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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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LAS ORACIONES DE CORNELIO

Hch. 10:1-4

 

          El caso de Cornelio hace surgir varias cuestiones, tales como:  los prejuicios raciales, el movimiento carismático, la salvación por obras, las visiones sobrenaturales, la volición positiva, entre otras.  Sin embargo, este estudio está pensado más bien para tratar el tema de sus oraciones, citadas a menudo para apoyar la teoría de que Dios escucha las oraciones del incrédulo.  De hecho, muchos opinan que las oraciones de Cornelio le condujeron a la salvación. 

          No creemos que las oraciones de Cornelio resultaran en su salvación, ni que sean una indicación de que los incrédulos deban orar.

 

I.                    CORNELIO ERA INCONVERSO Y TUVO QUE ESCUCHAR EL EVANGELIO PARA SER SALVO.

A.            Muchos razonan que Cornelio ya era salvo.

1.             Verdaderamente, desde la perspectiva humana, era un hombre muy bueno.

a. Era un hombre bueno, desde un punto de vista humano.  Hch. 10:2 demuestra que creía en el Dios verdadero, y que lo adoraba.  Además, daba a los pobres y oraba.  Hch. 10:30 afirma que ayunaba.  El v. 33 demuestra que tenía una disposición de obediencia.

b.             Además, Cornelio era un hombre muy destacado.  Tenía autoridad, centurión de la compañía llamada Italiana (Hch. 10:1).  Un centurión era capitán de cien hombres.  La compañía Italiana era un grupo de los soldados más leales.  Hch. 10:22 dice de él:  “Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos”.  Este hombre tenía una de las mejores reputaciones entre todos los gentiles.

c. Bondad y grandeza es una combinación poco común. Muchos hombres buenos no son destacados, y la mayoría de los poderosos no son buenos.  Cornelio era bueno y poderoso.  Es una indicación de cómo llegó a ser el primer gentil que recibió el evangelio.  Tenía mucha influencia que podría abrir puertas para la presentación del evangelio entre gentiles.

2.             Pero, la bondad y grandeza humanas no producen vida eterna.

a. La bondad de Cornelio era parecida a la justicia de los fariseos.  Era prosélito judío, y su justicia tenía las mismas características que la de los fariseos.  Tenían fama de dar a los pobres (Mt. 6:2), orar (Mt. 6:5) y ayunar (Mt. 6:16); sin embargo, Jesús dijo de ellos:  “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”  Cornelio no podía llegar al cielo por su bondad y  grandeza.

b.             Un hombre llega a ser justo ante Dios sólo cuando cree el evangelio.  Según 1 Co. 15:1-4, el evangelio es la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo.  Cuando uno cree el evangelio, Dios le imputa justicia.  Ro. 4:6:  “Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras”.  Pablo dijo:  “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Fil. 3:9).  Lo único que tenía Cornelio era su propia justicia, que por cierto era excepcional; sin embargo, era insuficiente para concederle vida eterna.

c. Jn. 3:18:  “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

3.             Por lo tanto, la bondad y la grandeza de Cornelio no tenían nada que ver con que fuera o no, hijo de Dios.  Sólo la fe en Jesucristo podría hacerle hijo de Dios.  Antes de que Pedro le predicara el evangelio, no había confiado en Cristo como su Salvador personal.  Por lo tanto, era religioso, pero perdido.

B.            Cornelio sabía que estaba en perdición.

1.             Quería ser salvo, pero no lo era.  Se había beneficiado de la luz divina, pero no era salvo.  Se demuestra que Cornelio no tenía fe exclusivamente en el Señor Jesucristo en Hch. 10:25, que dice:  “Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró.”  Todavía adoraba a hombres.

2.             Cuando se le apareció el ángel de Dios, éste le dijo:  “Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa.”  ¿Por qué necesitaría salvarse Cornelio, si ya tenía salvación?  Es obvio que todavía necesitaba la salvación.

C.            Pedro sabía que Cornelio todavía estaba en la perdición, porque le predicó el evangelio.

1.             Hch. 10:30-43 explica el encuentro de Pedro con Cornelio.

2.             Los v. 39-40 constituyen una clara presentación del evangelio.  Hay el mensaje de la muerte, la sepultura y la resurrección.

3.             El v. 43 es una obvia constatación de que la salvación se apropia por la obra del Señor Jesucristo.  Dice:  “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”

4.             Está claro que no habría hecho falta que Pedro le explicara estas verdades si Cornelio ya fuera salvo.

D.            Aunque Cornelio hacía muchas buenas obras, y era excepcionalmente bueno desde un punto de vista humano, estaba en la perdición.  El hombre no se salva por su propia bondad, sino por la bondad de Dios (Fil. 3:8-9).

1.             Sería bien difícil demostrar con las Escrituras que Cornelio fuera salvo.  La evidencia indica que simplemente era un pagano sincero y religioso.

2.             Aunque el deseo sincero de Cornelio de la verdad no le salvara, Dios se encargó de que oyera la verdad.  Así que, Cornelio llega a ser un buen ejemplo de volición positiva.  Parece que Dios se asegura de enviar la verdad a las personas que sinceramente la desean.  Hch. 8:27-39 enseña que Dios envió a un misionero (Felipe) al eunuco etíope por volición positiva.  Dios envió a Pablo a los macedonios, que querían oír la verdad (Hch. 16:9-10).

 

II.                 EL RELATO DE CORNELIO NO DEMUESTRA QUE DIOS RESPETE LAS ORACIONES DE LOS INCRÉDULOS.  ILUSTRA CÓMO DIOS SIEMPRE GUARDA SUS PROMESAS Y VOTOS.

A.            La Biblia claramente enseña que Dios no escucha (en el sentido de honrar) las oraciones de incrédulos.

1.             Sobre la oración, Pr. 15:29 afirma:  “Jehová está lejos de los impíos; pero él oye la oración de los justos.”

2.             Jn. 9:31 dice:  “Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.”

3.             Cada incrédulo vive en incredulidad permanente, lo cual constituye un pecado serio ante Dios.  David dijo:  “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Sal. 66:18).

4.             Por lo tanto, Dios no escucha las oraciones de incrédulos.  Sólo el hijo de Dios puede acercarse “confiadamente al trono de la gracia” (He. 4:16), esperando recibir los beneficios del Sumo Sacerdote, Jesucristo.  Lo único que Dios quiere que hagan los incrédulos es creer; no orar, ni dar, ni ayunar...

5.             Afirmamos que Dios no oye las oraciones del incrédulo en el sentido de no “honrar, conceder o responder”.  Dios oye sus oraciones en el sentido de tener conocimiento de ellas.  Sabe con precisión lo que pide cada pecador, porque sabe todas las cosas.  He. 4:13 dice:  “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”  El rey David escribió sobre Dios:  “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.  Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.  Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos.  Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda (Sal. 139:1-4).  “¿A dónde me iré de tu Espíritu?  ¿Y a dónde huiré de tu presencia?  Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.  Si dijere:  Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí.  Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz” (v. 7-12).  El erudito griego, A. T. Robertson, dice que “ha sido oída” (Hch. 10:31), está en “el primer aoristo pasivo indicativo, sin tiempo”, que significa “ha sido tenida en memoria”.  Como veremos más adelante, Dios actuó, no por la oración de Cornelio, sino porque así había determinado obrar hacía mucho tiempo.  Dios mantenía su promesa y la oración de Cornelio era como si fuera un recordatorio de la promesa que Dios había hecho anteriormente. 

6.             Que quede bien claro, la Palabra de Dios no enseña una cosa aquí que contradiga otra enseñanza suya.  Es un problema irreconciliable para los que enseñan que Dios actuó por la oración de Cornelio.  La Biblia enseña claramente quién puede orar y quién no, y Cornelio no es una excepción a la regla.

B.            Las oraciones de Cornelio estaban relacionadas con una antigua promesa de Dios de que llevaría el evangelio a los gentiles.

1.             En Os. 2:23, Dios prometió:  “y diré a Lo-ammi [no pueblo mío]:  Tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío.”  Dios no nos deja con la incógnita de si se trata de gentiles o no.  En Ro. 9:24-26 dice:  “[¿...] a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?  Como también en Oseas dice:  Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada.  Y en el lugar donde se les dijo:  Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente.”  Pablo definitivamente declara que Oseas había predicho la predicación del evangelio a los gentiles.

2.             Además, Jesús, antes de su ascensión, predijo que los gentiles habían de oír el evangelio.  Dijo en Lc. 24:47:  “y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.”  Especifica “todas las naciones”, incluyendo a gentiles.  Jesús dijo a los apóstoles en Hch. 1:8:  “me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria [los samaritanos eran gentiles], y hasta lo último de la tierra.”  Otra vez se ve la intención obvia de Dios de anunciar la salvación también a los gentiles.  Jesús dijo en Mt. 8:11:  “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos”.  Abraham es el padre de la nación judía, así que, los que llegarían del oriente y del occidente son gentiles.

3.             Pedro afirmó que la salvación en Cristo no sólo era para judíos, sino también para gentiles.  Hch. 2:39:  “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”  Ef. 2:11-13 especifica que “los que están lejos” se refiere a gentiles, porque dice:  “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.  En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.  Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”  Los v. 11 y 13 establecen claramente que “los que están lejos” se trata de gentiles.

4.             Pablo dijo en Ef. 3:3 que la predicación del evangelio a los gentiles era un “misterio”.  En el v. 6 especifica que el misterio consistía en “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio”.  El v. 8 dice:  “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo”.  Así, Pablo llega a ser el principal predicador del evangelio de Dios a los gentiles.  Así pudo escribir en 1 Ti. 3:16:  “indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:  Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.”  En Hch. 15:1-22 encontramos la controversia que surgió por la predicación del evangelio a los gentiles, y en el v. 14 se ve que los apóstoles reconocieron que era del Señor.

5.             Ahora bien, el Dios del cielo ya tenía el plan de llevar el evangelio a los gentiles.  Coincidió con el tiempo de Cornelio el cumplir su promesa.  Por lo tanto, mostró una visión importante a Pedro, ilustrando que los gentiles debían oír el evangelio, al igual que los judíos.  Encontramos el relato de la visión en Hch. 10:9-18.  El punto clave se pone de relieve en el v. 28.  La última parte de este versículo dice:  “pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo”.  Pedro se levantó después de tener esta visión y fue a la casa de Cornelio (Hch. 10:19-29).  Entonces le predicó el evangelio (v. 34-43).  Cornelio creyó, y así recibió la salvación (v. 44-48).  Así se inició la era en que se predicaba el evangelio a los gentiles, liderada por el ministerio destacado del mismo apóstol Pablo (Hch. 15:13-19).  El v. 18 destaca que Dios había tenido conocimiento de ello y que había tenido la intención para ello “desde tiempos antiguos”.

6.             Entendiendo lo anterior, no es difícil comprender la actitud de Dios hacia Cornelio y sus oraciones.

a. Cornelio (un gentil) había deseado sinceramente la salvación.  Había orado, dado a los pobres, ayunado, haciendo todo lo que sabía que debía hacer.  No obstante, como todos los esfuerzos humanos, lo hacía en vano.

b.             Pero, Dios que lo ve y lo sabe todo (He. 4:13), observó a Cornelio y cómo oraba, y lo tuvo en “memoria”.  En Hch. 10:31, Dios le dijo:  “Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios.”

c. Hch. 10:4 contiene una frase clave.  Dios le dijo a Cornelio:  “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.”  La palabra “memoria” viene de la palabra griega “mnemosunon”.  El significado de la expresión es “son tenidas como recordatorio”.  Dios explica a Cornelio que sus palabras sirven como recordatorio de lo que Dios previamente había prometido en cuanto a los gentiles.  Dios había dado su palabra de que presentaría la salvación a los gentiles mediante el evangelio.  Las oraciones de Cornelio simplemente constituyeron un recordatorio de que el momento había llegado para realizarlo.

d.             Un ejemplo paralelo de cómo Dios recuerda un suceso se encuentra en Éx. 2:23-34 que dice:  “Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.  Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.”  Cualquier erudito competente en la Biblia sabe que Dios había prometido librar a Israel de la servidumbre egipcia después de aproximadamente cuatrocientos años (Gn. 25:13-14).  Cuando los israelitas clamaron a Dios en Egipto, Él simplemente recordó lo que había prometido.  Habría cumplido su promesa aunque no oraran.  Sin embargo, sus oraciones coincidieron con el plan predeterminado, y constituyeron un recordatorio para Dios.

e. Las oraciones de Cornelio no hicieron que Dios, de forma espontánea, hiciera lo que no tenía intención de hacer.  Igualmente, las peticiones israelitas no provocaron una decisión rápida de Dios para rescatarlos.  En ambos casos, las cosas transcurrieron en conformidad con lo que Dios ya había mandado, no por las oraciones.  Las oraciones eran coincidentes con los planes predeterminados de Dios, y así sirvieron para recordarle sus promesas del pasado.

 

Así que, no creemos que la Biblia, al relatar sobre Cornelio, quiera enseñar algo contradictorio con otras enseñanzas bíblicas.  Creemos que Cornelio estaba todavía en la perdición a pesar de su sinceridad.  Recibió la salvación después de oír y creer el evangelio, no por oraciones, limosnas u otras buenas obras.  Recibió la salvación exactamente de la misma manera que todos los creyentes.

Lo que cree hace la diferencia