![]()
10250 North Freeway @ West Road
Houston, Texas 77037
Tel: (281) 447-8484
RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
Este material es propiedad literaria y se prohibe copiar o reproducir sin permiso expresado en escrito por el Dr. Lester Hutson
Para ordenar su copia de Razones de lo que Creemos,
vea la sección marcada Publicaciones
Todos los hijos de Dios saben que deben adorarle a Él. Las Escrituras declaran: “E inclínate a él, porque él es tu señor” (Sal. 45:11); “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor” (Sal. 95:6). Además, los que somos salvos sabemos que debemos congregarnos (He. 10:25) para adorar.
Me temo que, a pesar de saber que debemos adorar, no sepamos cuáles deben ser los resultados de la adoración. Si éstos no se producen, entonces no se ha ofrecido adoración aceptable a Dios. Si alguien piensa que puede ir a la casa de Dios y realizar unos actos de adoración, sin que todo ello tenga un efecto posterior, entonces no entiende bien qué es la adoración.
Este estudio tratará el tema de la adoración y la persona que la ofrece. Enfatizará especialmente los resultados de la adoración en el individuo, bendiciones para el adorador y honra para Dios. Adorar sin resultados es una deshonra a Dios. Nuestro texto, Is. 1:11-20, es un pasaje clásico que establece esta verdad. Dios dice: “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.”
I. PRIMERO, HAY QUE SABER QUÉ ES LA ADORACIÓN.
A. Hay cinco actos formales de adoración a Dios.
1. Son: cantar, orar, predicar, ofrendar y tomar la cena del Señor.
a. Ef. 5:19 y Col. 3:16 nos exhortan a cantar alabanzas al Señor. La música es un desahogo para el alma. Buenas canciones bíblicas comunican muchas verdades a los participantes.
b. Nuestro Señor nos enseñó a orar en Mt. 6:7-15. 1 Ts. 5:17 nos manda: “Orad sin cesar.” La oración nos humilla delante de Dios y ayuda a encontrar su voluntad para nuestras vidas. Además, la oración exhorta, edifica, fortalece e instruye a los que la oyen.
c. El Señor nos enseñó a dar con generosidad en Lc. 6:38. Lo mismo se enfatiza en 2 Co. 9:6-7 y 1 Co. 16:2. El dar vence la codicia y la tacañería. Conquista la avaricia y el egoísmo. Concede que controlemos el dinero, en lugar de que él nos controle a nosotros.
d. Jesús iba predicando. 1 Co. 1:21 dice: “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.” 2 Ti. 3:15-4:5 enumera varios de los beneficios de la predicación. La predicación es la comunicación de las verdades de la Palabra de Dios de manera poderosamente persuasiva. Nos da instrucción, corrección, amonestación y exhortación.
e. En Mt. 26:26-29 Jesús instituyó la cena del Señor y dijo que la guardáramos hasta que Él volviera. 1 Co. 11:23-26 especifica que la cena del Señor simboliza la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Da testimonio de su sangre derramada, su cuerpo quebrantado y su retorno anunciado.
2. Cada uno de estos actos de adoración es para el bien del que adora. Señalan nuestras faltas, e indican su remedio. Enseñan a tratar correctamente al prójimo, a vivir en santidad ante Dios y a cuidar del mismo cuerpo humano. Inspiran y capacitan para vencer a los enemigos mortales.
3. Sin embargo, para que la adoración logre su fin deseado, hay que ofrecerla en espíritu y en verdad (Jn. 4:23-24). Si la adoración no se realiza con un espíritu de amor y según las instrucciones de la Palabra de Dios, entonces resulta totalmente vana. En este caso no cumple su propósito.
B. Nuestra adoración a Dios con canciones, oraciones, ofrendas, predicaciones, la cena del Señor, es comparable con la adoración a Dios en el Antiguo Testamento mediante holocaustos y sacrificios.
1. Los primeros tres capítulos de Levítico explican varios de los sacrificios detallados que se habían de ofrecer en adoración ante el Señor.
2. Referente a los sacerdotes, Moisés dijo al pueblo israelí: “Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel; pondrán el incienso delante de ti, y el holocausto sobre tu altar” (Dt. 33:10).
3. El rey David dijo: “Holocaustos de animales engordados te ofreceré, con sahumerio de carneros; te ofreceré en sacrifico bueyes y machos cabríos” (Sal. 66:15).
4. Sería difícil leer el Antiguo Testamento sin notar el complicado sistema de sacrificios y ofrendas, que se empleaban en la adoración a Dios.
II. DE LA MISMA MANERA QUE LOS ACTOS DE ADORACIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO INDICABAN UNAS VERDADES IMPORTANTES QUE AFECTABAN LAS VIDAS, NUESTRA ADORACIÓN A DIOS TAMBIÉN SEÑALA VERDADES QUE MEJORAN NUESTRAS VIDAS.
A. La adoración no es un fin en sí misma; es un medio hacia un fin.
1. Su propósito no es producir buenos sentimientos o inspiración emocional. Puede y debe hacer esto, pero debe lograr mucho más. La adoración no cumple su objetivo mientras no logre que se vea más allá de los mecanismos a las verdades que éstos envuelven.
a. El hecho de diezmar y ofrendar no es un fin en sí mismo. Si uno no ve más allá del dinero, percatando las verdades de la generosidad, las misiones, el altruismo y la prosperidad de la obra del Señor, entonces no ve las lecciones esenciales del acto.
b. Si la predicación no provoca la introspección de uno mismo ante Dios, entonces el oidor no ha captado el mensaje.
c. Me entristece que para muchos la adoración sólo signifique acudir al local de reunión de la iglesia dos o tres veces por semana para recibir un par de horas de estímulo emocional. Tienen cuidado en hacer esto con constancia. Realizan los actos de adoración con precisión, pero sin cambios en sus vidas. Continúan con la misma actitud, la misma conducta, la misma clase de vida, como si no hubieran adorado a Dios. Para ellos la adoración es meramente un estímulo emocional y una obligación religiosa, sin tener cualquier efecto práctico para la vida. Piensan equivocadamente que la adoración es un fin en sí misma. No se imaginan que es un medio a otro fin.
2. Hay cuatro cosas distintas que siempre deberían resultar de la adoración. Se ilustran muy bien en Is. 6:1-9.
a. Primero, la adoración debe producir que nos fijemos en el Señor.
(1) En una escena que tipifica la adoración en la iglesia, el profeta Isaías dijo: “vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime” (v. 1). Los primeros cuatros versículos describen la visión de Isaías del Señor.
(2) El Señor debe tener nuestra atención en cada acto de adoración. Debe señalar su cuerpo quebrantado y su sangre derramada. Debe indicar su majestad y gloria. Debe mostrar su preocupación por nosotros y su capacidad para cuidarnos. Debe enseñar lo que ha hecho, lo que hace y lo que hará por nosotros. Al adorar no debemos fijarnos en el predicador, los cantantes o los demás que dirigen; debemos ver al Señor.
b. También, la adoración debe provocar que nos fijemos en nosotros mismos.
(1) Is. 6:5 indica que después de ver al Señor, Isaías se vio a sí mismo. Se reconoció débil, indigno y necesitado del Señor.
(2) Cada acto de adoración señala nuestra necesidad del Señor y nuestra debilidad aparte de Él. Demuestra nuestra necesidad de aplicar su Palabra a nuestras vidas y escuchar su consejo.
c. Además, la adoración debe provocar que nos fijemos en otros con sus necesidades.
(1) Is. 6:5: “habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos”. Después de ver al Señor y verse a sí mismo, empezó a comprender que los de su alrededor también necesitaban al Señor.
(2) Los actos de adoración provocan una preocupación por las necesidades de los demás. Si adoramos correctamente mediante las oraciones, canciones, ofrendas, cena del Señor y predicación, entonces veremos al mundo perdido y a los creyentes que necesitan restaurar su comunión con el Señor. La adoración tiene por propósito que veamos a otros.
d. El cuarto resultado de la adoración debe ser una vida cambiada.
(1) Is. 6:6-8 muestra la manera en que mejoró la vida de Isaías por su encuentro con el Señor.
(2) La adoración debe mejorar la vida para el hijo de Dios. Es un medio a este fin. Debe cambiar nuestra actitud y la dirección de nuestra vida. Debe provocar sinceridad e integridad delante de Dios. Debe hacer que crezcamos. El propósito de la adoración no es estimular psicológicamente durante tres o cuatro horas cada semana dentro del local de reunión de una iglesia. Tendría que resultar en un cambio permanente. Debe hacer que hablemos mejor, que controlemos nuestro genio, que seamos más generosos, que tratemos mejor a nuestra familia, que seamos mejores empleados o jefes, que seamos mejores ciudadanos, que sirvamos mejor a nuestra iglesia, que seamos más humildes, que seamos más valientes, entre muchas otras cosas. En resumen, debemos practicar lo que hemos visto y hemos aprendido en la adoración a Dios.
B. Si esto ocurre, el que adora será bendecido, otros serán ayudados y Dios será glorificado.
1. Jesús dijo en referencia a las bendiciones personales: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Jn. 13:17).
2. En cuanto a la ayuda a los que nos rodean, el rey David indicó que recibían ayuda cuando su propio corazón estaba bien con Dios. “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (Sal. 51:13).
3. Al comprender y aplicar la verdad, podemos experimentar lo que enseña Pedro en 1 P. 2:5: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” O sea, Dios es glorificado cuando sus hijos andan correctamente, motivados por amor.
III. SI LOS RESULTADOS DE LA ADORACIÓN NO SON ÉSTOS, EL INDIVIDUO HA FRACASADO EN SU ADORACIÓN A DIOS.
A. El mero hecho de asistir a la iglesia no significa que uno adore a Dios.
1. Es cierto, aunque no nos demos cuenta de ello, que al realizar actos de adoración no siempre adoramos. Todos los de alrededor pueden estar adorando de verdad, y yo no.
2. Uno puede ofrendar, cantar, orar, participar en la cena del Señor, incluso predicar o escuchar una predicación, sin adorar a Dios de veras. A veces los actos son falsos, o sea, actuaciones. Ésta es exactamente la situación que Dios describe en Ez. 33:31-32: “Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra.”
3. Seguramente hay miles de personas que sólo realizan los actos sin adorar. Tendrán orgullo en realizarlos a la perfección, sin darse cuenta de que la adoración es otra cosa.
B. Uno adora verdaderamente sólo cuando ofrece alabanza en espíritu y en verdad, lo cual produce cambios en la vida.
1. Primero, esto indica que se debe participar en una iglesia donde se ofrece adoración correcta.
a. Jn. 4:23-24 enseña que la adoración verdadera se ha de hacer en espíritu y en verdad.
b. Si uno participa en la iglesia sin adorar, entonces no puede esperar cambios en su vida. Para que los resultados sean correctos, no sólo hace falta que la adoración en la iglesia se efectúe con el espíritu de amor; además hay que hacerla de la forma indicada en la Palabra de Dios.
2. Segundo, es muy importante responder de forma apropiada a la verdadera adoración, permitiendo que produzca resultados individuales.
a. Reitero que si uno asiste a la reunión de iglesia sin experimentar cambios en su vida, ha fracasado en la adoración.
b. Puedo afirmar sobre la autoridad de la Palabra de Dios que cuando la adoración no produce resultados, Dios no es glorificado en lo más mínimo. Dios tiene más interés en la respuesta a la adoración que en su mecanismo o forma. Am. 5:21-27: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo. ¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta años, oh casa de Israel? Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis. Os haré, pues, transportar más allá de Damasco, ha dicho Jehová, cuyo nombre es Dios de los ejércitos.” Salta a la vista que las canciones, las oraciones y otras formas de adoración no agradan a Dios y no le honran si el que las realiza no capta el mensaje de juicio, justicia y equidad para su propia vida.
c. No es motivo de orgullo simplemente asistir fielmente a la iglesia, dar dinero y participar en diversos actos de adoración. Dios tiene mucho más interés en gracia y verdad en la vida del individuo que en la forma externa de adoración. A pesar de realizar los actos de adoración con puntualidad y regularidad, y a pesar de los muchos conocimientos que uno tenga; si uno no capta el mensaje de la adoración, permitiendo que ésta cambie su vida, dichos actos constituyen un fraude y una abominación a Dios. El profeta Samuel dijo en una ocasión: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 S. 15:22). Dios desea más la generosidad y la victoria sobre la avaricia y la codicia que el dinero que uno pueda darle. No le preocupa tanto cómo cantamos que el resultado deseado de cantar, es decir, humildad, amor y edificación. No le interesa tanto cómo predicamos, sino cómo respondemos a la predicación. Podemos escuchar un sermón sobre ganar almas, pero mientras no nos convierta en ganadores de almas no ha logrado su objetivo. Si escuchamos, por medio de un sermón, o una canción, o una oración, un mensaje sobre la mansedumbre, no cumple su propósito si no nos ayuda a vencer nuestro mal genio. Enfatizo que sin resultados favorables en la vida no hay adoración de veras. Jer. 7:21-24: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne. Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia delante”. Queda más claro que el agua que Dios tiene más interés en nuestra obediencia que en la forma en que ofrecemos “holocaustos” u otras formas de adoración.
C. Si la adoración no llega a mejorar la vida de la persona, produce hipocresía, que deshonra a Dios.
1. Jesús dijo acerca de Dios: “Y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mr. 12:33). En dos citas encontramos una frase reiterada por Jesús: “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mt. 9:13; 12:7).
2. El salmista David escribió: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Sal. 40:6-8). Encontramos la misma verdad en He. 10:6-8. De nuevo, Dios desea más los resultados de la adoración que el acto de adorar. Mi. 6:6-8: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Si la adoración no produce cambios, poco importa la belleza de la canción, la fluidez de la oración, la cantidad de dinero que uno da, la meticulosidad con que se observa la cena del Señor, o la perfección del sermón. Ni el mejor becerro, ni la mayor cantidad de carneros, jamás agradaron a Dios si el que los ofrecía no captaba el mensaje principal de la adoración. Recalco una vez más que Dios desea más que haya justicia, amor, perdón, mansedumbre, temperancia y otras cualidades en la vida de la persona que adora, que canciones, oraciones, dinero u otras cosas que se le puedan ofrecer. El único objetivo de los actos es producir piedad en la vida cotidiana. Escuchemos las palabras que Dios habló a Israel por medio del profeta Oseas. Os. 6:4-6: “¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece. Por esta causa los corté por medio de los profetas, con las palabras de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz que sale. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.”
3. En referencia a la adoración que no produce cambios, Dios dijo por medio del profeta Jeremías: “¿Para qué a mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan" (Jer. 6:20). El rey David dijo acerca de Dios: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51:16-17).
4. Espero que a esta altura vayamos comprendiendo por qué el texto de Is. 1:11-20 es tan directo y cortante. Dios pregunta por qué sacrificar y llevar holocaustos si uno no practica justicia. Pone de manifiesto que si uno no capta el mensaje de adoración, ésta es vana. Si la adoración no produce cambios, entonces no logra su objetivo. Espero que estas palabras inciten la introspección. ¿Es el cristianismo simplemente una cuestión de dos o tres horas cada semana? ¿Asistimos únicamente a la iglesia para recibir un poco de estímulo emocional para luego olvidarnos de todo? ¡Dios no lo quiera! Que lo que escuchamos tenga un efecto en la vida de cada día. Stg. 1:22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”
5. En vista de los resultados prácticos que la adoración debería producir, Salomón escribió: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrifico de los necios; porque no saben que hacen mal” (Ec. 5:1).
Lo que cree hace la diferencia