nos resistimos a su voluntad. Las viejas características corruptas, degeneradas y depravadas seguirán saliendo sin parar. Cuanto más quebrantados los hijos de Dios, más útiles son para Él.Lo que cree hace la diferencia