![]()
10250 North Freeway @ West Road
Houston, Texas 77037
Tel: (281) 447-8484
RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
Este material es propiedad literaria y se prohibe copiar o reproducir sin permiso expresado en escrito por el Dr. Lester Hutson
Para ordenar su copia de Razones de lo que Creemos,
vea la sección marcada Publicaciones
A pesar de la claridad de las enseñanzas bíblicas sobre el tema, prevalece mucha confusión sobre el altar. Los altares terrenales ya han cumplido su misión, pero muchas personas, incluso bautistas, efectúan adoración a altares hechos por hombres. Creemos que hoy sólo hay un altar, que es Cristo Jesús, el cual está en los cielos. Creemos que hoy en día está mal utilizar un altar terrenal para la adoración.
I. EN LA BIBLIA HABÍA MUCHOS ALTARES, CADA UNO CON SU PROPÓSITO.
A. En las páginas del Antiguo Testamento encontramos muchos altares.
1. Gn. 8:20: “Y edificó Noé un altar a Jehová”. También hicieron altares Abraham (Gn. 12:7), Jacob (Gn. 35:1), Moisés (Éx. 17:15), Elías (1 R. 18:30) y muchos otros.
2. David dijo: “Entraré al altar de Dios” (Sal. 43:4).
3. En el tabernáculo de Dios había un altar de incienso (Éx. 30:27) y otro de holocausto (Éx. 40:10).
4. El altar era algo común para los israelitas.
B. El altar del Antiguo Testamento servía como lugar de adoración.
1. El altar representaba juicio y sacrificio por los pecados.
2. Por ejemplo, en Lv. 1:3-17, hablando del holocausto, dice: “Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar, el cual está a la puerta del tabernáculo de reunión” (v. 5).
3. De hecho, todo el libro de Levítico demuestra la importancia del altar bajo el antiguo pacto.
4. Los sacerdotes del Antiguo Testamento servían “al altar” (1 Co. 9:13), haciendo mediación entre Dios y su pueblo.
a. Día tras día los sacerdotes ofrecían ante Dios sacrificio tras sacrificio a favor del pueblo. Ofrecían “primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo”.
b. Los sacerdotes del Antiguo Testamento estaban ante el altar continuamente haciendo mediación por el pueblo. He. 10:11: “todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios”.
5. Por lo tanto, el altar del Antiguo Testamento era donde Dios se encontraba con su pueblo por medio del sacerdote.
6. El altar servía como lugar de encuentro entre Dios y su pueblo.
II. CADA ALTAR DEL ANTIGUO TESTAMENTO AUTORIZADO POR DIOS CONSTITUÍA UN TIPO.
A. Ningún altar o sacerdote del Antiguo Testamento quitaba el pecado.
1. He.10:11, en referencia a los sacerdotes y sacrificios, dice: “que nunca pueden quitar los pecados”.
2. He. 10:1 afirma que ninguna parte de la ley, incluyendo el altar y los sacrificios, podía “hacer perfectos a los que se acercan.” He. 7:11: “Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?”
3. Pablo afirma en Gá. 2:16: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley”.
4. Así que, el altar no era el lugar donde Dios verdaderamente se encontraba con el hombre. Estaba diseñado para señalar el auténtico lugar de encuentro.
B. Debe ser evidente por qué las Escrituras dicen que la ley y, por consiguiente, el altar que formaba parte de ella, era una “sombra de los bienes venideros”.
1. He. 8:5, refiriéndose a los sacerdotes que ofrendaban según la ley, dice: “los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales”.
2. He. 9:9 afirma que el tabernáculo era “símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios”.
3. He. 9:24 dice que los lugares sagrados del Antiguo Testamento eran “figura del verdadero”.
4. He. 10:1 dice que la ley era “sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas”.
5. Cada altar, siendo un tipo o símbolo del auténtico altar, era una indicación de algo mucho mejor que vendría. Muchos de los que se acercaban seguramente veían más allá del altar; no hacerlo significaban no captar su mensaje.
C. Dios dio instrucciones explícitas para la construcción de altares para que su tipología o simbolismo fuera exacto.
1. Éx. 20:24-26 enseña que el altar tenía que ser de tierra o piedra.
a. La tierra indica la condescendencia de Cristo al encarnarse para salvarnos. 2 Co. 8:9: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” “Dios formó al hombre del polvo de la tierra” (Gn. 2:7) “Y aquel Verbo fue hecho carne” (Jn. 1:14).
b. La piedra indica la naturaleza divina de Cristo, que es “aquella piedra” en Lc. 20:17-18.
2. No se podía emplear piedra labrada en la construcción de altares, porque sería contaminante (Éx. 20:25). Alteraciones hechas por hombres indicarían simbólicamente que Jesucristo fuera un mero hombre, hijo de José, obra del hombre.
3. El altar de Dios no había de requerir el uso de escaleras (Éx. 20:26).
III. EL AUTÉNTICO ALTAR, AL CUAL SEÑALABAN ESTOS TIPOS, ERA JESUCRISTO.
A. El cumplimiento de la tipología era Jesucristo.
1. He. 13:10: “Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.” Los versículos 12 y 13 indican quién es nuestro altar: “Jesús” (v. 12) y “Salgamos, pues, a él” (v. 13).
2. Ro. 10:4: “porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” “El fin” significa “el cumplimiento”. Es decir, no hace falta esperar más para encontrar el cumplimiento de los tipos, porque ya ha llegado.
3. El verdadero lugar de encuentro entre Dios y el hombre es Jesucristo.
a. 1 Ti. 2:5: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”
b. A diferencia de los sacerdotes levíticos, que ofrecían sacrificios continuamente, Jesucristo fue nuestro sacrificio y altar una vez para siempre. Así logró lo que todos los sacerdotes, sacrificios y altares no pudieron efectuar. He. 10:10-14: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
c. En vista de lo que ya ha logrado, nunca volverá a ofrecer nada sobre ningún altar.
4. Así que, las Escrituras recalcan que Cristo es el auténtico altar al que hemos de ir. He. 8:1-2: “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.”
B. Por lo tanto, Cristo es nuestro altar celestial, porque no está sobre la tierra.
1. He. 9:24: “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”.
2. He. 10:12: “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecadores, se ha sentado a la diestra de Dios”.
3. He. 4:14-16: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios [...] Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia”. Cristo es nuestro punto de encuentro con Dios, por lo tanto, no necesitamos ningún altar.
C. Puesto que Cristo es el cumplimiento de los tipos y símbolos del Antiguo Testamento, ya no tenemos necesidad de ir a ellos, sino al auténtico altar que señalaban.
1. El pecador alejado de Dios sólo puede acercarse a Él cuando oye y cree el evangelio, o sea, la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo (Jn. 5:24; 1 Co. 15:1-4). El evangelio es el medio divino para salvar al perdido (Ro. 1:16). Todos los que han oído el evangelio, creyéndolo, han encontrado a Dios por medio de Cristo (Ef. 2:13-16).
2. Además, el creyente sólo puede acercarse a Dios mediante Cristo, quien es nuestro sumo sacerdote y mediador (He. 4:14-16).
3. Fuera de Cristo no hay ningún altar auténtico. No hay otro lugar de encuentro con Dios.
a. A pesar de lo que acabamos de ver, muchos insisten en tener un altar hecho por hombres. Normalmente se construyen de diferentes materiales, sin tener en consideración las especificaciones de la ley. Los hay en casas particulares y los hay en lugares de reunión de iglesias.
b. ¿Por qué ir a un altar terrenal cuando la Palabra de Dios dice que vayamos al verdadero altar que está en los cielos?
c. ¿Por qué añadir a lo que Dios dice? ¿Qué sentido tiene un altar terrenal cuando está disponible el altar celestial?
d. Puesto que Cristo es el auténtico altar, el hecho de levantar un altar terrenal, ¿no indica que hay un lugar de encuentro con Dios fuera de Cristo?
e. ¿No implica el acudir a un altar terrenal un desprecio por el verdadero altar?
4. Bajo el nuevo pacto, no se menciona, ni se describe, ni se permite un altar terrenal.
a. Los altares tienen poca historia en las iglesias bautistas. La historia demuestra que nos llegaron por medio de los reformadores, quienes los trajeron de la Iglesia Católica. Además, la historia enseña que durante siglos los verdaderos creyentes rechazaban los altares igual que el agua bendita, las velas, el bautismo infantil, etc.
b. Los altares hechos por hombres dan una falsa esperanza. Muchas personas piensan que pueden salvarse orando en un altar. La Palabra de Dios no promete salvar a nadie por orar o por hacer cualquier otra cosa que no sea creer. Uno puede recibir la salvación mientras está en un altar, pero no se salva por estar allí.
c. Cristo nos libró de la ley de ordenanzas judías; sin embargo, muchos bautistas quieren volver a ponerla mediante el uso de altares. Dios, hablando de las ordenanzas de la ley, dijo: “si retrocediere, no agradará a mi alma” (He. 10:38).
D. Verdaderamente no nos hace falta ningún altar que no sea Cristo.
1. Él es suficiente. En Él nos encontramos directamente con Dios. Él constituye el lugar de encuentro.
2. ¿Por qué querer otro altar? ¿Qué propósito podría tener? No hay nada mejor que el auténtico altar, Jesucristo.
3. He. 13:10-13: “Tenemos un altar [...] Jesús [...] Salgamos, pues, a él”. No hay otro sitio dónde encontrar a Dios. Para encontrarse con Dios hay que mirar hacia el cielo, donde está el auténtico altar; no a la tierra, porque no está.
Lo que cree hace la diferencia