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RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
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Practicar el principio de Filemón debe ser una marca de identificación de todo creyente. Es un principio de perdón, misericordia y gracia. En términos generales quiere decir: “Responder con perdón, misericordia y gracia cuando alguien nos ha hecho mal y tenemos el derecho y la capacidad para tomar represalias con severidad y justicia.” Lo llamo el principio de Filemón, porque este libro inspirado por Dios lo ilustra de una manera preciosa, aunque no es una enseñanza exclusiva de Filemón.
I. ES INEVITABLE RECIBIR MAL.
A. Ocurre de muchas maneras y proviene de diversas fuentes.
1. La familia es una fuente principal del mal que uno recibe. A veces, los padres hacen mal a sus hijos al castigarles sin que tengan culpa, al hacerlo con severidad, al no proveerles de sus necesidades (incluyendo las espirituales), al tratarles de manera cruel o injusta. Mucho daño se hace en la pareja mediante crueldad, mentiras, engaño, abuso físico, etc. Hijos hacen mal a sus padres cuando les critican injustamente, cuando son egoístas o ingratos, y de muchas otras maneras.
2. Empleados hacen mal a sus jefes y empresas mediante insubordinación, deslealtad, robo y falta de rendimiento. Criminales hacen mal a muchas personas con sus crímenes. Amigos se hacen mal mediante mentiras y otros abusos de la relación. Sería interminable intentar enumerar las maneras en que personas reciben mal en los negocios, préstamos, escándalo público, chismes y muchas otras prácticas poco éticas.
B. La Biblia advierte que no se pueden evitar todos los males.
1. Jesús dijo: “¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos” (Mt. 18:7).
2. Jesús habló de nuestra persecución y vituperio, y de que la gente diría “toda clase de mal contra vosotros, mintiendo” (Mt. 5:10-11).
3. El profeta Jeremías advirtió: “¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo!” (Jer. 22:13). Vasti, mediante insubordinación, hizo mal a su marido y al pueblo. Las personas se hacían daño en los días de Moisés (Hch. 7:24-26). David habló de personas que le odiaban sin motivo (Sal. 38:19).
4. El hombre es falible con una naturaleza esencialmente mala. Jeremías lo dijo de esta manera: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9). Por lo tanto, es de esperar que otros nos hagan daño de vez en cuando con sus engaños y perjuicios de diversa índole.
C. Filemón lo ilustra muy vívidamente.
1. Filemón era extremadamente bueno. El v. 5 dice que tenía una reputación de “amor y de fe [...] hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos”. Había demostrado su fe de forma práctica (“participación de tu fe”), y su amor y testimonio habían confortado “los corazones de los santos” (v. 7). El nombre “Filemón” quiere decir “afectuoso”, y es representado en todo el libro como un maravilloso cristiano.
2. Filemón tenía un esclavo llamado Onésimo (v. 10-11, 16), quien había resultado “inútil” (v. 11). Filemón vivía en Colosas, Frigia (Col. 4:7-9), y Onésimo se había fugado a Roma, donde Pablo estaba encarcelado. Muchos eruditos opinan que Onésimo le había robado a Filemón antes de marcharse (v. 18-19). Al menos en algo le había defraudado.
3. Así podemos identificarnos con Filemón.
II. COMO FILEMÓN, HAY VECES EN QUE TENDRÍAMOS DERECHO A RESPONDER CON SEVERIDAD POR EL MAL QUE NOS HAN HECHO.
A. Según la ley frigia, Filemón tenía el derecho de tratar a Onésimo con crueldad cuando volviera.
1. La ley consideraba a los esclavos como propiedad. Los propietarios de esclavos podían tratarlos como quisieran, porque bajo la ley los esclavos no tenían protección como otras personas.
2. Según Albert Barnes, en su libro sobre el Nuevo Testamento, los frigios eran muy severos. Además, Filemón podría castigarlo sin recurrir al magistrado.
3. Es obvio que Filemón tenía libertad para hacer más o menos lo que quisiera con Onésimo. Consideremos los hechos: Onésimo le había hecho mal a Filemón, se había escapado (siempre una ofensa grave para los propietarios de esclavos), y la ley permitía severidad. Por estos motivos Filemón tenía derecho de ser inclemente con Onésimo. Le podría azotar, echar al calabozo, abusar verbalmente, vender a otro, dejar sin comer, darle un escarmiento público, o, según algunos, podría matarlo (no puedo corroborar este último castigo).
B. Es probable que cada uno de nosotros se haya encontrado en una situación semejante.
1. Los niños pequeños defienden lo que piensan ser sus derechos. Justifican el hecho de pegar a otro con: “Me pegó primero” o “Me ha llamado...” Existe una actitud casi universal: “Si me han hecho mal, tengo el derecho de tomar represalias.” Es el concepto de “ojo por ojo, diente por diente”. Lv. 24:20 dice: “rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él.” Es común desde la niñez hasta la vejez. El adulto, con resentimiento y amargura por ofensas, es como un niño. Rápidamente se defiende con “¿No has visto lo que me ha hecho a mí?” La idea es que la persona ofendida tiene derecho de actuar con dureza.
2. ¿Qué padre o madre hay entre nosotros que no haya sido ofendido por su hijo y que no haya tenido derecho de tratarle con severidad? Si los jefes y empresarios actuaran por sus derechos, seguramente podrían tratar a sus empleados muy estrictamente. La mayoría de los cónyuges también han tenido ocasión para lo mismo. ¿Quién no ha sabido algo muy horrible de otro que con toda honestidad podría haberlo dicho, arruinando a la persona? Hay situaciones en la iglesia que conceden el derecho de decir todo lo que uno piensa. A veces en los negocios, si denunciáramos con severidad el trato recibido, podríamos beneficiarnos económicamente. Y hay muchas otras ocasiones en que uno tiene derecho a tomar fuertes represalias.
III. SIN EMBARGO, EL PRINCIPIO DE FILEMÓN DICE QUE SEAMOS PERDONADORES Y MISERICORDIOSOS.
A. El principio de perdón y gracia se enseña de modo clarísimo en Filemón.
1. Como ya hemos visto, Onésimo era esclavo de Filemón. Le había hecho mal, posiblemente robándole antes de fugarse. Flm. 18 dice: “Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta.” El “si” es una condición de primera clase. Significa que es indudable que le “dañó”. Además “dañó” es del griego “edikese”, que está en el primer aoristo activo del indicativo; indica “hacer daño injustamente”. Por lo tanto, Filemón podía legalmente castigar con dureza a Onésimo.
2. Pero, por la providencia de Dios, Onésimo se encontró en Roma con Pablo y se convirtió a Cristo. Pablo le dijo a Filemón: “te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones” (v. 10). Por el testimonio de Pablo, Onésimo llegó a ser su hijo espiritual.
3. ¡Qué cambio se produjo en Onésimo! El v. 11 dice que mientras Filemón tenía a Onésimo, esté era inútil, pero después de convertirse Pablo dice que “ahora a ti y a mí nos es útil” (v. 11). Dios puede cambiar a las peores personas. Antes Onésimo era inútil; ahora útil. De hecho, “Onésimo” significa “útil”. Pablo señaló que ahora Onésimo sería útil “para siempre” (v. 15). No sólo ahora como siervo, sino para toda la eternidad como hermano. Si Dios le cambió a Onésimo, también hay esperanza para nosotros. ¡Qué testimonio del valor de ganar almas!
4. Como creyente renacido, Onésimo podría ser de mucha utilidad para Pablo. Pablo dijo: “Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio” (v. 13). Pero, como revela el versículo siguiente, Pablo no lo retendría sin el permiso de Filemón.
5. Pablo envió a Onésimo a la casa de Filemón. Este hecho evidencia que Onésimo estaba dispuesto a ir. Además, Pablo confiaba en que Filemón haría lo correcto (v. 12).
6. Pablo envió una carta a Filemón por Onésimo. Es la epístola que llamamos “Filemón”. Además, parece que en el mismo viaje Onésimo llevó las cartas a los efesios (Ef. 6:21) y a los colosenses (Col. 4:7-9). Filemón es un libro pequeño, escrito a un individuo sobre un asunto personal. Sin embargo, como todos los libros de la Biblia, lleva la marca de identificación de ser Palabra de Dios y como tal penetra hasta nuestros corazones. El v. 19 muestra que Pablo, bajo inspiración divina, escribió este libro con su propia mano. El hecho de que un prisionero romano, que esperaba su ejecución injusta, escribiera el libro, seguramente impresionó profundamente a Filemón.
7. En esta carta a Filemón, Pablo rogó que éste tuviera misericordia de Onésimo. A pesar del derecho que Pablo tenía para mandarle a Filemón (v. 8), le rogó (v. 9). Intentó que Filemón tratara a Onésimo como hermano. El v. 16: “no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado”. Onésimo había llegado a ser un verdadero hermano en Cristo de Filemón.
8. También Pablo pidió que Filemón le cobrara a él lo que pudiera deber Onésimo. Prometió, por escrito, devolvérselo (v. 18-19). Según la costumbre de entonces, esto constituía un documento de garantía de pago. ¡Qué representación de Cristo, quien pagó nuestra deuda!
9. Entonces, Pablo le recordó a Filemón: “por no decirte que aun tú mismo te me debes también” (v. 19). Pablo también le había ganado para el Señor a Filemón. Ahora, en otro momento y en otro lugar, había ganado al esclavo de Filemón para el Señor. Por lo tanto, Pablo le dice que debe demostrar perdón y gracia a Onésimo del mismo modo que los había recibido. ¡Qué principio divino más precioso!
B. Pablo, indirectamente, llama a todos los hijos de Dios a vivir conforme a este principio.
1. Debemos ofrecer una cierta paciencia y misericordia a todos los hombres, pero no debe haber ningún límite para la persona que se arrepiente.
a. En una ocasión Pedro preguntó a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” A lo que Jesús respondió: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mt. 18:21-22).
b. “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros “(Col. 3:12-13).
c. “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Ef. 4:1-2). “Soportándoos” indica una acción continua, tanto en griego como en castellano.
2. Los creyentes (santos) somos hijos de Dios. No debemos sentirnos impulsados a hacer justicia ante cualquier daño o injusticia que nos hagan. Dios se encargará del mal y de los malhechores. Él hará justicia, y mucho mejor que nosotros. Dice Ro. 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios: porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.” Es una cita de Dt. 32:35.
a. Alguien dirá: “Pero la ley dice, ojo por ojo y diente por diente”. A lo cual hay que responder igualmente con la ley que dice: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová” (Lv. 19:18). No hay contradicción. La ley no tenía el propósito de justificar (Gá. 2:16), sino que era “nuestro ayo, para llevarnos a Cristo” (Gá. 3:24). Y Cristo desea que haya perdón y misericordia. En Mt. 5:38-42 Jesús dice: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.”
b. No se trata de una doctrina extraña. El mismo espíritu de Cristo consiste en perdón y misericordia. Pablo, hablando del tema, preguntó: “Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?” (1 Co. 6:7).
3. La falta de los hijos de Dios de practicar el principio de Filemón perjudica la causa de Cristo. Muchos son inflexibles, severos e inclementes. Defienden sus derechos con una actitud vengativa, sea cual sea la consecuencia.
a. Jesús dijo: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mt. 7:12). Queremos que otros tengan paciencia con nosotros, que sean comprensivos con nuestras debilidades, que toleren nuestras equivocaciones y que perdonen nuestras faltas. Jesús dice que practiquemos la misma conducta que esperamos recibir.
b. Pedro dijo: “Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente” (1 P. 2:19).
4. El principio de Filemón es una verdad fundamental de la Palabra de Dios: hay que ofrecer perdón y misericordia.
a. Uno de los ejemplos más conmovedores es Lc. 15:11-24. El hijo pródigo hizo mal a su padre, pero cuando se arrepintió, encontró perdón y misericordia en abundancia.
b. A lo largo de la Biblia, Dios ruega que su pueblo sea perdonador y misericordioso. En este estudio sólo hay unas pocas de las muchas citas que muestran este principio. El que estudia sinceramente las Escrituras podrá encontrar el principio de Filemón expuesto tanto en palabra como en hechos en muchos pasajes.
c. Hay una manifiesta necesidad de que los hijos de Dios practiquen este principio.
C. Es el principio que emplea Dios en su trato con nosotros.
1. Todos hemos pecado contra Dios (Ro. 3:23). Le hemos ofendido, perjudicándole.
2. Pero, al igual que Pablo se encontró con Onésimo y éste fue cambiado por el evangelio, Jesús nos ha cambiado a nosotros (2 Co. 5:17).
3. También, al igual que Onésimo fue restituido a su amo, nosotros lo hemos sido para con Dios, mediante la justificación (Ro. 5:1).
4. Y esto es posible sólo por causa de su perdón y misericordia hacia nosotros.
5. Por eso David exclamó: “No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Sal. 103:10-12).
Por ello Dios ahora nos exhorta: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Col. 3:12-13). Merece destacar cómo acaba: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”Lo que cree hace la diferencia