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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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LOS PANES Y PECECILLOS

Jn. 6:26

          Titulo este estudio simplemente “los panes y pececillos”, basándome en Jn. 6:26:  “Respondió Jesús y les dijo:  De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.”  Con esta afirmación Jesús puso de manifiesto la superficialidad de la multitud, pero también está escrito para nosotros.  Al final de este estudio creo que sabremos exactamente de qué trata Jn. 6:26.

 

I.                    JESÚS DEDICÓ SU VIDA A ASUNTOS ESPIRITUALES Y ETERNOS.  SUS MILAGROS ERAN DEMOSTRACIONES DE UN MENSAJE MÁS PROFUNDO.

A.            Jesús era el Mesías prometido, Dios encarnado.

1.             No era simplemente otro hombre de entre millones.

2.             Su nombre significa “Dios con nosotros”, según Mt. 1:23.

3.             He. 1:1-3 habla de “Dios”, entonces del “Hijo”, describiendo a éste como “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia”.

4.             Isaías había profetizado:  “un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Is. 9:6).

5.             Casi todos los profetas del Antiguo Testamento profetizaron acerca del Mesías venidero.  Jesucristo cumplió todas las profecías legítimas escritas sobre Él (Lc. 24:25).

6.             Jesús no era una persona superficial e inútil.  Era el Mesías del mundo, el único que puede salvar y quitar el pecado.

B.            Vino principalmente para salvar a los pecadores.

1.             Su propio testimonio es:  “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10).

2.             El versículo más hermoso de la Biblia declara:  “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

3.             Jesús no vino al mundo para ganar dinero, para conseguir fama o popularidad, para llegar a ser conocido como obrador de milagros o como maestro, o para encajar en la sociedad.  ¡No!  Vino para salvar a los hombres de la destrucción eterna, y para hacerles crecer en gracia, viviendo en abundancia espiritual.  Dijo:  “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).

4.             Jesús rogó:  “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras” (Jn. 14:11).

5.             El propósito de convertir el agua en vino no fue simplemente para alegrarles e impresionarles con su habilidad de hacer grandes milagros.

6.             Cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres (Jn. 6:5-14), más las mujeres y niños, con cinco panes y dos peces, su propósito no fue el de impresionar a los observadores con su habilidad sobrenatural o para dejar constancia de que daba de comer a los pobres.

7.             Todos los que fueron curados por Jesús eventualmente se enfermarían y morirían.  Los cinco mil, a quienes dio de comer, al día siguiente volvieron a tener hambre.  Jesucristo no vino para dedicarse a proyectos de corta duración, tales como:  curar a enfermos, dar de comer a hambrientos, pagar impuestos, etc. (aunque estas cosas están bien).

a. La venida de Cristo tenía un propósito mucho más duradero que los milagros de poca duración.

b.             Los milagros simplemente fueron un medio para un fin.  Su meta era demostrar y convencer a los hombres de que Jesucristo era el Mesías, con el fin de que creyeran en Él como Salvador personal.

c. Al reconocer a Jesús como el Salvador del mundo, creyendo en Él, recibían la vida eterna, lo cual es mucho más permanente que cualquier otro milagro.

8.             Los milagros de Jesús demostraban quién era, e incitaban que los hombres creyeran en Él como Salvador.  Por este motivo Jesús dijo del milagro de dar a comer a cinco mil:  “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Jn. 6:29).

 

II.                 PERO LA MAYORÍA NUNCA RECONOCIÓ EL PROPÓSITO DE LOS MILAGROS DE JESÚS.

A.            Se quedaron con la impresión del aspecto material del milagro sin aprender su mensaje.

1.             Jesús curó a diez leprosos en Lc. 17:12-17.  Nueve de ellos, llevados por la emoción de ser curados, no prestaron  atención alguna a quién les había curado.

2.             En vez de arrodillarse ante Cristo en adoración, los que presenciaron el milagro de dar de comer a cinco mil simplemente volvieron al día siguiente por más comida.  Por ello Jesús les dijo:  “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Jn. 6:26).

B.            Durante tres años y medio Jesús fue por Galilea, Judea y Samaria, realizando buenas obras y milagros, a fin de que los hombres reconocieran que Él era el Mesías prometido y que así creyeran en Él, recibiendo vida eterna.

1.             Sin embargo, la mayoría nunca captó el mensaje de sus milagros.  Jesús preguntó a sus discípulos:  “¿Quién dice la gente que soy yo?”, a lo cual respondieron:  “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado” (Lc. 9:18-19). 

2.             En una ocasión Jesús sanó a “un endemoniado, ciego y mudo” (Mt. 12:22).  Cuando los fariseos se enteraron, dijeron:  “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mt. 12:24).

3.             Cuando le juzgaron a Jesús, el sumo sacerdote le preguntó:  “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” (Mr. 14:61), a lo que contestó:  “Yo soy” (v. 62).  A pesar de todos los milagros, el sumo sacerdote respondió:  “Habéis oído la blasfemia” (v. 64).

4.             Es evidente que habían visto los milagros sin captar su mensaje.  No tenían interés en los aspectos espirituales de Jesús.  No les importaba el propósito de sus milagros.  Eran demasiado ciegos como para ver más allá del milagro en sí.  Se emocionaban por la comida,  por la curación de enfermos y por la resurrección de muertos; sin embargo, no quisieron saber nada acerca de Jesús como Señor, o la vida de separación que predicaba, o sobre el sufrimiento o el rechazo que implicaba.

 

III.               AHORA HARÉ LA APLICACIÓN DE LO ANTERIOR.

A.            Dios todavía nos proporciona panes y pececillos.  Me refiero a las provisiones divinas, que tienen el mismo propósito ahora que tenían para aquella multitud.

1.             Dios nos ha dado la asistencia a la iglesia (He. 10:25).

2.             La predicación (1 Co. 1:21; 2 Ti. 4:1-2; Ro. 10:17).

3.             Las canciones (Col. 3:16).

4.             La oración (1 Ts. 5:17; Lc. 18:1).

5.             Los diezmos y ofrendas (Lc. 6:38; 1 Co. 16:2; 2 Co. 9:6-7).

6.             La cena del Señor (1 Co. 11:23-32).

7.             El estudio bíblico (2 Ti. 2:15).

8.             Las Escrituras (2 Ti. 3:15-17).

9.             Las buenas obras (Tit. 2:14).

10.         El ganar almas (Mt. 28:19; Hch. 1:8).

11.         Todo ello es bueno y lo debemos practicar con fidelidad y celo.  De la misma manera que la comida (panes y pececillos) alimenta el cuerpo, estas cosas alimentan el alma.

B.            Sin embargo, al dar estos panes y pececillos espirituales Dios no sólo quiere alimentar el alma.

1.             Es cierto que desea alimentar el alma para que prospere.  Jn. 10:10:  “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”  Pr. 28:25:  “Mas el que confía en Jehová prosperará.”

2.             Sin embargo, si uno piensa que Dios sólo quiere dar prosperidad espiritual, entonces no ha entendido el mensaje, al igual que la multitud ante los panes y peces.

3.             Lo que Dios busca es comunión.

a. Sal. 51:6:  “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.”  “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu” (v. 10-11).  “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto.  Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (v. 16-17). 

b.             Encontramos el mismo mensaje en Jn. 4:23-24:  “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”

c. El apóstol Pablo afirma lo mismo en Fil. 3:10:  “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”.

d.             El apóstol Juan dijo:  “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.  Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.  Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos:  Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.  Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1:1-7).

e. Lo que le agradó a Dios de Enoc fue:  “caminó Enoc con Dios” (Gn. 5:24).

f.  Dios eligió a Noé para salvar a la humanidad de la destrucción total, porque “con Dios caminó Noé” (Gn. 6:9).

g. Dios desea lo mismo de nosotros.  Quiere que andemos con Él (Ef. 5).  Quiere comunión; no quiere dinero, ni canciones, ni buenas obras, ni estudio bíblico.  Por esta razón los macedonios agradaron a Dios, porque “a sí mismos se dieron primeramente al Señor” (2 Co. 8:5).

h. El rey David escribió:  “Bendice, alma mía, a Jehová” (Sal. 103:1).  La única forma para bendecir a Jehová es andar con Él:  llegar a conocerle y adorarle de modo personal.  David dijo:  “Bendeciré a Jehová en todo tiempo” (Sal. 34:1).  Se refiere a comunión personal a diario con el Señor.  Es lo que el Señor quiere.

C.            Dios, que nos conoce mejor que nadie, sabe cuáles son nuestras debilidades.  Por esto ha hecho provisión de panes y peces, alimento para que podamos andar con Él.

1.             La carne tiende al egoísmo, pereza, deseos carnales, codicia, crueldad, rebeldía, intereses materiales, odio, envidia y orgullo.  Cuando prevalecen estas cosas Él no puede estar en comunión con nosotros.  Is. 59:1-2:  “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.”

2.             Así que, Dios ha dado unas provisiones de panes y peces para ayudar a superar estas debilidades que obstaculizan el caminar en comunión con el Señor.

a. La predicación tiene el propósito de acentuar al Señor, demostrando su belleza y la superioridad de su camino.

b.             La cena del Señor tiene el propósito de señalar el cuerpo quebrantado y la sangre derramada del Señor, incitando adoración, aprecio y amor.

c. La oración tiene el propósito de humillarnos ante Él, demostrando que el creyente es siervo y receptor ante el que es Señor y proveedor.

d.             Los diezmos y ofrendas tienen el propósito de hacer que Él sea Señor y controlador de la economía personal, provocando confianza en que Él proveerá y que fortalecerá la fe.

e. Las Escrituras tienen el propósito de señalar al Señor, atrayendo en humildad ante Él.

f.  De un modo u otro, todos los panes y peces espirituales tienen el propósito de promover la comunión entre el creyente y Dios.

D.            Sin embargo, somos muy parecidos a la multitud de Jn. 6.

1.             Las exhortaciones bíblicas a participar económicamente se perciben como manipulaciones, por la iglesia o el pastor, para conseguir más dinero.  Cuando participamos económicamente es porque nos sentimos obligados.  No captamos el mensaje del señorío de Cristo.  Rechazamos la oportunidad de formar una sociedad económica con Dios.  Nos negamos a caminar en comunión con Él en esta área de la vida.

2.             Muchos llamamientos bíblicos se perciben como legalistas y renunciamos a que nos aten.  No captamos su mensaje para fomentar comunión con Dios mediante separación, altruismo, generosidad, perdón, humildad, etc.

3.             Nos acercamos a la mesa del Señor, tomando el pan y vino como si no tuviera ninguna importancia.  A menudo nos preocupamos más por lo que hay en la copa que por el Señor de la copa.  Nos interesamos más en la interpretación de un versículo, o la cantidad de apoyo que tenemos para una determinada doctrina, que en aplicar la verdad a nuestras vidas (Ro. 10:13).

4.             Damos más importancia a hacer una oración verbalmente correcta ante los hermanos que experimentar comunión con el Dios que escucha las oraciones, humillándonos ante Él. 

5.             Tenemos más interés en asistir a la reunión, encontrarnos con los hermanos, oír un buen estudio en la escuela dominical y recibir un buen sermón que encontrarnos con el Señor, quien se reúne con su iglesia, permitiendo que Él cambie nuestras vidas.

6.             Me estremece pensar en que nos parecemos tanto a la multitud de Jn. 6.  Nos parece suficiente dar, orar, predicar, tomar la cena del Señor, asistir a la iglesia, hacer buenas obras...  Cuando pensamos así perdemos por completo el mensaje de la fe cristiana.  Lo que Dios quiere es al individuo; no su dinero, ni sus obras, ni su ética, ni su religiosidad.  Desea acaparar nuestro corazón, nuestra comunión, nuestra atención.  Asistir a la iglesia, predicar, ofrendar y tomar la cena del Señor son instrumentos para ayudarnos a caminar más cerca de Él.

7.             ¿Nos tendrá que decir?:  “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Jn. 6:26).  Dt. 10:12:  “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma”.  Todavía es lo que quiere.  La exhortación que doy es que todos miren a Jesús.  Uno se cansa de dar, de ir a la iglesia, de escuchar las predicaciones, si no ve al Salvador y anda con Él.  El andar en intimidad personal con Él nunca cansa.  Además, hará que nos encante dar, cantar, obrar y asistir a la iglesia.

E.             Y al pecador, Dios también quiere alcanzarlo; no por su dinero, u oraciones, o bautismo o buenas obras, sino para que confíe en Él.  ¿Por qué no hacerlo hoy mismo?

 

Lo que cree hace la diferencia