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RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
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El bautismo es un asunto controvertido por diversas razones. El propósito de este estudio no es explicar todo el tema, sino arrojar luz sobre los puntos más difíciles para algunos.
Juan, llamado el Bautista, fue el primero que bautizaba. Las Escrituras hacen referencia a su bautismo en varias ocasiones. Un análisis cuidadoso demostrará por qué creemos que se trataba de bautismo bautista sólo para creyentes.
I. PRIMERO, CONSIDEREMOS AL HOMBRE LLAMADO JUAN.
A. Fue enviado directamente por Dios.
1. Jn. 1:6 claramente dice: “Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.”
2. Juan no era un profeta o soñador por voluntad propia, ni actuaba por su cuenta. No era un impostor sin autoridad divina. Juan ejerció bajo comisión y autoridad de Dios.
3. Juan era legítimo y mucho de lo que hizo sirve de precedente para nosotros.
B. Juan tenía la misión divina “para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc. 1:17). Esta misión consistía en una doble tarea.
1. Primero, tenía que hacer discípulos.
2. Segundo, tenía que bautizar a los discípulos.
3. Jn. 4:1 dice: “Jesús (1) hace y (2) bautiza más discípulos que Juan”, lo cual muestra que Juan también (1) hacía discípulos y (2) los bautizaba.
C. En conformidad con su misión, Juan sistemáticamente presentaba a Jesucristo como el único medio de salvación y bautizaba a los que recibían a Jesús como Salvador.
1. En Jn. 1:29, Juan declaró que Jesús era el cumplimiento explícito de la profecía del Antiguo Testamento acerca del Mesías que vendría, el único “que quita el pecado del mundo.”
2. Juan fue enviado especialmente por Dios para ser testigo de Él. Su misión principal fue la de identificar a Cristo como Mesías y como la luz del mundo (Jn. 9:5). Jn. 1:6 afirma que Juan fue enviado por Dios, y el v. 7 continúa así: “Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.” Este testigo autorizado atestiguó así: “Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” (Jn. 1:32-34).
3. En la interrogación de Jn. 3:23-36, Juan estableció de forma inequívoca que Cristo es el único medio de salvación. Ése es el modo de hacer discípulos. Su afirmación fue: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn. 3:36).
4. Para que no hubiera confusión en cuanto a su propio ministerio, Juan claramente señaló: “al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” (Hch. 19:4).
D. Juan aclaró cuidadosamente que él no era el Cristo (el hacedor de discípulos), sino que Jesús lo era.
1. En Jn. 1:20 confesó: “Yo no soy el Cristo.”
2. En Jn. 1:21 negó ser o Elías o el profeta anunciado en Dt. 18:15.
3. Sabía que él debía menguar (Jn. 3:30) y que él no era el esposo, sino un amigo del esposo (Jn. 3:29).
E. En verdad, la validación de Juan está fuera de duda.
1. Era el enviado especial de Dios que obraba conforme a las instrucciones divinas.
2. Por lo tanto, poner en duda la validez del bautismo de Juan es poner en duda la integridad de Dios, el que le comisionó y le envió.
II. EL BAUTISMO DE JUAN ERA UN BAUTISMO DE ARREPENTIMIENTO.
A. Juan predicaba que Jesús era el único medio de salvación y que nadie debía bautizarse hasta recibir esa salvación.
1. Debemos recordar que Juan identificó a Jesús como la luz del mundo, el cordero de Dios, el Mesías y el Salvador (Jn. 1:29-34). Afirmó en Jn. 3:35-36 que uno recibe la salvación cuando cree en Él.
2. Juan insistía en que se volvieran a Dios (arrepentirse) por la fe (creer) antes de bautizarse. De hecho, el “arrepentimiento para con Dios, y [...] la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20:21) debe ocurrir antes del bautismo.
a. En Mt. 3:11, Juan dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento”. La preposición “para” se usa en el sentido de “a causa de” o “como resultado de”. Juan afirma que bautiza a los creyentes como resultado de su arrepentimiento.
b. El contexto de Mt. 3 establece este hecho de forma concluyente. Cuando Juan empezó a predicar cerca de Jericó, mucha gente de los alrededores llegaba para bautizarse. Entre ellos había fariseos y saduceos, la mayoría de los cuales rechazaba a Jesús. No tenían arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo. O sea, no eran convertidos. Así que, Juan les negó el bautismo y pronunció la frase bien conocida: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mt. 3:8). En resumen, les dijo: “Demostrad que de verdad sois convertidos, entonces os bautizaré. Si no lo sois, no podéis bautizaros.”
c. Para Juan el bautismo no tenía sentido si no había arrepentimiento y fe en el Salvador. Bautizarse sin tener una relación de fe con Jesucristo siempre es una mofa y, en consecuencia, el bautismo realizado así nunca tiene validez. Por lo tanto, Jesús, refiriéndose al bautismo de Juan, dijo: “Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados” (Mr. 1:4). Cuando Pablo predicó a Cristo en Antioquía de Pisidia (Hch. 13:14-41), dijo en el v. 24 que Juan había anunciado la venida de Cristo y que había bautizado a los arrepentidos. En Hch. 19:4 Pablo dijo: “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.”
3. El bautismo de Juan no era nada complicado. Sólo insistía en que primero hacía falta recibir la salvación y después bautizarse.
a. Fue inflexible en cuanto al orden.
b. Esta postura no gustaba entonces y no gusta hoy en día. Invalida terminantemente el bautismo infantil. Cualquier persona que se convierte después de bautizarse, debe volver a bautizarse. De hecho, en un sentido estricto, no es volver a bautizarse ya que el primer bautismo no es válido. El único bautismo válido es la inmersión de un creyente administrada por la autoridad de una iglesia conforme al Nuevo Testamento. Muchas personas “bautizadas” en la infancia, o después de una supuesta conversión, o por una iglesia que no se identifica históricamente con la iglesia que Jesús edificó, se molestan al oír que tienen que “volver a bautizarse”. En el pasado, personas de otras iglesias utilizaban el término despectivo de “anabaptistas” para referirse a los que insistían en esta verdad. “Ana” significa “re” y “baptista” quiere decir “bautizador”. Así que, los que rechazaban esta verdad nos llamaban “rebautizadores”.
B. Hch. 19:1-5 ilustra que el bautismo de Juan era un bautismo de arrepentimiento.
1. En su tercer viaje misionero, Pablo se encontró con unos de Éfeso que decían tener el bautismo de Juan (v. 1-3).
2. No obstante, cuando Pablo les preguntó acerca del Espíritu Santo, ni siquiera habían oído de Él (v. 3).
3. La predicación de Juan trataba de Jesús y también del Espíritu Santo (Mt. 3:11-12; Mr. 1:8; Jn. 1:32-33).
4. Pablo entendió que no habían comprendido el mensaje de Juan acerca de Jesús como Salvador y del bautismo después de convertirse. Por lo tanto, Pablo les predicó a Jesús (v. 4).
5. Al oír esta verdad, creyeron en Jesucristo y fueron bautizados como creyentes.
6. El hecho de que fueron “rebautizados” no indica que hubiera un problema con el bautismo de Juan. El bautismo de Juan llevaba la aprobación divina. El hecho de volver a bautizarlos implica más bien un problema con los candidatos. No se habían convertido. Así que, el bautismo administrado por una autoridad idónea y de un modo correcto es inválido si el candidato no es cualificado. El que recibe inmersión por una iglesia de Dios no tiene bautismo correcto si no era creyente cuando la recibió.
7. Juan, desde la inauguración del bautismo, dejó claro para siempre que uno debe bautizarse después de arrepentirse. El bautismo es un testimonio visible del verdadero arrepentimiento. Está prohibido para los que no se han arrepentido.
III. ADEMÁS, EL BAUTISMO DE JUAN ERA BAUTISMO BAUTISTA.
A. Juan era bautista.
1. Mt. 3:1 dice que Juan era un predicador “Bautista”. Es la afirmación de las Escrituras que Dios inspiró. No era un predicador ni metodista, ni de la Iglesia de Cristo, ni luterano, ni pentecostal, ni de la Iglesia Bíblica. Era predicador “Bautista”.
2. Jesús mismo le llamó predicador bautista en Mt. 11:11-12. Los discípulos de Juan le llamaron “Juan el Bautista” en Lc. 7:20.
3. “Bautista” no era el nombre de Juan, sino denotaba lo que hacía. La Biblia dice claramente cuál era su nombre. En Lc. 1:63, su padre dijo: “Juan es su nombre.” Su madre afirmó lo mismo (v. 60). El padre de Juan le puso este nombre por instrucción de un ángel (Lc. 1:13). Jn. 1:6 dice que su nombre era Juan. Parece que el Espíritu Santo recalca este hecho para que nadie pudiera decir que “Bautista” era el apellido de Juan. En lugar de usar apellidos, cuando se referían a la familia de Juan dirían “Juan el hijo de Zacarías”. “Bautista” significa bautizador, lo que hacía Juan. Bautizaba en el río Jordán a los que se convertían (Mt. 3:1, 6).
4. Así que, Juan era bautista y las Escrituras lo identifican como tal.
B. Juan, siendo bautista, sólo podía practicar bautismo bautista.
1. Entonces Juan era el único predicador con autoridad divina para bautizar (Jn. 1:33).
2. La autoridad de Juan para administrar el bautismo era del cielo (Lc. 20:4), de Dios mismo (Jn. 1:33).
3. Como consecuencia, los discípulos de Juan eran bautistas, con bautismo bautista, porque entonces no había otro. Sólo Juan tenía la autoridad para bautizar y él era bautista. Por lo tanto, los creyentes que bautizaba Juan, también eran bautistas. Su bautismo se administraba “con agua” (el elemento) y “en agua” (el modo).
4. Jesucristo mismo demostró su confianza en el bautismo de Juan al acudir a él para ser bautizado en el Jordán (Mt. 3:13-17).
5. Los apóstoles originales fueron bautizados por Juan (Hch. 1:13, 22).
6. Por lo tanto, ¿quién podía cuestionar el bautismo de Juan y sus discípulos bautistas? Nadie, porque Juan tenía autoridad. Era válido para Jesús y también para los apóstoles.
7. Además, debemos destacar que el bautismo de Juan no era bautismo “cristiano”. El término “cristiano” es un nombre que más adelante se usaría para mofarse de los creyentes (Hch. 11:26). El bautismo de Juan era bautista. No era católico, pentecostal... Era bautista, santificado y aprobado por Dios.
C. Así que, la iglesia que Jesús edificó, usando lo que Juan había preparado, tuvo que ser una iglesia bautista.
1. Juan había de preparar “el camino del Señor” (Mt. 3:3). Preparó los materiales que Jesús usaría para edificar su iglesia.
2. Juan bautizó a todos los apóstoles originales (Hch. 1:13, 22), por lo tanto, eran discípulos bautistas.
3. Jesús llamó a los doce (Lc. 6:13) y fueron ellos los primeros que Jesús puso en su iglesia (1 Co. 12:28).
4. La primera iglesia que se reunía en Jerusalén (explicada en los primeros capítulos de Hechos) tuvo que ser una iglesia bautista. Se componía de discípulos bautistas.
5. Jesucristo mismo, cabeza de la iglesia (Ef. 5:23), mediante el bautismo de Juan llegó a ser miembro de esa iglesia.
D. Después de establecer su iglesia, Jesús la autorizó para bautizar (Mt. 28:19-20).
1. Así que, una iglesia bautista (la de Jerusalén que se componía de miembros bautistas) recibió la misma autoridad para bautizar que había recibido Juan el Bautista. Por lo tanto, sus discípulos también eran bautistas. La iglesia que formaban era bautista y tenía la autoridad para practicar bautismo bautista. Desde entonces ha habido una continuidad de iglesias bautistas que han administrado bautismo bautista como el de Juan.
2. Creemos que Dios sólo reconoce esta clase de iglesia. No podemos aceptar ningún otro bautismo. Bajo inspiración divina, Pablo afirmó que sólo había “un bautismo” (Ef. 4:5). Creemos que solamente hay una clase válida de bautismo: el bautismo de arrepentimiento administrado por una iglesia bautista (la clase de iglesia que Jesús edificó de los materiales preparados por Juan, cuyo miembro más destacado es Jesús mismo).
Lo que cree hace la diferencia