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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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CAER DE LA GRACIA
SEGUNDA PARTE

Gá. 5:4

 

“SÓLO PODEMOS CAER DE LA GRACIA QUE SUSTENTA”

           Gá. 5:4, que habla de caer de la gracia, se refiere a que podemos caer de la gracia de Dios que nos sostiene diariamente del dominio o el poder del pecado.

 

I.                    A DIFERENCIA DE LA GRACIA DE DIOS QUE SALVA DE LA PENA DEL PECADO, QUE ES UNA ACCIÓN COMPLETA Y ACABADA (JN. 5:24), LA GRACIA DE DIOS QUE SOSTIENE ES UNA ACCIÓN PROGRESIVA E INCOMPLETA DE DIOS A FAVOR NUESTRO.  SE TRATA DE UNA OBRA QUE SE EFECTÚA DIARIAMENTE EN NUESTRAS VIDAS TEMPORALES.

A.            Dios se refería a esta acción continuada en “Bástate mi gracia” (2 Co. 12:9), porque es una obra que Él realiza en nuestras vidas actuales.

B.            Servimos a Dios cada día y es por la gracia de Dios que podemos hacerlo de forma aceptable (He. 12:28:  “sirvamos a Dios agradándole”).  Otra vez se refiere a algo continuo y progresivo.

C.            Hemos de acercarnos “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” cada día (He. 4:16).  Por el mismo motivo, el Señor nos instruyó a pedir por “el pan nuestro de cada día” (Mt. 6:11).  Nos hace falta la gracia sustentadora de Dios cada momento de cada día de nuestras vidas.

 

II.                 AL IGUAL QUE RECIBIMOS LA GRACIA SALVADORA DE DIOS POR FE EN JESUCRISTO Y SU OBRA CONSUMADA EN LA CRUZ, RECIBIMOS LA GRACIA SUSTENTADORA DE DIOS SÓLO POR FE EN JESUCRISTO Y SUS MANDATOS SOBRE CÓMO TENER UNA VIDA ABUNDANTE.

A.            Por eso Pablo escribió:  “de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” (Col. 2:6).  Es igual de imposible agradar a Dios sin fe después de creer que antes (He. 11:6).  Por eso Ro. 1:17 dice:  “el justo por la fe vivirá.”

B.            Dios quiere que todos sus hijos confíen en Él todos los días.  Ro. 6:13:  “presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”  Col. 3:5:  “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros”.  Y Pablo constató lo que debía ser de todos los creyentes:  “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios.  Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

 

III.               CUANDO EL HIJO DE DIOS CRUCIFICA LA CARNE, SOMETIÉNDOSE A DIOS A FIN DE QUE ÉL OBRE TANTO “EL QUERER COMO EL HACER, POR SU BUENA VOLUNTAD”, LA VIDA DEL HIJO DE DIOS ESTÁ REPLETA DE BUENAS OBRAS Y FRUTO.

A.            El hijo de Dios obrará, porque Ef. 2:10 dice:  “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”  Pablo escribió a Timoteo:  “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Ti. 2:21).

B.            Los creyentes que andan por fe (que es obediencia a la Palabra de Dios), aprenderán “a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto” (Tit. 3:14).  Éstos tienen virtud, temperancia, paciencia, piedad, amor y otras características deseables.  Pedro dijo:  “Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 P. 1:8).

C.            Somos incapaces de producir mediante nuestras fuerzas obras y frutos que honren a Dios.  Los resultados de esfuerzos humanos avergüenzan a Dios.  Jesús dijo que Él era la vid y que nosotros éramos las ramas (Jn. 15:5).  Además, señaló lo evidente:  que la rama, por sí sola, no produce uvas (Jn. 15:4).  Las ramas reciben de la vid lo esencial para producir uvas.  Sólo dan el fruto que la vid produce a través de ellas; no lo hace por sí solas.  Asimismo, no podemos resistir al diablo y producir fruto para Dios por nuestros propios esfuerzos.  Sin embargo, si confiamos en nuestro Señor cada día, entregándonos por completo a su servicio, podemos estar seguros que nos usará de forma productiva.  Puede que nos use para enseñar a otros, ayudar a pobres, cuidar de aspectos materiales de la iglesia, ganar almas, hacer obra misional o pastoral, o hacer otras buenas obras.  Aunque las obras varían, todo creyente sometido a la voluntad de Dios trabajará ardientemente.  Dios se encargará de obrar por medio del creyente dispuesto.

 

IV.              LO VERDADERAMENTE ÚNICO DE NUESTRO TRABAJO REALIZADO MEDIANTE LA AYUDA DE DIOS ES QUE LO HACEMOS POR AMOR.

A.            Nosotros, los que hemos experimentado la salvación de Dios de la pena del pecado, somos libres de hacer lo que nos plazca.  Podemos servir o no, sin que afecte para nada nuestra salvación de la pena del pecado.  Por eso Jesús dijo:  “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32) y “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (v. 36).  Pablo dijo:  “hermanos, a libertad fuisteis llamados” (Ef. 4:13).

B.            Ahora bien, si en Cristo somos libres de servir o no servir, ¿por qué serviría el hijo de Dios?  La respuesta es por amor.  Pablo dijo:  “el amor de Cristo nos constriñe” (2 Co. 5:14).  Simplemente “nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:19).  Ésta es nuestra motivación.

 

V.                 ES CUANDO NOS ENTREGAMOS, POR AMOR, AL CONTROL DE DIOS QUE EXPERIMENTAMOS EL ASPECTO DE LA GRACIA QUE NOS PUEDE SOSTENER ANTE EL PODER O DOMINIO DEL PECADO.

A.            Gá 5:6 dice:  “porque en Cristo Jesús [los que somos salvos de la pena del pecado] ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión [servicio legalista o carnal], sino la fe [obediencia a la Palabra de Dios] que obra por el amor” [servicio motivado por amor].  Pablo se refería a esta clase de servicio en Fil. 2:12:  “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”.  Cuando uno se somete a Dios, Él concede salvación del poder o dominio del pecado, que es el segundo aspecto de su gracia o favor inmerecido.

B.            Son los que se someten a Dios que experimentan la suficiencia de la gracia de Dios (2 Co. 12:9).  A ellos promete:  “fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13).  Son los que se entregan al Señor que experimentan la satisfacción que habían tenido los gálatas (Gá. 4:15).  Son ellos los victoriosos en el Señor y los felices (Jn. 13:17).  De ellos, Ro. 6:14 dice:  “el pecado no se enseñoreará de vosotros”.

C.            Son ellos los que experimentan de forma consciente la segunda clase de la gracia admirable de Dios, es a saber, su gracia sustentadora ante el poder del pecado.

 

VI.              CUANDO EL CREYENTE, SALVO DE LA PENA DEL PECADO, PIERDE SU AMOR Y COMIENZA A TENER ORGULLO, A SERVIR POR OBLIGACIÓN O A TENER MOTIVOS EQUIVOCADOS, EXPERIMENTA LA AUSENCIA DE GRACIA SUSTENTADORA.  ASÍ PIERDE LA SALVACIÓN DE LA TENTACIÓN Y TAMBIÉN DE LA DESTRUCCIÓN POR EL DIABLO.  COMO CONSECUENCIA, PIERDE SU GOZO, FRUTO Y TESTIMONIO.

A.            Pablo dijo:  “el ocuparse de la carne es muerte” y “los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Ro. 8:6-8).  Cuando el hijo de Dios pierde su libertad y su amor hacia Dios, y empiezan a predominar motivos carnales, entonces no agrada a Dios.  En lugar de permitir que Dios obre tanto el querer como el hacer, el creyente se rebela, siendo motivado por su propia voluntad. 

B.            Santiago habla de ello en Stg. 1:7:  “No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.”  Estas personas encuentran tentaciones que no pueden resistir.  El pecado domina sus vidas.  Caen en la trampa del diablo (1 Ti. 6:9).  Probablemente todos hemos visto, en nosotros mismos y en otros, cómo a veces el diablo vence al creyente, a pesar de ser salvo de la pena del pecado.  Nos hemos encontrado desanimados, amargados o resentidos por alguna enfermedad, muerte o pérdida, aunque sabíamos que Dios había permitido que ocurriera (Ro. 8:28).

C.            ¿Cómo es que los hijos de Dios a menudo son vencidos por el diablo?  No es por la falta de disponibilidad de la gracia sustentadora de Dios, ni tampoco porque su gracia haya perdido eficacia.  La gracia de Dios sigue disponible y sigue teniendo la misma eficacia que siempre.  Sin embargo, no experimentan la gracia de Dios en sus vidas, porque ellos mismos la han abandonado.  Así se encontraban los gálatas.  Gá. 5:4:  “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.”  No habían vuelto a estar encaminados hacia el infierno.  Pablo no se refería a la gracia salvadora de la pena del pecado.  Se refería en cambio a la gracia que sostiene cada día del dominio del pecado, que opera sólo donde la fe obra por amor.  Los gálatas, como muchos hijos de Dios, habían caído de la gracia.  Gá. 4:9 indica que conocían a Dios, pero que habían vuelto “a los débiles y pobres rudimentos”.  Ya no servían a Dios por amor, permitiendo que Dios obrara por medio de ellos.

D.            Cada vez que un hijo de Dios permite que le domine el egoísmo o la carne, cae de la gracia (no de la gracia que salva de la pena del pecado, sino de la gracia que sostiene del dominio del pecado).  Ningún pasaje de la Biblia, incluyendo Gá. 5:4, enseña que el creyente pueda caer de la gracia que salva de la pena del pecado.

 

VII.            POR LA POSIBILIDAD DE CAER DE LA GRACIA SUSTENTADORA, PERDIENDO ASÍ ANTE SATANÁS, A MENUDO, LA PALABRA DE DIOS NOS AMONESTA A CRUCIFICAR LA CARNE Y A SOMETERNOS POR COMPLETO A LA VOLUNTAD DE DIOS PARA QUE ASÍ PERMANEZCAMOS EN UNA CONDICIÓN PARA RECIBIR LA GRACIA QUE SOSTIENE.

A.            Las palabras de Dios por medio de Pablo son:  “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gá. 5:1).

B.            Col. 3:5:  “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros:  fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”.  Ro. 12:1-2:  “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

C.            Si andamos por fe y servimos por amor, entonces Dios siempre nos sustentará, concediéndonos victoria.  Sin embargo, vivir para uno mismo es caer de la gracia inmerecida de Dios que sustenta.  Pero aun así, caer de la gracia no significa perder la vida eterna.  Significa que uno puede perder la victoria sobre el poder del pecado.

           

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