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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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LAS TRES ORDENANZAS DE LA IGLESIA

1 Co. 11:1-2

 

          Hay bastante incertidumbre entre algunos creyentes sobre cuántas ordenanzas debe guardar la iglesia.  Creemos que hay tres ordenanzas principales:  el bautismo, la cena del Señor y el día del Señor.

 

I.                    PARA COMPRENDER POR QUÉ ENFATIZAMOS QUE HAY TRES ORDENANZAS DE LA IGLESIA, ES IMPORTANTE SABER LO QUE LA BIBLIA DICE SOBRE LO QUE ES UNA ORDENANZA.

A.            Normalmente se entiende por “ordenanza” un decreto (a veces acompañado de rituales o prácticas) aprobado, dado por Dios para guardar y declarado por Dios como correcto.

1.             Algunos nombres griegos que se pueden traducir “ordenanza” son:  “dikaioma”, “diatage”, “dogma” y “ktisis”, todos ellos transmiten, hasta cierto punto, la idea mencionada arriba.

2.             El sistema religioso del Antiguo Testamento contenía muchas ordenanzas de esta índole. 

a. En Éx. 18:20, Dios dijo:  “Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer.”

b.             Dijo a Israel, en Lv. 18:4:  “Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos.  Yo Jehová vuestro Dios.”  Lo repitió en el v. 30.  Otras afirmaciones parecidas a éstas se encuentran en Lv. 22:9; 2 Cr. 33:8; Ez. 11:20 y Ez. 43:11.

c. La pascua era una de estas ordenanzas (Nú. 9:12, 14).

3.             Muchos de estos dogmas u ordenanzas del Antiguo Testamento no rigen para nosotros.

a. Tenían el propósito de demostrar la incapacidad de la ley para justificar y señalaban a Cristo.  Por eso Gá. 2:16 dice:  “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.”  Las ordenanzas de la ley no justificaban.  Tenían el objetivo de conducir a los hombres a Cristo.  Gá. 3:24 lo dice de esta manera:  “la ley ha sido nuestro ayo [un maestro que señala la verdad], para llevarnos a Cristo [a quien indicaban las ordenanzas del Antiguo Testamento], a fin de que fuésemos justificados por la fe.” 

b.             He. 9 desarrolla este tema ampliamente.  El v. 1 dice:  “Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.”  Los siguientes cuatro versículos describen el tabernáculo, y los v. 6-7 mencionan el ministerio de los sacerdotes en él.  El v. 9 constata que en el tabernáculo se presentaban ofrendas y sacrificios, indicando que éstos eran símbolos de lo que había de llegar.  El v. 10 dice:  “consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.”  Los v. 11-12 recalcan que Cristo es el cumplimiento de todas aquellas cosas del Antiguo Testamento, las cuales señalaban a Él. 

c. Escuchemos la declaración de Dios en el Nuevo Testamento sobre las ordenanzas del Antiguo Testamento.  “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.  Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades” (Ef. 2:13-16).  “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Col. 2:13-14).

d.             Cristo Jesús cumplió las ordenanzas del Antiguo Testamento que eran símbolos de Él.  Demostró que Él podía hacer por los pecadores lo que las ordenanzas eran incapaces de efectuar.  No tenemos necesidad de continuar guardando ordenanzas, cuyo propósito era indicar al Mesías, cuando Cristo ya las ha cumplido.  Guardarlas indica la esperanza de que Cristo todavía tiene que llegar para cumplirlas.  Es negar la obra consumada de Cristo sobre la cruz.

e. Por lo tanto, no necesitamos las ordenanzas del Antiguo Testamento que eran símbolos del Cristo venidero.  No ofrecemos ni toros ni corderos, y no guardamos ninguna pascua.  Sin embargo, como veremos dentro de un momento, guardamos algunas ordenanzas; pero éstas contemplan la obra ya consumada de Cristo, indicando su segunda venida.  Además, sabemos que las ordenanzas que guardamos no salvan, pero nos recuerdan de Aquél que nos salva mediante su obra en la cruz.

B.            En algunos casos, “ordenanza” se emplea en el sentido de “tradición”.

1.             1 Co. 11:2:  “Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.”  La expresión “las instrucciones” se traduce también por  “las ordenanzas”.  Proviene del griego “paradosis”, que quiere decir “tradición”. 

2.             Los creyentes hemos de rechazar las vanas tradiciones de los hombres.

a. Dios advierte en Col. 2:8:  “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.”

b.             Debemos tener precaución ante las tradiciones de los hombres, porque generalmente se oponen a los mandamientos de Dios.  Por eso, Jesús preguntó:  “¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mt. 15:3).  Cualquier tradición que viola la enseñanza de Dios es vana.  De hecho, no es ni inocente ni inofensiva, sino perjudicial a la causa de Cristo. 

c. Demasiadas veces las tradiciones chocan con la enseñanza de Dios.  Jesús dijo:  “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Mr. 7:9).  En el v. 13 señaló que al hacerlo, estaban:  “invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido.  Y muchas cosas hacéis semejantes a estas” (también Mt. 15:6).

3.             Pero a veces padecemos de miopía, que nos hace tropezar.

a. No vemos que una tradición puede ser buena.  Suponemos que una cosa tradicional, por esencia, es mala, y que hay que rechazarla.  No es necesariamente así.  Cualquier tradición en discordia con la Palabra de Dios es mala, y debemos rehusarla.  Sin embargo, hay tradiciones que surgieron del mismo Señor y, por lo tanto, son buenas y las debemos guardar.  La idea de rechazar cualquier práctica sólo por ser tradición no es ni sabia ni bíblica.

b.             2 Ts. 2:15:  “Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina [“paradosis”, o sea, “tradición”] que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.”  Además, añadió ocho versículos más adelante:  “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza [“paradosis”, “tradición] que recibisteis de nosotros.  Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros” (2 Ts. 3:6-7).  El mensaje global es que debemos abrazar las buenas tradiciones bíblicas y rechazar las demás.

c. En 1 Co. 11:2, Pablo en efecto alabó a los corintios por guardar “las instrucciones [“paradosis”, “tradición”] tal como os las entregué.” 

C.            Dios aprobó las tres ordenanzas de la iglesia.

1.             Hay que enfatizar que son ordenanzas de la iglesia, como colectivo.  No son ordenanzas individuales, aunque la iglesia se compone de individuos.  Bautizar, observar la cena del Señor o celebrar el día del Señor no son funciones individuales.  Son ordenanzas que el cuerpo debe guardar en conjunto, no cada miembro por separado.  Ningún miembro sin autoridad de toda la iglesia debe bautizar.  Ningún miembro tiene derecho de tomar la cena del Señor por su cuenta aparte de la iglesia.  Tampoco hay derecho para que un miembro haga su propia reunión en el día del Señor, aparte de la iglesia.  Son ordenanzas eclesiales para todo el cuerpo.

2.             Estas prácticas, por celebrarse ya durante casi dos mil años, constituyen tradiciones.  Pero no son meramente tradiciones de hombres.

a. Dios mismo dio la comisión inicial de bautizar.  Fue Él quien mandó que se adoptara como práctica establecida, tradición u ordenanza.  Mandó en Mt. 28:19:  “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. 

b.             Jesús, que es Dios, instituyó la cena del Señor.  Además, mandó que se guardara como ordenanza o tradición (Mt. 26:26-29).

c. Aunque no encontramos ningún mandato explícito en la Biblia de que la iglesia se reúna en domingo, las primeras iglesias de la Biblia lo hacían así, con la aprobación obvia de Dios.  Hch. 20:7:  “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.”  El primer día de la semana es domingo, y esta iglesia lo guardaba como día de adoración colectiva.  1 Co. 16:2 demuestra que la iglesia de Corinto ofrendaba en domingo, y la ofrenda es uno de los actos formales de adoración.  Ocho días después de descubrir la resurrección de Jesucristo, los apóstoles (miembros de la primera iglesia, 1 Co. 12:28) estaban reunidos (Jn. 20:26).  O sea, se reunieron en domingo, y Jesús mismo se reunió con ellos en esta ocasión.  Creemos que este relato constituye una señal de la aprobación divina de adorar en domingo.  Además, indica que el Señor siempre está presente cuando su iglesia se reúne en domingo.  Creemos que Juan se refirió a este día como “el día del Señor” en Ap. 1:10.  Las primeras iglesias de la Biblia practicaban la asamblea en domingo para adorar.  Creemos que Pablo hizo referencia a esta práctica, ordenanza o tradición de no dejar de congregarse en He. 10:25.  Esta cita es una clara indicación de que se trataba de una actividad colectiva, o sea, una práctica eclesiástica u ordenanza.

d.             Estas tres son ordenanzas de Dios, y las iglesias del Señor deben guardarlas fielmente.

 

II.                 LAS TRES ORDENANZAS ANUNCIAN EL EVANGELIO.

A.            El evangelio de Cristo se define como la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, según las Escrituras (1 Co. 15:1-4).

B.            La cena del Señor, de forma especial, enfatiza la muerte de Cristo.

1.             Sin duda, cada una de las tres ordenanzas de la iglesia indica los tres aspectos del evangelio:  la muerte, la sepultura y la resurrección.  Pero el aspecto más destacado de la cena del Señor es su muerte.

2.             Al instituir la cena, el Señor mismo partió pan y declaró que representaba su cuerpo quebrantado.  Entonces, tomó el vino, y dijo que simbolizaba su sangre, pura y derramada (Mt. 26:26-29).

3.             Es inevitable ver el énfasis en la muerte de Cristo, porque su cuerpo quebrantado y su sangre derramada componen lo esencial de ella.

4.             Años más tarde, cuando Pablo escribía 1 Co. 11:23-26, la muerte seguía siguiendo lo esencial de la cena del Señor.  Todavía recalcaba el cuerpo quebrantado y la sangre derramada, en relación con la muerte del Salvador.

C.            El énfasis especial del bautismo es la sepultura.

1.             Aunque el bautismo es una preciosa representación de la muerte, sepultura y resurrección, de forma especial, la inmersión de una persona en agua enfatiza la sepultura.

2.             Ro. 6:4 acentúa la sepultura en el bautismo.  Dice:  “somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo” (también Col. 2:12).

3.             El bautismo es un testimonio visual de que nuestros pecados se han ido, están sepultados por nuestro Señor;  nos los ha quitado.  Por lo tanto, hemos muerto al pecado (Ro. 6:2), y ahora vivimos para Dios (Gá. 2:20).  Col. 3:3 dice:  “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”  El bautismo ejemplifica la sepultura a la perfección.

D.            El énfasis principal del día del Señor está en la resurrección de nuestro Señor.

1.             Mt. 28:1-6; Mr. 16:1-6 y Lc. 24:1-6 relatan cómo los discípulos descubrieron la resurrección de Cristo en el primer día de la semana, domingo.  La resurrección de Cristo, naturalmente, presupone su muerte y su sepultura, pero lo más importante de este día de la semana es la resurrección.

2.             Al reunirse en adoración el primer día de cada semana, las iglesias dan fe de que sirven y adoran al Salvador resucitado. De la misma manera que la cena del Señor enfatiza la muerte y el bautismo la sepultura, la asamblea en domingo es un testimonio visual de la resurrección.

E.             Al guardar las tres ordenanzas, o tradiciones, de la iglesia; se predica la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo, lo cual constituye el evangelio:  el método y el medio de Dios para salvar a los perdidos (Ro. 1:16).

1.             Estas tres ordenanzas son indicadores, señalando hacia atrás a Cristo.  Son recordatorios de lo que Él es para nosotros.  Indican cómo llegamos a estar en su familia.  Además, son testimonios obvios de la iglesia a los incrédulos.  Ninguna de las ordenanzas salva de la pena del pecado, pero cada una de ellas señala a Aquél que lo hace.

2.             Además, mediante la observancia semanal de las ordenanzas, una iglesia predica continuamente el evangelio, semana tras semana.  Aunque el sermón no trate de forma directa la muerte, sepultura y resurrección cada semana, esta preciosa verdad se propaga mediante la práctica eclesial.  Cuando el sermón trata el tema del evangelio directamente, entonces el testimonio visual refuerza el mensaje.

Por lo tanto, creemos que es bueno que las iglesias de Dios procuren guardar estas tres ordenanzas cada semana.  

 

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