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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.2
Escrito por Dr. Lester Hutson

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EL ARREPENTIMIENTO

Hch. 17:30

 

          En Hch. 17, el apóstol Pablo predicó a paganos y a practicantes de las religiones falsas de Atenas, Grecia.  Les habló acerca de la ignorancia que tenían del Dios verdadero y del sacrificio extraordinario del Señor Jesucristo.  Concluyó sus declaraciones afirmando en Hch. 17:30-31:  “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”  Dios llama a todos los hombres en todos los sitios al arrepentimiento.  A pesar de ello, hay pocas personas con una buena comprensión de lo que significa arrepentirse.  El propósito de este estudio bíblico es para que se comprenda lo que es, y lo que no es, el arrepentimiento.  A la vez, esta lección está pensada para demostrar quién debería arrepentirse y cuáles deberían ser los resultados del arrepentimiento.

 

I.                    PRIMERO, CONSIDEREMOS LO QUE ES EL ARREPENTIMIENTO VERDADERO.

A.           Por definición, arrepentirse es “cambiar de parecer o propósito”.  Es indudable que el arrepentimiento que Dios produce siempre es para mejor.  Se refiere a un cambio de sentido, dar la espalda al camino equivocado para aceptar el camino correcto de Dios.  Implica abandonar el camino y el pensamiento propios aceptando el camino y el pensamiento de Dios.

B.            Por cierto, el arrepentimiento que Dios produce tiene tanto un lado positivo como uno negativo.

1.             Arrepentirse es abandonar una cosa por otra.  No es suficiente con dejar el mal.  También hay que recibir el bien.  No hay arrepentimiento verdadero sin el abandono de la sabiduría y el pensamiento de este mundo para abrazar la verdad de Dios.  La forma de pensar del individuo tiene que llegar a concordar con la de Dios.

2.             La Palabra de Dios recalca esta verdad.

a. El profeta Ezequiel dijo:  “Por tanto, di a la casa de Israel:  Así dice Jehová el Señor:  Convertíos, y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones” (Ez. 14:6).  Sin embargo, el volver del mal, mencionado en este pasaje, es sólo la mitad del arrepentimiento.  En Os. 12:6 encontramos el aspecto positivo:  “Tú, pues, vuélvete a tu Dios”.

b.             El profeta Jonás predicó:  “conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos” (Jon. 3:8).  Así nos comunica de qué hemos de volver, pero el profeta Jeremías nos dice a qué hemos de volver.  Sus palabras inspiradas son:  “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lm. 3:40); y después dice:  “Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos” (Lm. 5:21).

c. El apóstol Pablo escribió:  “Aborreced lo malo”, pero también dijo:  “seguid lo bueno” (Ro. 12:9).

d.             El profeta Isaías escribió en Is. 1:16:  “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo”.  Pero añadió en el v. 17:  “aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.”  Otra vez hay lo negativo y lo positivo.  Es volver de algo y volver a algo.  Es volver del mal al bien.

e. El salmista David escribió en Sal. 34:14:  “Apártate del mal”; pero añadió:  “haz el bien”.

f.  El profeta Amós escribió:  “Aborreced el mal, y amad el bien” (Am. 5:15).

g. El apóstol Pablo nos exhortó en 1 Ts. 5:22:  “Absteneos de toda especie de mal”; pero acababa de decirnos en el v. 21:  “Examinadlo todo; retened lo bueno”.

h. Hch. 26:18:  “para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios”.

i.   Por lo tanto, es fácil ver por qué Mr. 1:15 dice:  “arrepentíos, y creed en el evangelio.”  El arrepentimiento no es algo trivial.  Es un cambio radical de mente, propósito y dirección.

3.             El hijo pródigo de Lc. 15:11-24 es un ejemplo clásico de verdadero arrepentimiento.

a. Este joven experimentó un auténtico cambio de parecer y de propósito.  Primero, cambió su actitud de la de amo a la de siervo.

b.             Después, decidió salir de la pocilga y dejar de comer las algarrobas con los cerdos.  Pero no decidió salir de la pocilga para repetir la experiencia de despilfarro que sólo le llevaría de vuelta a la pocilga.  Resolvió salir del sitio equivocado, la pocilga, para ir al sitio correcto, la casa de su padre.

c. Se trataba de volver de algo malo a algo bueno, del mal al bien.

d.             Esto es auténtico arrepentimiento.

 

II.                 ADEMÁS DE SABER LO QUE ES EL ARREPENTIMIENTO VERDADERO, HAY QUE SABER LO QUE NO ES.

A.           No es abandonar un mal por otro.

1.             Pablo anunció en Hch. 26:20:  “que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios”; y en Hch. 20:21 testificó:  “a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.”

2.             Satanás tiene muchas religiones y filosofías falsas de las que se puede elegir, pero todas conducen por el mismo camino equivocado.  Varían entre sí, pero todas alejan de Dios.

3.             Así que, el verdadero arrepentimiento no consiste en dejar una falsedad por otra.  Se trata de abandonar la forma de pensar y actuar de uno por la manera de pensar y actuar de Dios.  Es llegar a concordar con Él.  Es admitir que uno está equivocado y que Dios está en lo cierto.

B.            El arrepentimiento tampoco es tristeza y lágrimas.

1.             Es cierto que “la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento” (2 Co. 7:10).

2.             También es cierto que uno puede entristecerse mucho, incluso llorar, y no experimentar ningún cambio de corazón o arrepentimiento verdadero.  Esaú es un ejemplo clásico de ello.  He. 12:17 dice:  “Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.”

3.             Muchas veces las personas se entristecen, e incluso lloran, por los resultados de hacer mal, pero no por la ofensa contra Dios.  No llegan a admitir su propia equivocación para aceptar el camino de Dios.

4.             Es un gran error pensar que la tristeza, por muy pronunciada que sea, constituye arrepentimiento.  Es posible entristecerse en gran manera y no experimentar ningún arrepentimiento.  Además, no se le puede engañar a Dios.  No hay verdadero arrepentimiento sin un cambio de corazón, del mal al bien.  Cuando se produce un cambio de corazón de verdad, eso es arrepentimiento, con o sin lágrimas.

 

III.               ¿QUIÉN DEBE ARREPENTIRSE?

A.           La respuesta es sencilla:  “todos los hombres en todo lugar”.

1.             El versículo clave, Hch. 17:30, afirma que Dios “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.  Cualquier persona en discordia con la verdad y la voluntad de Dios debería arrepentirse de ello.  Quiere decir que debería cambiar su forma de pensar y su propósito por los de Dios.

2.             Es especialmente necesario para los pecadores alejados de Dios sin salvación.

a. Los incrédulos  “no se han sujetado a la justicia de Dios” (Ro. 10:3).  Pedro afirma en 2 P. 2:10 que “siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío.”  Ro. 6:17 asevera, de forma indirecta, que no han obedecido a la doctrina de Dios.  2 Ts. 1:8 lo constata así:  “ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo”.

b.             Así que, Dios manda que todos los pecadores perdidos por la desobediencia, se arrepientan de su forma de pensar y de andar.  Dios exige que abandonen su pensamiento acerca de la salvación, acercándose al Señor Jesucristo con fe sencilla.

c. Lo que Dios dice a los incrédulos es:  “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 3:2).  Pedro predicó en Hch. 3:19:  “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados”.  Jesús lo reitera en Mt. 9:13; Mr. 2:7 y Lc. 5:32:  “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.”

3.             Sin embargo, Dios no sólo manda que se arrepientan los incrédulos; también manda que sus hijos abandonen sus caminos que le deshonran para andar en el camino verdadero y justo de Dios.

a. Los hijos de Dios no siempre concuerdan con la forma de pensar de Él y no siempre andan por el camino de Dios.  1 Jn. 1:8 explica que pecan contra Él.  Is. 59:1-2 afirma que los pecados impiden la comunión con el Padre celestial.

b.             Cuando el hijo de Dios pierde la comunión con Él, Dios le llama al arrepentimiento.

c. 2 Ti. Ti. 2:19:  “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.”  De forma reiterada, Dios llama al arrepentimiento a los que son de sus iglesias (Ap. 2:5, 16, 22; 3:3, 19).  Cuando Simón, el mago, deseó el poder apostólico, contra la voluntad de Dios, Pedro le dijo:  “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad” (Hch. 8:22).

4.             Por eso Hch. 17:30 dice que todos los hombres en todos los sitios se arrepientan.  Cada persona en discordia con Dios, sea creyente o incrédulo, debe arrepentirse de ello.  Debe renunciar a su propia opinión para aceptar la de Dios.  Por eso Jesús dijo en Lc. 24:47 que  “se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén”.  De Dios, 2 P. 3:9 dice:  “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

B.            Dios ama al mundo de tal manera que procura llevar a todos al arrepentimiento.

1. Las Escrituras así lo afirman.

a. Ro. 2:4 pregunta:  “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”

b.             Hch. 5:30-31 dice:  “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero.  A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.”

c. Dios no sólo quiere que se arrepientan los judíos, porque también ha concedido que se arrepientan los gentiles.  Hch. 11:18 dice:  “¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!”

d.             Dios no excluye a nadie, sino llama a todos al arrepentimiento.

2.             Uno de los instrumentos principales que Dios usa para llevarnos a Él es su Palabra, verídica y demostrable.

a. Jn. 20:31:  “Pero estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.”

b.             Hay suficiente verdad demostrable en la Palabra de Dios para convencer a cualquier persona sincera de que Dios está en lo cierto en todo lo que dice y en todo lo que hace.

c. Si alguien no se arrepiente ante la evidencia de la Palabra de Dios, su condena está asegurada.  Jesús dijo en Jn. 12:48:  “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.”

d.             Dios desea que todos lleguen al arrepentimiento.  Así que, ha dado su Palabra, y ha enviado a mensajeros para predicarla, a fin de que el mundo se arrepienta.  No obstante, Dios no obliga a nadie a arrepentirse.  Si uno elige rechazar la Palabra de Dios y decide no arrepentirse, se enfrentará eventualmente a la ira del Dios Todopoderoso.  Así lo dicen Jn. 3:3 y 2 Ts. 1:8-9.

 

IV.              EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO SIEMPRE PRODUCE CAMBIOS POSITIVOS.

A.           El arrepentimiento involucra un cambio total del antiguo modo de pensar, incluyendo sus efectos.

1.             Dios dijo al profeta Isaías:  “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.  Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8-9).

2.             Por eso, el abandonar la forma de pensar y de actuar de uno mismo por la de Dios siempre produce cambios radicales.  2 Co. 5:17:  “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”  Fil. 2:15:  “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

B.            Como consecuencia de este cambio radical en el corazón, se producen cambios en la conducta.

1.             La primera señal importante de verdadero arrepentimiento es seguir públicamente a Cristo mediante el bautismo (Hch. 2:38).

2.             Ro. 11:16:  “Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.”  Jesús afirmó en Mt. 7:17:  “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.”

3.             Por lo tanto, es fácil comprender por qué Juan el Bautista mandó a los seguidores en Mt. 3:8 y en Lc. 3:8:  “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”.  Ésta es la verdad que enseña Santiago en Stg. 2:18.  Señala que la fe verdadera, que significa concordar con Dios, se evidencia mediante las obras.

4.             Si uno de verdad es hijo arrepentido de Dios, su vida lo evidenciará.  Si un pecador se arrepiente verdaderamente, su vida lo muestra.  La ausencia de evidencia señala la falta de arrepentimiento.  Indica que no ha habido un abandono de la forma de pensar y de actuar de uno mismo por la de Dios.

                                                                          

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