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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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LOS SANTOS DE DIOS

1 Co. 1:1-9

 

          Existe bastante diversidad de opiniones sobre lo que constituye un santo.  En algunas iglesias, especialmente la Católica, un santo es un individuo reconocido de forma oficial por haber vivido de manera excepcionalmente santa y, por ello, ha sido canonizado por la iglesia.  “Canonizar” significa “declarar solemnemente santo” a una persona fallecida.  Así se añade al canon de la iglesia con los demás que se consideran santos.  Esta práctica de canonización no empezó hasta el siglo VI d. C.  (Encyclopedia Brittanica), y desde entonces estos “santos” han sido venerados, o adorados.  Algunos de los más conocidos son: San Policarpo, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Patricio, San José, y miles de otros.  Cabe destacar que santos, en este sentido, son personas destacadas por su religiosidad, fallecidas y declaradas santas por la iglesia.

          Muchos opinan que cualquier persona buena, religiosa, benévola y paciente es santa.  Por supuesto, para ellos sería incomprensible que una persona no tan destacada pudiera ser considerada santa.  Es obvio que la base para ellos es la conducta.  De ahí, la expresión “es un santo.”

          En estos dos conceptos, la calidad de santo siempre está en peligro.  Sin duda, a los de la primera categoría no les importa en absoluto, porque ni han sabido que se les consideraban santos.  Sin embargo, la iglesia, si así lo decidiera, podría anular su calidad de santo en cualquier momento.  Los considerados santos por su conducta actual, naturalmente dejarían de ser considerados así en el momento de  no merecerlo.

          Sin embargo, estos conceptos no son enseñanzas bíblicas, sino especulaciones vanas.

 

I.                    LA VERDAD ES QUE SÓLO DIOS PUEDE DECIDIR QUIÉN ES SANTO.

A.            Por definición, “santos” quiere decir “santificados”.

1.             Según W. E. Vine, en el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, la palabra “santo” se traduce al castellano de la palabra griega “hagios” (“separado”).  A continuación W. E. Vine explica que quiere decir “separado del pecado y por ello consagrado a Dios”. 

2.             La enseñanza bíblica es que uno es santo porque Dios lo separa de los demás, declarándolo santo cuando cree el evangelio del Señor Jesucristo.  El evangelio es el poder de Dios para la salvación (Ro. 1:16).  Cuando uno lo cree, es salvo (1 Co. 15:1-2).  Según He. 10:10, los que somos salvos también “somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

3.             Dios nos declara santos cuando llegamos a su familia real, mediante la obra de Jesús sobre la cruz.  Pedro, hablando de los creyentes, dijo:  “vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa [hagion]” (1 P. 2:9).  Somos santos, no por vivir piadosamente, sino por la obra que Dios realizó en Jesucristo.  He. 3:1 afirma lo mismo:  “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús”.  Enfatiza que somos “hermanos santos” porque somos “participantes” de la obra de Cristo.  Nuestra posición de santidad, o separación a Dios, se basa en que Cristo derramó su sangre por nosotros y llevó nuestros pecados sobre sí mismo en la cruz.  Col. 1:20-22 trata lo mismo y, después de explicar la muerte de Cristo sobre la cruz, dice:  “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos [hagios] y sin mancha e irreprensibles delante de él".

4.             Es obvio que uno llega a ser “santo” (hagios) por la obra de Cristo en la cruz.

B.            Por lo tanto, todos los creyentes son santos de Dios.

1.             Ser santo no es por obras humanas.  En cambio, es un estado al cual Dios nos llama, por su gracia, en virtud de la obra de Cristo en la cruz.  2 Ti. 1:9 dice:  “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.”  Cabe señalar que ser santo es un llamamiento, una designación, no un esfuerzo humano.

2.             Hablando de santos, W. E. Vine dice que es un término que designa a todos los creyentes “y no se aplica a personas que, habiendo muerto, hubieran estado caracterizadas por actos excepcionales de santidad” (Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento).

3.             2 Ts. 1:10 demuestra de forma clara que ser santo y ser creyente es lo mismo.  Este versículo hace referencia a la venida del Señor “para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).”  Así que, los santos son los creyentes.  Por eso Pablo escribió a los creyentes de Corinto diciendo:  “ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados [hagiazo, o sea, hechos santos], ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Co. 6:11). 

4.             Es ajeno a la Palabra de Dios el concepto que uno llega a ser santo por vivir piadosamente.  Es erróneo pensar que sólo una parte de los creyentes llegan a ser santos.  La iglesia no tiene nada que ver con el hecho de que uno sea santo o no.  Una ceremonia religiosa en la que se añade el nombre de una persona al canon de los santos (canonización) no hace que sea un santo.  Si la persona era creyente antes de que le inscribieran como santo, ya era santo.  La canonización es ridícula, porque indica que la iglesia tiene autoridad para santificar.  Sin embargo, sólo Dios puede santificar, y lo hace sólo por la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo.  Se debe recordar que nadie pretendía santificar a nadie hasta que la Iglesia Católica Romana lo decidiera en el siglo VI.  Anteriormente algunas iglesias habían honrado a creyentes fallecidos, pero sin pretender santificarlos.  Incluso la historia secular demuestra que el término “santo” originalmente se usaba para designar a todos los creyentes (Encyclopedia Brittanica).

5.             La enseñanza bíblica es, y siempre ha sido, que Dios establece a cada creyente como santo suyo.

a. Ef. 2:19-20 designa a creyentes como “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”.

b.             Al escribir a los creyentes de Colosas, Pablo les llamó “santos” (Col. 1:1-2).  En los v. 12-14, dijo:  “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”  Es obvio que Dios considera al creyente un santo.

c. En Ro. 8:27, Pablo llamó a los creyentes “santos”.  Llamó “santos” a los creyentes de Roma (Ro. 1:8), de Éfeso (Ef. 1:1), de Filipos (Fil. 1:1) y de Acaya y Corinto (2 Co. 1:1).

 

II.         UNO NO ES SANTO POR SER DEVOTO.

A.            Indudablemente los santos deberían santificarse (apartarse) para vivir conforme con su llamamiento.  Sin embargo, hay que distinguir claramente entre ser santo y vivir con santidad.

1.             A los creyentes efesios, que eran llamados “santos” (Ef. 1:1), se les instruyó que orasen por otros santos (Ef. 6:18).

2.             He. 6:10 enseña que los santos deberían servir a otros santos.

3.             Todos los mandatos al servicio, a la buena conducta, a tener actitudes correctas, a la buena conversación y a la vida santa son para los creyentes, que son los santos de Dios.  Así que, todos los santos deberían tener vidas santas.

B.            Pero, un santo que no vive como tal sigue siendo un santo.

1.             Los hermanos corintios lo demuestran de forma muy obvia.  Todavía eran inmaduros, aunque habían tenido tiempo para madurar (1 Co. 3:1).  Los v. 2-4 del mismo capítulo afirman que eran carnales, siendo orgullosos y contenciosos.  Uno de entre ellos fornicó con su madrastra, lo cual había causado contiendas en la iglesia (1 Co. 5:1).  Había disputas sobre el matrimonio y el divorcio (1 Co. 7), y algunos habían abusado de la Cena del Señor, emborrachándose con el vino (1 Co. 11:16-22).

2.             Pero, a pesar de ello, Pablo, bajo inspiración divina, les llamó “santos” (1 Co. 1:2).  Procedió a explicar en los siguientes versículos por qué eran santos.  En el v. 3 mencionó la gracia de Dios, en el v. 4 les explicó que él estaba agradecido por “la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús”.  No daba gracias por la fidelidad de los corintios.  Los v. 4-5 demuestran que eran lo que eran sólo por la gracia de Dios.  Entonces, en los v. 7-8, escribió:  “el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.  Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”  La calidad de santos de los corintios, y lo que esto involucraba, dependía exclusivamente de la fidelidad de Dios.

3.             No ha cambiado nada en cuanto a los santos de Dios.  Dios es quien los hace santos, y también es quien los mantiene santos.  No depende del hecho de vivir en santidad.

 

III.               ADEMÁS, LOS CREYENTES NO TIENEN QUE MORIR PARA LLEGAR A SER SANTOS.

A.            Muchos piensan, y algunas iglesias enseñan, que uno tiene que morir para llegar a ser santo.  No es así. Cada creyente vivo es un santo viviente.

1.             En Ef. 1:1; 1 Co. 1:2; Fil. 1:1 y Col. 1:2 Pablo escribía a personas que todavía no habían muerto, llamándoles “santos”.  No tuvieron que morir y esperar que alguna iglesia los canonizara para llegar a ser santos.  Ya eran santos, igual que todos los creyentes, a partir de su conversión.

2.             Demostrando que los creyentes vivos eran santos, Pablo habló de la posibilidad de que una viuda lavara “los pies de los santos” (1 Ti. 5:19).  Hch. 9:32 dice:  “Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.”  Después llegó a Jope y resucitó a Dorcas.  En el v. 41 dijo:  “Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.”  Los santos mencionados en estos pasajes no eran personas fallecidas y canonizadas.  Se refería a personas vivas.  Pablo habló de que antes de convertirse había encarcelado a muchos de los santos.  Claro está, se trataba de creyentes vivos.  Ro. 12:13 habla de repartir a los santos necesitados.  Ro. 5:25-26 habla del deseo de Pablo de ir a Jerusalén “para ministrar a los santos.”  1 Co. 16:1 habla de hacer una colecta para los santos de Jerusalén.  Indudablemente todos ellos habían llegado a ser santos mientras vivían.

3.             Quizá una de las pruebas bíblicas más claras está en Sal. 16:3 que dice:  “Para los santos que están en la tierra”.  Se puede afirmar, sin equivocarse, que si uno no llega a ser santo durante la vida, nunca llegará a serlo.

B.            El Señor ama a sus santos y procura su bien.

1.             El rey David lo describió así:  “Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos.  Para siempre serán guardados; mas la descendencia de los impíos será destruida” (Sal. 37:28).

2.             Salomón dijo:  “Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos” (Pr. 2:8).

3.             Sal. 116:15 afirma:  “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.”

4.             Un día nuestro Señor llegará con sus santos (1 Ts. 3:13), quienes recibirán gloriosos cuerpos inmortales (1 Co. 15:51-54) y  serán glorificados con Dios (2 Ts. 1:6-10).

 

Lo que cree hace la diferencia