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RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
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Algunos entienden que los versículos de texto para este estudio enseñan que el creyente no peca. Con ello se pervierte su significado, porque la Biblia no enseña, ni aquí ni en otro sitio, que el creyente viva sin pecado. Al contrario, enseña que todos los creyentes pecan. Además, las afirmaciones bíblicas sobre la ausencia de pecado (la mayor parte está en 1 Jn.) no contradicen las enseñanzas, también bíblicas, sobre el pecado en la vida del creyente. Estos conceptos se esclarecen a medida que se comprende el sentido de las afirmaciones de la Biblia.
I. A ALGUNOS LES PARECE QUE LA BIBLIA SE CONTRADICE SOBRE LA VIDA SIN PECADO DE LOS HIJOS DE DIOS.
A. Hay varias declaraciones de que los creyentes no pecan.
1. 1 Jn. 3:5-6: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.”
2. 1 Jn. 3:8 dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”
3. 1 Jn. 3:9 continúa: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”
4. 1 Jn. 5:18 constata: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado”.
5. Está fuera de cuestión que hay algún aspecto en que el hijo de Dios está sin pecado.
B. Sin embargo, la Palabra de Dios también dice que los creyentes pecan.
1. 1 Jn. 1:8-10 es un pasaje que afirma que el creyente peca. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”
2. Salomón declaró: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.” Pablo dijo: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.
3. Juan señaló la naturaleza pecaminosa de los creyentes cuando escribió: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.” No afirmaba la ausencia de pecado, sino el perdón por el pecado cometido.
4. Pablo era salvo por la sangre de Jesucristo (Fil. 3:8-9). Sin embargo, en el mismo pasaje, afirmó: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” También en 1 Ti. 1:15 afirmó: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” Usa el tiempo presente del verbo “soy” para indicar una condición presente.
5. Pedro era salvo, pero exclamó amargamente: “soy hombre pecador” (Lc. 5:8).
II. SE HAN HECHO MUCHOS INTENTOS PARA EXPLICAR ESTOS PASAJES.
A. Muchos, intentando desacreditar la Biblia, afirman que constituyen una contradicción.
1. La supuesta contradicción es que la Biblia enseña por un lado que los creyentes no pecan y por otro que sí.
2. Como veremos más adelante, se refieren a dos aspectos diferentes. Hay un sentido en que el creyente no peca y hay uno en que sí.
3. Sin embargo, no hay ninguna contradicción. “Dios [...] no miente” (Tit. 1:2). Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24:35). El rey David le dijo a Dios: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Sal. 119:160). De ninguna manera hay contrasentido en la Biblia. El que piensa que lo hay está admitiendo que no entiende lo que lee.
B. Algunos afirman que los pasajes que dicen que el creyente peca se refieren al pecado habitual.
1. Hay varios comentaristas destacados que sostienen esta teoría.
2. Pero, los pasajes afirman que el creyente no comete pecado. No dice que sólo peque de vez en cuando. Tampoco afirma que no peca habitualmente. Está claro que, sea cual sea el sentido de pecado, el creyente absolutamente no lo comete nunca. De hecho, está fuera de su habilidad hacerlo. 1 Jn. 3:9: “no puede pecar”.
C. Hay otros que piensan que el creyente mantiene una vida perfecta después de convertido.
1. Es el grupo que siempre habla de la santidad absoluta en la vida del creyente.
2. Simplemente hacen caso omiso a los pasajes que dicen que todos pecamos. Optan por una parte de las Escrituras a expensas de la otra. Así pierden la oportunidad para reconciliar los pasajes y así ver la hermosa armonía de ambos grupos. Por otro lado, muchos de los que creen que el creyente peca; por conveniencia, ignoran pasajes como 1 Jn. 3:6 y 9, haciendo como si no existieran.
3. Obviamente tenemos la obligación de tomar en cuenta la totalidad de la Biblia y no sólo las partes que encajan mejor con nuestras teorías preconcebidas. Además, no debemos ignorar, dar de lado o desmentir los pasajes que no sabemos explicar o que contradicen nuestras posturas.
4. Al considerar todas las Escrituras, la teoría de la vida sin pecado se desvanece rápidamente. Hay pecados de comisión (Stg. 4:17), y los hay de omisión (Ro. 3:23). 1 Jn. 1:8 dice que incluso la negación de la existencia del pecado es pecado. Ninguna persona sincera puede afirmar con honestidad que mantiene una conducta perfecta.
5. Jesucristo es el único que ha mantenido una vida sin pecado. Era “un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:19). Así que, He. 7:26 dice que es “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos”.
D. También hay el grupo que sostiene que la ausencia del pecado se refiere solamente al hombre interior, u hombre espiritual.
1. 1 Jn. 3:9 especifica que se refiere a “Todo aquel que es nacido de Dios”. Así que, infieren que sólo tiene que ver con el hombre interior o espiritual.
2. Muchos bautistas lo creen así, razonando que el hombre espiritual no puede pecar. Argumentan que el pecado se origina en el hombre externo o carnal, y que se limita a él.
3. Es cierto que el creyente se compone de hombre viejo y hombre nuevo, exterior e interior, carnal y espiritual.
a. Col. 3:9-10 hace referencia a ambos. Dice: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”.
b. 2 Co. 4:16 también lo hace, afirmando: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.”
c. Ro. 8:6 es otro pasaje que habla de la parte espiritual y la carnal de cada uno de nosotros.
4. A pesar de ello, no es un argumento válido afirmar que el hombre interior o espiritual no pueda pecar.
a. 2 Co. 7:1 establece de forma clara que no sólo puede pecar el hombre interior, sino que lo hace. “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” Cabe señalar que este versículo habla de “contaminación” tanto en la carne como en el espíritu. Por lo tanto, el argumento de que el hombre espiritual no peca no se puede sostener a la luz de la verdad.
b. De hecho, cada mandato al creyente en el Nuevo Testamento se dirige al hombre interior o espiritual. ¿Escribiría el apóstol Pablo “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros” al hombre carnal? (Col. 3:5). Es un mandato al hombre espiritual para que, por la gracia de Dios, domine al hombre carnal en conformidad a la voluntad divina. Ro. 12:1 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
c. Según 1 S. 15:22-23 la desobediencia es pecado. Así que, el hombre interior peca cuando no obedece los mandatos divinos en la Biblia. Por lo tanto, la teoría de vivir sin pecado en el hombre interior se desmorona.
III. LOS PASAJES QUE AFIRMAN LA AUSENCIA DEL PECADO, LO HACEN REFIRIÉNDOSE A UN PECADO ESPECÍFICO Y NO A PECADOS EN GENERAL.
A. Destaca 1 Jn. 3:4-10 “pecado” en singular y “pecados” en plural.
1. El v. 4 dice: “Todo aquel que comete pecado”. El v. 5 dice: “no hay pecado en él”. El v. 8 dice: “El que practica el pecado es del diablo”. El v. 9 continúa diciendo: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado”. Este último también afirma que “no puede pecar”.
a. Cuando las Escrituras usan la palabra “pecado” en singular, sin cualificaciones, normalmente es una referencia al pecado del mundo, que es la incredulidad en Jesucristo como Salvador personal.
b. Jn. 16:8-9 lo constata de manera incuestionable. Jesús afirma que el Espíritu convence “al mundo de pecado [en singular]”. Después añade: “De pecado, por cuanto no creen en mí”. Jesús establece claramente que el pecado del mundo es no creer. Otra vez “pecado” es singular.
c. Es por incredulidad (no por mentir, por ser inmoral...) que el mundo queda condenado delante de Dios. Es el pecado (singular), y no los pecados (plural), el que condena al mundo. Así lo dijo Jesús en Jn. 3:18: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”
d. Según Gá. 3:22, todo el mundo es culpable de este pecado. Dice: “Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado”. Otra vez “pecado” es singular. Este pecado es igual a incredulidad según Ro. 11:32 que dice: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia [incredulidad]”.
e. Ser culpable de este pecado significa estar bajo la ira de Dios (Jn. 3:36), ser del diablo (1 Jn. 3:8), estar sin Dios (1 Jn. 2:23) y no haber visto ni conocido a Dios (1 Jn. 3:6).
f. El pecado del mundo no es un sinfín de cosas mal hechas, es rechazar al Señor Jesucristo como Salvador personal, sea cual fuere la razón.
2. El v. 5 del texto también hace mención de “pecados” (plural). Dice: “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados”.
a. Emplea el pronombre posesivo “nuestros”. Por lo tanto, hay una determinada clase de personas bajo consideración. Los v. 1-2 esclarecen a quiénes se refiere: a los “hijos de Dios”, no a los pecadores alejados de Dios.
b. Después de convertirse, el creyente sigue cometiendo muchos pecados (plural), aunque el pecado (singular) ya se quitó. Puede mentir, preocuparse, robar, ser inestable, engañar...
c. “Pecados” (plural en este caso) constata los pecados cometidos por el creyente después de que “el pecado del mundo” se le haya sido quitado.
B. Jesucristo vino, ofreciéndose sobre la cruz, para deshacer ambas clases de pecado.
1. Tanto “el pecado” (singular), que es el de la incredulidad, como “los pecados” (plural), que son los cometidos por creyentes, son quitados por la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.
a. En cuanto al pecado de incrédulos, He. 9:26 dice: “se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.” Por lo tanto, Juan el Bautista pudo decir de Él: “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
b. En cuanto a los pecados cometidos por creyentes, 1 Jn. 1:7 dice: “y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” Es así porque sólo su sangre puede “quitar los pecados” (He. 10:4).
c. La única forma para salvarse y después la única forma para recibir perdón por los pecados cometidos diariamente es por la sangre derramada de Jesús, el Cordero de Dios. Su sangre perdona el pecado de la incredulidad y también perdona los pecados que impiden la comunión con el Padre. En ambos aspectos, la base de la misericordia es la sangre. Sólo ella permite que Dios sea misericordioso, justo y fiel en perdonar.
2. Se quita el pecado del mundo, la incredulidad, cuando el culpable se acerca a Cristo por fe en la obra consumada sobre la cruz. Así que, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Jn. 3:36). La promesa de Dios para todos los que están en esa condición es: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hch. 16:31).
3. Se quitan los pecados a los creyentes, culpables de cometer pecados diariamente, cuando los confiesan a Dios, mediante Cristo el Sumo Sacerdote. 1 Jn. 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Sobre la obra de Jesús por los hijos de Dios, He. 2:17 dice: “para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.”
C. Recalquemos que se quita el “pecado [singular] del mundo” al creer en Jesucristo, que es igual a creer la verdad.
1. La verdad es la Palabra de Dios.
a. Jesús lo dijo en Jn. 17:17: “tu palabra es verdad.”
b. Aunque toda la Palabra de Dios es verdad, sólo una parte concreta constituye la verdad que conduce a la salvación, es a saber, el evangelio (la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo, 1 Co. 15:3-4). 1 Co. 15:2 afirma que es por el evangelio que somos salvos. Dios salva cuando uno cree el evangelio (Ro. 1:16).
c. Es obedecer esta verdad lo que concede vida eterna. Pedro escribió: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido...” (1 P. 1:22). La Biblia contiene la verdad sobre la honradez, sobre higiene personal, sobre relaciones laborales y sobre muchas otras cosas. Un incrédulo puede obedecer estas verdades y así conseguir buenos resultados. Sin embargo, obedecer estas verdades no produce vida eterna. Sólo creer la verdad, llamada el evangelio de Cristo, resulta en vida eterna.
2. Ahora bien, la verdad del evangelio de Cristo es una semilla divina y viviente.
a. Pedro lo constató así: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 P. 1:23). Así que, la palabra del evangelio es una semilla espiritual que produce vida eterna en la persona que la escucha y la cree.
b. Santiago también dijo: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Stg. 1:18).
3. Cuando la semilla del evangelio produce un nuevo nacimiento, ella permanece en el creyente para siempre.
a. Es exactamente lo que enseña 1 Jn. 3:9: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”
b. La semilla que genera vida es inseparable de la vida que ha generado. La semilla se echa en la tierra, brota, produce una planta madura y finalmente produce fruto. Al final del proceso no se puede reclamar la semilla original. Sin embargo, está en toda la planta. Se puede decir que literalmente la semilla permanece en la descendencia mientras hay descendencia.
c. La descendencia de la semilla incorruptible, la palabra de Dios (1 P. 1:23), es una nueva criatura (2 Co. 5:17), con vida eterna (Jn. 17:2-3). Mientras viva, que será por la eternidad, la semilla, la incorruptible palabra de Dios, permanecerá en ella. Pensar en quitar la semilla de ella (que sería la única forma para que cometiera el pecado de incredulidad) es absurdo y ridículo. Ha nacido por la palabra de verdad y ella será una parte permanente de su ser espiritual. Ahora, las palabras de 1 Jn. 5:18 suenan a gloria: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado”.
4. Ya que esta palabra eterna permanece en el creyente para siempre, es obvio que no puede pecar, o sea, no puede cometer el pecado de incredulidad, aunque sí que puede cometer otros pecados. Esta enseñanza da fe de la seguridad eterna del creyente. Cuando uno recibe la semilla, o verdad del evangelio, es para siempre. Es imposible sustraer la semilla. Entonces, Juan dijo: “Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna” (1 Jn. 2:24-25). Todo creyente tiene vida eterna y no la puede perder, no porque vive sin pecar, no porque permanece hasta el fin, sino porque “la simiente de Dios permanece en él” (1 Jn. 3:9).
D. Además, los que han creído la verdad del evangelio están “en Cristo”.
1. 2 Co. 5:17 indica, igual que muchos pasajes, que el creyente “está en Cristo” (también Ef. 1:3; Col. 2:5). 1 Jn. 5:20 dice: “estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo”. Ef. 3:6 indica que se llega a estar “en Cristo” “por medio del evangelio”.
2. El texto, 1 Jn. 3:5, dice que en Cristo “no hay pecado”. Aunque es cierto que Jesucristo vivió sin pecar, lo que este versículo quiere decir no es eso. Se refiere a la posición de los creyentes “en él”.
3. Ro. 4:8 hace referencia a los que “el Señor no inculpa de pecado”, los que están en Cristo por el evangelio.
a. Es así porque “el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Ro. 10:4).
b. Donde acaba la ley, ya no hay ley, y “donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (Ro. 4:15). Así que, “donde no hay ley, no se inculpa de pecado” (Ro. 5:13).
c. Por lo tanto, dado que Cristo es el fin de la ley y que no hay pecado donde no hay ley, nosotros que estamos en Cristo, no tenemos el pecado del mundo (incredulidad al evangelio de verdad). En vez de ello, nos “hizo perfectos para siempre” (He. 10:14).
d. Estamos “en Cristo” “y no hay pecado en él” (1 Jn. 3:5).
4. 1 Jn. 3:6 afirma que “Todo aquel que permanece en él, no peca”, lo cual demuestra que 1 Jn. 3:5 se refiere a la posición perfecta del creyente en Jesucristo.
5. Se evidencia, otra vez, que el pecado bajo consideración es el de la incredulidad y no los pecados en general. El texto afirma que cualquier culpable del pecado en cuestión “es del diablo” (v. 8) y a Cristo “no le ha visto, ni le ha conocido” (v. 6). Sólo se puede decir tal cosa de incrédulos. Evidentemente no hace referencia a ningún hijo de Dios. Jn. 10:14 dice: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”. Así concluimos que estos “nacidos de Dios”, los que están “en él”, no pueden cometer el pecado de la incredulidad que es el pecado del mundo.
E. Por lo tanto, los pasajes que hacen referencia a una vida sin pecado se refieren a que los creyentes no cometen, ni cometerán, el pecado del mundo que es rechazar el evangelio de Cristo.
1. Después de creer, lo cual inicia el nuevo nacimiento, no pueden retroceder para deshacer lo que ya está hecho. Jesús dijo: “No son del mundo” (Jn. 17:16). Los que son de Cristo tienen una eterna naturaleza celestial incapaz de cometer “el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Por eso, el texto dice que no pueden pecar. Ninguno de ellos comete el pecado de la incredulidad hacia la verdad del evangelio, porque es incapaz de hacerlo.
2. Estos pasajes no tienen nada que ver con “pecados” (plural). Todos los creyentes comenten pecados, excepto el pecado de la incredulidad al evangelio de Cristo. Pueden pecar no creyendo muchas promesas para el creyente. Sin embargo, no pueden retroceder para rechazar el evangelio después de haberlo creído, porque esta fe es irrevocable. Estos pasajes que hablan de la ausencia de pecado no tienen nada que ver con vivir sin pecar mediante una conducta intachable. Tampoco se refieren a que el hombre interior sea perfecto, sin cometer pecados. Tampoco indican que el creyente viva habitualmente sin pecar, sólo cayendo de vez en cuando. Hacen referencia al pecado de la incredulidad al evangelio de Cristo, que ningún creyente jamás comete.
Lo que cree hace la diferencia