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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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FE NO ES PRESUNCIÓN

1 Ti. 1:18-19

 

          Muchas personas, incluso creyentes, no saben bien lo que es la fe.  Menos todavía viven por fe.  Este estudio bíblico ofrecerá una definición de fe y demostrará que no se trata de presunción.  La mayoría tiende a confundir ambos conceptos. 

 

I.                    PRIMERO, APRENDAMOS LO QUE ES LA FE VERDADERA SEGÚN LA BIBLIA.

A.            Tener fe es creer lo que Dios dice.

1.             Ahora no pretendo abarcar el concepto de “todo el cuerpo de verdad contenida en la Biblia”.  Judas se refería a él en Jud. 3 como “la fe que ha sido una vez dada a los santos.”  Tampoco me refiero a la fe que tenía Jesucristo para efectuar sus obras milagrosas (Fil. 3:9).  Este estudio trata de creencias sostenidas.

2.             “Fe”, en este sentido, es la traducción de la palabra griega “pistis”.  W. E. Vine, en su Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento (CLIE), la define así:  “firme persuasión, una convicción basada en lo oído”.  Además, señala que “pistis”, “se usa en el NT siempre de fe en Dios o en Cristo, o en cosas espirituales.”  Así que, una definición acorde con la Biblia sería “creencias o convicciones basadas en oír la Palabra de Dios”.  Esto concuerda perfectamente con Ro. 10:17 que afirma:  “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”  Quedan claros los dos elementos básicos de la fe verdadera:  (1) creer en (2) la Palabra de Dios.

B.            Esta definición sencilla de fe se ve repetidamente en la Palabra de Dios.

1.             He. 11 es un capítulo que ilustra de forma especial lo que es la fe.

a. El v. 1 dice:  “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”  “Certeza” es “hupostasis” en griego, que significa seguridad.  “Convicción” es “elenchos”, que quiere decir prueba.  La base de nuestra seguridad y convicción es la fe.  Sin ella no podemos estar seguros, porque falta validación (prueba).  Evidentemente, la fe se basa en la afirmación de Dios, que no puede mentir (Tit. 1:2).  Así que, la consecuencia de la fe verdadera es seguridad y convicción acertadas.

b.             Los v. 2-3, siguiendo el razonamiento divino, afirman que la fe es (1) creer en (2) la Palabra de Dios.  A fin de cuentas, sólo sabemos que el mundo llegó a existir por la Palabra de Dios, porque así lo afirma Dios. (Gn. 1).  Estamos seguros de ello porque confiamos en su Palabra.  La afirmación de cualquier otro no constituiría una prueba.

c. Dios le dijo a Noé que iba a destruir el mundo.  Además, le dijo que construyera un arca para su propia preservación (Gn. 6:13-22).  Noé le creyó a Dios y He. 11:7 constata que fue por fe.

d.             Dios le prometió a Jacob, el padre de José, que con el tiempo, libraría a Israel de Egipto (Gn. 46:3-4).  José creyó aquella afirmación (palabra) de Dios.  Más de trescientos años antes de cumplirse la promesa “hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo:  Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí [de Egipto] mis huesos” (Gn. 50:25).  Dios dice que la confianza en la promesa (palabra) de Dios constituyó fe (He. 11:22). 

e. Este capítulo nos da muchos ejemplos de la misma índole.

2.             Lc. 5:4-5 ejemplifica la fe, aunque no lo denomina así.  Jesús dijo que Pedro echara las redes para pescar.  Pero éste, con su propio raciocinio, no veía cómo podía pescar nada.  Sin embargo, le dijo a Jesús:  “mas en tu palabra echaré la red.”  Aunque su fe era débil (Jesús dijo “redes” en el v. 4, pero Pedro echó una red), no dejó de confiar, y como resultado de obedecer pescó mucho. 

3.             Pedro y Juan demuestran que la fe consiste en confiar en la palabra de Dios.  Dios les prometió poderes especiales para curar a enfermos y para realizar obras milagrosas (Mr. 16:17-18).  Motivado por esta promesa, “Pedro, con Juan, fijando en él [el cojo] los ojos, le dijo [...] No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hch. 3:4-6).  Así realizaron un milagro por fe (creyeron en la promesa de Dios).  Si lo hubiera intentado cualquier persona que no fuera apóstol, no habría actuado por fe.  La promesa registrada en Mr. 16 fue para los apóstoles y los que recibieran la imposición de manos de ellos.

 

II.                 MUCHO DE LO QUE SE LLAMA FE NO ES MÁS QUE PRESUNCIÓN.

A.            La presunción y la fe no son iguales.

1.             Uso el término “presunción” en el sentido de “suposición”.  Proviene de “presumir” en su definición de “juzgar o conjeturar una cosa por tener indicios o señales para ello” (Diccionario de la Lengua Española RAC).  Implica creer sin pruebas.

2.             Puede que alguien crea alguna cosa por presunción que luego se demuestre ser verdad, sin embargo, no es fe verdadera.  La creencia es exclusivamente un asunto de fe si se basa en lo que Dios dice.  El individuo lo cree porque Dios lo afirma.  Incluso, si alguien cree algo que Dios ha dicho sin saber que procedía de Dios, no es fe.  Recalco que fe es creer lo que Dios dice.

3.             Ahora es necesario establecer que fe y creencia no son necesariamente iguales.  Se puede sostener una creencia, incluso de forma acérrima, que no se basa en la palabra de Dios.  De hecho, una definición de creencia es “una opinión sostenida de buena fe, sin referencia necesaria a su confirmación”.  Por lo tanto, muchas veces las creencias son presuntuosas, sin corroboración.  Al contrario, la fe nunca es presuntuosa.  La fe verdadera siempre cree en la palabra de Dios.  Si la base de la opinión no es la palabra de Dios, entonces no es fe.  Así que, una creencia puede ser por fe o no por fe.  Es por fe si se basa en lo que Dios dice.  Si no es así se trata de presunción.

4.             La opinión más común es que la fe es simplemente creer algo muy firmemente.  Cuando un ser querido se enferma, el familiar se convence de que se mejorará.  Dice:  “Tengo fe en que se curará.”  Una creencia o convicción así no es fe.  Es presunción, porque Dios no promete que se mejorará, de hecho, ni promete que vivirá.  Se habla de fe en la economía, fe en ganar la lotería, fe en que todo saldrá como uno quiere.  Confianza o creencia de esta clase es mera presunción, no es fe.  Dios no ha dado promesas de esta naturaleza, y creencias basadas en lo que no ha dicho Él es presunción.  Eso no es fe.

5.             Ahora bien, Dios ha prometido obrar para nuestro bien (Ro. 8:28), proveer gracia (1 Co. 10:13) y dar victoria (Ro. 8:37).  Por lo tanto, proviene de fe decir:  “Sé que Dios me cuidará hoy” o “Todo saldrá bien”, etc.  Puede que el cuidado de Dios permita que pasemos por diversas pruebas (1 P. 1:5-6).  Especificar cómo Dios nos llevará por diferentes situaciones en el camino a la victoria es presunción, porque no nos lo ha comunicado.

6.             Sólo por el hecho de estar muy convencido de algo no es tener fe.  Se trata de fe cuando (1) la creencia se basa en (2) la palabra de Dios.

B.            La Biblia hace una clara diferencia entre fe y presunción.

1.             Puede que el mejor ejemplo sea Dt. 1.

a. Después de salir de Egipto, Moisés e Israel llegaron al monte del amorreo (v. 20). 

b.             Si hubieran subido enseguida, sin desanimarse, Dios les habría dado la victoria ante los amorreos (v. 21).

c. Sin embargo, tuvieron miedo, se desanimaron y murmuraron contra Dios (v. 22-23).  Por lo tanto, Dios retiró su promesa de victoria.  “Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró diciendo:  No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres” (v. 34-35).  Entonces les dijo:  “Pero vosotros volveos e id al desierto, camino del Mar Rojo” (v. 40).  Prohibió que entonces subieran contra los amorreos.  “Y Jehová me dijo:  Diles:  No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos” (v. 42).

d.             Dios hizo una promesa, luego la retiró.  A pesar de ello, los israelitas cambiaron de parecer pensando que podían vencer a los amorreos.  El v. 41 dice:  “Entonces respondisteis y me dijisteis:  Hemos pecado contra Jehová; nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado.  Y os armasteis cada uno con sus armas de guerra, y os preparasteis para subir al monte.”

e. A pesar de la desaprobación de Dios, pensaron que podían conquistar el monte.  Procedieron con obstinación, lo cual resultó en desastre.  El v. 44 dice:  “Pero salió a vuestro encuentro el amorreo, que habitaba en aquel monte, y os persiguieron como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, hasta Horma” (también en Nú. 14:40-43).

f.  A pesar de lo convencidos que estuvieran, el hecho de subir no representó fe, porque subieron a pelar sin autorización de Dios.  Constituyó un acto de presunción.  Así lo constató Dios en el v. 43:  “Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová, y persistiendo con altivez subisteis al monte.”

g. Está claro que estar muy convencido de algo no es igual a tener fe.  Sólo es fe si es (1) creer (2) lo que Dios ha dicho.  Una creencia basada en cualquier otra cosa es presunción.

2.             Dt. 17:11-13:  “Según la ley que te enseñen, y según el juicio que te digan, harás; no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la sentencia que te declaren.  Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de Israel.  Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerá.”  Está muy claro que es presunción no creer y no actuar basándose en la palabra de Dios.  La fe requiere creer lo que Dios dice, y el andar por fe requiere caminar en conformidad con la palabra de Dios.

3.             La misma verdad se encuentra en Dt. 18:20-22:  “El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.  Y si dijeres en tu corazón:  ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.”  Un profeta habla conforme a fe únicamente si comunica lo que Dios dice.  De otra manera es presunción.

4.             El apóstol Pedro habló de los “atrevidos” (presuntuosos) y de los “contumaces” (rebeldes) en 2 P. 2:10.  Creer o actuar sin la autorización de la palabra de Dios es caer en el mismo error, aunque puede variar en cuanto a gravedad.  La mayoría de nosotros somos culpables de presunción más de lo que quisiéramos admitir.  2 Co. 5:7 dice que debemos andar por fe y no por vista.  Andar por vista es andar presuntuosamente.  Significa creer y actuar en ausencia de promesa divina.  Es lo que la mayoría de nosotros hacemos la mayor parte del tiempo.  Andamos por vista y no por fe.  Somos personas presuntuosas más bien que personas de fe.  Sin embargo, solemos llamar nuestras presunciones “fe”.

5.             El rey David oró en una ocasión:  “Preserva también a tu siervo de las soberbias [presunciones]; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión” (Sal. 19:13).  Sería una oración excelente para todos nosotros.

 

III.               EL PUEBLO DE DIOS DEBE ACTUAR POR FE Y NO CON PRESUNCIÓN.

A.            Somos salvos de la pena del pecado por la fe y no por la presunción.

1.             Gá. 3:26:  “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.  Ef. 2:8:  “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.  Ef. 3:17 dice:  “que habite Cristo por la fe en vuestros corazones”.  Ro. 3:28:  “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”

2.             Todo creyente sabe que la salvación no consiste en creer lo que uno mismo opina o lo que otros opinan.  Consiste en (1) creer (2) lo que Dios dice.  Nada más es fe en Cristo Jesús y nada más conduce a la salvación.  Cualquier otra cosa es mera presunción.  Se puede estar convencido de que salva el bautismo, o Buda, o las buenas obras, o un gurú; pero eso es presunción.  La frase “son [...] hijos infieles” (Dt. 32:20) es aplicable a todos los que creen en lo que Dios no ha dicho.

3.             En general, los judíos ejemplifican esta enseñanza.  Tenían sus propias opiniones de cómo salvarse, no creyendo lo que Dios había dicho.  Por consiguiente, todavía están perdidos.  Ro. 9:31-32 constata el porqué:  “mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.  ¿Por qué?  Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo”.

B.            Debemos vivir por fe (creer y actuar conforme a las instrucciones divinas acerca de la vida como hijos de Dios) al igual que somos salvos por fe (creer lo que Dios ha dicho acerca de la salvación de la pena del pecado).

1.             Encontramos la voluntad y el mandato de Dios “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” en Col. 2:6.  Del mismo modo que recibimos a Cristo por fe, debemos caminar por fe (2 Co. 5:7).  El profeta del Antiguo Testamento Habacuc dijo:  “mas el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4).  El Señor hizo que esta expresión se registrara tres veces en el Nuevo Testamento (Ro. 1:17; Gá. 3:11; He. 10:38).

2.             “Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (He. 11:6).  Así que, Jesús mandó:  “Tened fe en Dios” (Mr. 11:22).  Pablo exhortó a los hermanos que “permaneciesen en la fe” (Hch. 14:22).  Este consejo no tiene nada de místico.  Dios nos comunica que debemos vivir por fe en todas las áreas de nuestra vida.  Significa creer en su Palabra y vivir por ella. Significa no presumir viviendo conforme a pensamientos, sentimientos o influencia del entorno. 

3.             En realidad, presumir (creer y actuar sin basarse en la Palabra de Dios) es pecar.  La Biblia dice claramente:  “todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Ro. 14:23).  Recordemos que sólo se trata de fe al (1) creer en lo que Dios ha dicho y (2) actuar en confomidad con ello.

4.             1 Ti. 1:19 advierte sobre la consecuencia de actuar sin fe:  “manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos”.

5.             Es fácil extraviarse o desviarse de la fe (1 Ti. 6:10, 21), lo cual simplemente quiere decir apartarse de lo que Dios ha dicho.  La consecuencia es naufragar.  En Pr. 3:5-6 hay un consejo muy hermoso:  “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.  Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”

6.             La victoria en esta vida se consigue mediante fe, o sea, creyendo lo que Dios ha dicho.  Sobrepasar esto es presumir.  El apóstol Juan escribió:  “esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Jn. 5:4).  La fe purifica el corazón (Hch. 15:9) y santifica (Hch. 26:18). 

7.             Además, constituye un buen testimonio delante de los hombres (Flm. 5) y delante de Dios (Ap. 2:19).

Dios, por medio de su siervo, nos da un consejo importantísimo:  “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Ti. 2:22).  El deseo de Dios para todos sus hijos es que “sigan la fe”, sin presunción.

 

Lo que cree hace la diferencia