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RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
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He. 10:24-25 dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”
Hay muchos motivos por los cuales los miembros de la iglesia deberían reunirse cada domingo. No pretendo incluir todas las razones, porque necesitaría más de un estudio para hacerlo. El propósito de este estudio es demostrar el fundamento bíblico para congregarse cada primer día de la semana.
I. JESÚS PUSO EL EJEMPLO DE REUNIRSE CON SUS DISCÍPULOS.
A. Muchos de los ejemplos de Jesús eran para que los imitáramos.
1. Jesús mismo dijo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15).
2. El apóstol Pablo recibió inspiración para escribir: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según [conforme al ejemplo de] Cristo Jesús” (Ro. 15:5).
3. Pablo también exhortó: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” y “Considerad a aquel” (He. 12:2-3).
4. Jesús es el ejemplo perfecto de buenas obras, y deberíamos seguirlo. A este fin exhortó Pedro: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 P. 2:21).
5. Por lo que dicen las Escrituras, debemos considerar y seguir el ejemplo de Jesucristo.
B. Jesús dio el ejemplo de congregarse.
1. Los judíos tenían lugares de reunión, llamados sinagogas, por todo el país. Se reunían de forma sistemática en ellos, y Jesús también lo hacía.
a. Unos cuantos versículos que demuestran su participación en las sinagogas son: Mt. 12:9; 13:54; Mr. 6:2 y Lc. 4:16-28.
b. La reunión en sinagogas simbolizaba la asamblea de los miembros de la iglesia.
2. En varias ocasiones, Jesús reunía a una multitud a su alrededor para enseñar y predicarles (Mt. 5-7; 15:10-20).
3. Jesús edificó su iglesia durante su ministerio terrenal (Mt. 16:18). Los primeros miembros eran los apóstoles (1 Co. 12:28), bautizados por Juan (Hch. 1:22), a quien Jesús llamó Bautista (Lc. 7:28). Así que, recibieron bautismo bautista, constituyendo así una iglesia bautista.
4. Jesús llamó la primera iglesia bautista a reunirse muchas veces, y estableció el ejemplo de congregarse con ella.
a. Mr. 6:7-11 relata una reunión de esta iglesia.
b. Los miembros se reunían para tratar problemas (Mr. 8:1-5), hacer preguntas (Mt. 24), tomar decisiones y adorar.
5. Puede que se piense que no es demasiado importante que los miembros de una iglesia bautista se reúnan, sin embargo, Jesús lo veía importante. Dejar de reunirse es transgredir y hacer caso omiso al ejemplo de Jesús.
II. NO SÓLO SE REUNÍA JESÚS, SINO QUE LOS CREYENTES, DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN DE CRISTO, CONTINUABAN LA MISMA PRÁCTICA.
A. La iglesia de Jerusalén se reunía.
1. Hch. 2:44: “Todos los que habían creído estaban juntos”.
2. Además, Hch. 4:31 dice: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló”.
B. Congregarse era la práctica normal de las iglesias de la Biblia.
1. Después de su conversión, Pablo se reunía durante un año con la iglesia de Antioquía. Hch. 11:26 dice: “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente”. ¿Cómo se podría dudar de la reunión sistemática de los miembros de esta iglesia?
2. Hch. 13:1-3 es otra muestra de que esta iglesia se reunía para hacer la obra del Señor.
3. Hch. 14:27 relata una convocación especial de esta iglesia.
4. La iglesia de Troas también tenía costumbre de reunirse. Hch. 20:7 dice: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.” Es totalmente innegable la reunión en cada primer día de la semana de esta iglesia.
C. Algunos opinan que no hace daño abandonar la casa de Dios.
1. Pero, al hacerlo, uno viola el ejemplo de Cristo y el de las primeras iglesias en la Biblia.
2. No hay nada en la Biblia que indique que uno pueda cumplir con Dios sin reunirse sistemáticamente con los demás miembros de la iglesia, que es su cuerpo (Col. 1:24).
III. ADEMÁS, LA PALABRA DE DIOS DICE QUE LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA NO DEBERÍAN DEJAR DE CONGREGARSE.
A. El texto de He. 10:25 establece muy claramente que no hay que dejar de reunirse con la iglesia.
1. No hay autoridad más alta que la Palabra de Dios, y Él manda que no dejemos de congregarnos.
2. Descuidar la iglesia, dejando de reunirse, es hacer lo opuesto a lo que Dios dice, lo cual constituye desobediencia o rebelión.
a. Son dos de los pecados más ofensivos para Dios (1 S. 15:22-23).
b. Dejar de reunirse con la iglesia del Señor es cometer una grave ofensa contra Dios.
3. Además, abandonar la asamblea anula el derecho de orar.
a. Dejar de congregarse es desobedecer (He. 10:25), y la desobediencia es pecado (1 S. 15:23).
b. Cristo es nuestro Sacerdote, mediante el cual únicamente podemos orar a Dios (He. 4:14).
c. He. 10:21 constata que Cristo es “un gran sacerdote sobre la casa de Dios”. Según 1 Ti. 3:15 “la iglesia del Dios viviente” es “la casa de Dios”.
d. Si Cristo es el Sacerdote sobre su casa, la iglesia, el miembro que peca, abandonando la congregación, se separa del ministerio sacerdotal de Cristo en la oración.
e. Por ello David dijo: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18).
4. El texto también demuestra que la reunión incita a otros a buenas obras.
a. Consideremos He. 10:24 con el v. 25. El v. 24 dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”. El modo concreto para lograrlo es, según el v. 25, “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos [la manera en que nos edificamos mutuamente al reunirnos]; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”
b. Es un hecho irrefutable, observable en cualquier iglesia, que la presencia de uno tiene el efecto de estimular, edificar y animar a otros. Cuando el pueblo de Dios reúne fuerzas mediante la asamblea constante, entonces ayuda a sacar lo mejor de cada miembro.
5. Sea reconocido o no, cada miembro necesita reunirse con la iglesia del Señor.
a. Se necesita el alimento espiritual que proveen la enseñanza y la predicación en una buena iglesia que honra a Dios. Job dijo: “Guardé las palabras de su boca más que mi comida” (Job 23:12). En la reunión de la iglesia es donde mejor se puede recibir enseñanza y predicación de forma sistemática. Jesús dijo en Mt. 4:4: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
b. Se necesita la comunión con Dios que provee la reunión de iglesia. Prometió a su iglesia: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20). Dios se reúne con su iglesia. Ha prometido permanecer en ella y sostenerla (Mt. 28:19). Al abandonar la iglesia uno se separa de las bendiciones que acompañan la comunión con Dios.
c. Además, se necesita comunión con los demás miembros de la familia celestial. El apóstol Juan dijo en 1 Jn. 1:7: “Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” Considerando este pasaje conjuntamente con He. 10:24-25, se ve que uno de los principales lugares de comunión entre hermanos es la iglesia. Comunión con personas espirituales tiene un efecto fortalecedor y edificante. Es verdaderamente terapéutico.
d. Reunirse con la iglesia demuestra las convicciones y prioridades de uno. Stg. 1:22 nos exhorta a ser hacedores, no sólo oidores, de la Palabra. Es ridículo afirmar amar a Dios y su obra cuando uno se descuida de la misma iglesia, a la cual Cristo amó, muriendo por ella (Ef. 5:25). Stg. 2:14-22 demuestra que una persona de verdadera fe lo evidencia por sus obras. Uno no engaña a nadie afirmando amar las misiones cuando no las apoya. Y ¿cómo puede uno amar a la iglesia sin asistir? El hecho de asistir y apoyar la iglesia y su obra demuestra el amor y las prioridades del miembro.
e. Se necesita la dirección que uno puede recibir mediante la reunión con una iglesia que enseña la Biblia y que honra a Dios. Es una de las mejores maneras para asegurar el futuro espiritual de los hijos (Pr. 22:6). Reunirse con la iglesia es el mejor seguro para tener un buen matrimonio (Mt. 7:24-27). Reunirse con la iglesia es sin dudas la mejor forma para conseguir victoria sobre las debilidades carnales, tales como: culpa, ira, temor... David dijo en el Salmo 119: “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Sal. 119:130). “Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios” (Sal. 119:59). Reunirse con la iglesia es la mejor manera para mantenerse valiente, motivado para ganar almas y espiritual. Job dijo: “¡Cuán eficaces son las palabras rectas!” (Job 6:25). El sabio Salomón reiteró la misma verdad: “Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor” (Ec. 12:11). El buen consejo que se recibe en la reunión de la iglesia ayuda a que el miembro se mantenga firme en el buen camino.
f. Es un hecho innegable que uno no puede ser espiritual sin reunirse con la iglesia del Señor. Dios sabe más que nosotros, y cuando Él dice que debemos reunirnos, es que así es. Uno puede intentar negar esta verdad, pero es irrefutable.
B. Es por medio de la iglesia del Señor que se ha de realizar la obra del Señor.
1. Ef. 3:21 lo establece diciendo: “a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”
2. Dado que la iglesia, por definición, es una asamblea convocada de creyentes bautizados; entonces, sin reunión no hay iglesia.
a. Si la iglesia no se reúne, la iglesia no existe y, por consiguiente, cesa la obra del Señor.
b. Cada miembro que abandona la asamblea realiza el acto que destruiría la iglesia del Dios viviente. Ausentarse de la iglesia es dar el voto para cerrar sus puertas.
3. Reunirse con la iglesia de Dios está bien ante sus ojos, y todos los miembros deberían hacerlo cada primer día de la semana. Cada miembro debería decir con el rey David: “Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos” (Sal. 122:1).
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