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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson

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EL CARGO ECLESIAL DE PASTOR

1 Ti. 3:1

 

            Creemos que el ministerio pastoral es un cargo permanente en la iglesia del Dios viviente.  Creemos que es el cargo más elevado en la iglesia, y que debe ser altamente respetado.  Aunque el pastor no debe ser considerado infalible o sobrenatural, el hombre que desempeña este ministerio con fidelidad debe ser respetado más que otros hombres.  Además, creemos que constituye una ofensa grave que otra persona intente realizar las funciones del pastor.

             Utilizaremos las palabras pastor y obispo de forma indistinta.  Aunque no se derivan del mismo vocablo griego (“poimen” es pastor, “episkopos” es obispo o supervisor), ambas palabras tienen significados parecidos.  A veces, la palabra ministro, de “diakonos” que significa siervo, también hace referencia a este oficio santificado.

 

I.               PRIMERO, VEAMOS LA COLOCACIÓN EN ESTA POSICIÓN.

A.            Creemos que uno solamente debe ocupar esta posición si es la voluntad de Dios para su vida.

1.    Aunque no es su voluntad para todos, Dios específicamente desea que algunos hombres tengan la supervisión de sus iglesias como pastores.

a.          Jesús mandó de forma especial a Pedro:  “Apacienta mis corderos” (Jn. 21:15).

b.          Hch. 20:28 especifica que “el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor”.

c.          Aunque no fue la voluntad de Dios para Cornelio (Hch. 10), Aquila (Hch. 18:26) o para el carcelero de Filipos (Hch. 16:33), sí que lo fue para Pablo, quien dijo:  “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1 Ti. 1:12).

d.          Col. 4:17 indica que el ministerio no es simplemente por elección propia.  Dios fue quien deseó que Arquipo fuera ministro suyo.  Dice:  “Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.”

2.    Creemos que Dios manifiesta su voluntad a quienes Él desea colocar en el ministerio.

a.          Aunque este estudio no tiene el propósito de entrar a fondo en este tema, creemos que Dios, mediante su providencia, manifiesta su voluntad al hombre que está completamente sumiso a Él, obrando en conformidad a la Palabra de Dios.

b.          La principal obra providencial que Dios emplea para indicar su voluntad de que uno sea ministro es darle el deseo indudable de serlo.

(1)          Así lo constata el apóstol Pablo:  “Palabra fiel:  Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Ti. 3:1).

(2)          Jeremías, quien es representativo del ministro elegido por Dios, ilustra este deseo del corazón cuando afirma:  “Y dije:  No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (Jer. 20:9).

c.          La obra providencial mediante la cual Dios indica su voluntad de que uno sea ministro no es una experiencia mística.

(1)          La providencia abre o cierra puertas a las oportunidades para uno.  Pablo habló de esta clase de obra de Dios en el creyente (1 Co. 16:9; 2 Co. 2:12; Col. 4:3).

(2)          Dios habla del mismo proceso en Ap. 3:8, que dice:  “he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”.

(3)          La voluntad divina se manifiesta en conformidad con Ro. 8:28:  “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

3.    Consideramos “llamados por Dios” a los que son ministros porque han percibido que es la voluntad de Dios para sus vidas.  Es así por lo que acabamos de ver; no por alguna experiencia extraña y misteriosa.  Sólo deben ser ministros los que saben que es la voluntad de Dios, y todos los que lo saben deben ser ministros.

B.            No creemos que sea la voluntad de Dios que nadie sea ministro si no reúne los requisitos.

1.    Los requisitos son muy claros.

a.          Debe tener un buen testimonio ante los incrédulos (1 Ti. 3:7).

b.          Debe ser irreprensible como administrador de Dios, lo cual no quiere decir sin pecado (2 Co. 4:1-2).

(1)          Esto incluye:  dinero, tiempo, talentos, conducta, etc. (Tit. 1:7-10).

(2)          Debe ser uno que no adultera la Palabra de Dios (2 Co. 4:1-2).

(3)          Su vida no debe ser ocasión de tropiezo (2 Co. 6:3-4).

c.          Debe ser honrado.

(1)          Debe ser honrado ante Dios y ante el hombre (2 Co. 8:21), porque uno que es deshonesto para con Dios, también lo será para con los demás, y viceversa.

(2)          La honestidad debe prevalecer en toda su vida:  los pensamientos (Fil. 4:8), el andar (Ro. 13:13), el hablar (1 P. 2:12), etc.

2.    La Biblia enseña que las mujeres no hablen en la iglesia (1 Ti. 2:12). 1 Ti. 2:11 dice: “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción” (1 Ti. 2:11).

3.    Estas cosas están expresamente escritas en cuanto a la voluntad de Dios para obispos.

a.          No creemos que Dios desee una cosa y después quiera algo diferente.

b.          Así que, no creemos que Dios quiera que las mujeres sean pastoras, o que los pastores tengan más de una esposa, etc.

c.          Si personas así están en el ministerio, creemos que es contra la voluntad divina.

C.            Creemos que la iglesia debe ordenar a los pastores.

1.    La ordenación de los supervisores (obispos) es una práctica bíblica.

a.          Tit. 1:5:  “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses [ordenar] ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé.”

b.          Así hicieron Pablo y Bernabé:  “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.”

c.          Aunque hoy la imposición de manos no confiere los dones del Espíritu, como en el caso de los apóstoles (1 Ti. 4:14; 2 Ti. 1:6), sí que es un acto santificado que simboliza la seriedad y la santidad del ministerio.  Además, era la práctica de algunos que no eran apóstoles, sin el poder de conceder los dones del Espíritu:  Timoteo lo hizo sin poder conferirlos (1 Ti. 5:22).  Por lo tanto, creemos que es correcto practicar la imposición de manos en la ordenación ministerial.

2.    Sin embargo, ninguna iglesia debe ordenar a la ligera.  1 Ti. 5:22 dice:  “No impongas con ligereza las manos a ninguno”.

 

II.            SER PASTOR DE LA IGLESIA ES OCUPAR UN ALTO CARGO Y TENER UNA GRAN RESPONSABILIDAD.

A.            Es un ministerio sobre toda la iglesia.

1.    Es una responsabilidad ante Dios sobre toda la iglesia.

a.          Cuando empiezan a haber problemas en la iglesia (carnalidad, divisiones y empeoramiento general), muchos pastores lo atribuyen a los diáconos, la localidad, la despreocupación de los miembros, etc.

b.          Ciertamente pueden ser algunos de los factores causantes de los problemas.  Sin embargo, deshacerse de este modo de la responsabilidad pastoral es cometer el pecado de Pilato (Mt. 27:24).

c.          El pastor es el supervisor de toda la obra.  Dios espera que él tome la iniciativa para corregir cualquier problema que amenaza la iglesia.  Aunque otros pueden contribuir al problema, el pastor es quien tiene más responsabilidad ante Dios.

2.    Las Escrituras constatan que el pastor está sobre toda la congregación.

a.          El sustantivo “obispo”, que se usa para describir el oficio del pastor, significa tanto “supervisor” como “superintendente”.  Además, declara que es una responsabilidad concedida por el Espíritu Santo (1 Ti. 1:12; Col. 4:17).

b.          El Nuevo Testamento se refiere al pastor como “obispo” seis veces (1 Ti. 3:1-2; Tit. 1:7; Fil. 1:1, etc.)

c.          1 Ts. 5:12 pone de manifiesto que el pastor está sobre toda la iglesia, diciendo:  “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan”.

d.          Además, Dios asigna la responsabilidad de redargüir, reprender y exhortar a los pastores.

(1)          Se ve el otorgamiento de esta responsabilidad importante en 2 Ti. 3:16-4:2.

(2)          Incluso la Biblia concede al pastor la autoridad de reprender públicamente a un transgresor, si percibe que es en beneficio de la iglesia (1 Ti. 5:19-21).

3.    Constituye una ofensa grave, contra el pastor y la iglesia, que otro que no es el pastor intente desempeñar la supervisión de la iglesia.

a.          He. 13:17:  “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

b.          1 Ti. 5:17 hace referencia a “los ancianos que gobiernan”.  He. 13:7 dice:  “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios”. [“Pastores” en este caso es “hegeomai” en griego, que significa conducir, presidir, tener el gobierno, o sea, la traducción más literal sería:  “Acordaos de los que tienen el gobierno de vosotros”.]  Además, se pone de manifiesto que la responsabilidad principal de los pastores es comunicar la Palabra de Dios.

c.          En muchas iglesias un miembro veterano, o muy atrevido, o con mucho dinero, o muy entrometido, o diácono es quien lleva la supervisión de la iglesia.  Se aseguran que prevalezca su liderato.  Sin embargo, es una violación del plan bíblico, porque el pastor debe ser el supervisor y superintendente.

d.          Dos ejemplos del Antiguo Testamento sirven para demostrar el pecado de realizar una función que no corresponde, como el que pretende supervisar la iglesia sin ser pastor.

(1)          Debemos considerar el caso de “Coré y todo su séquito” (Nú. 16), quienes eran levitas, designados para servir a Dios (v. 9).  Pensaban que los sacerdotes, quienes simbolizaban los pastores de hoy, tenían demasiada autoridad (v. 3).  Opinaban que ellos debían tener la misma voz que los sacerdotes (v. 10).  Dios se molestó tanto por ello que amenazó con destruir a toda la congregación (v. 21), y, de hecho, destruyó a los cabecillas de la rebelión, tragándoles en un hoyo en la tierra (v. 31-35).  Según Jud. 11, este suceso tiene su aplicación moderna.

(2)          Otro caso relevante es cuando Dios se molestó, porque el rey Saúl se había entrometido en el oficio sacerdotal, el cual simboliza el ministerio actual en la iglesia (1 S. 13:1-13).

B.            El cargo de pastor conlleva grandes responsabilidades.

1.    Como ya se ha indicado, el pastor tiene la supervisión de toda la obra.

a.          Es quien debe tener una perspectiva de la dirección para el futuro de la iglesia.  Debe hacer planes y dirigir para el bien de toda la iglesia.

b.          Tiene la responsabilidad sobre la visitación, la música, el cuidado de los necesitados (especialmente de las viudas y huérfanos), la enseñanza, la espiritualidad en general, la armonía entre los miembros, la reputación de la iglesia...

2.    Su principal obligación es comunicar la Palabra de Dios.

a.          Jesús dijo a su ministro, Pedro:  “Apacienta mis corderos” (Jn. 21:15-17).

b.          Hch. 20:28:  “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.”

c.          El mandato principal al joven Timoteo fue: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Ti. 4:2).

d.          La comisión que el Espíritu Santo da a los pastores, por medio de Pablo, es:  “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido” (1 Ti. 4:6).

3.    Aunque el pastor tiene la supervisión de toda la iglesia, no debe tener que hacer todo el trabajo, sino debe tener ayuda de los demás miembros. 

a.          Cada miembro debe colaborar en la obra.

(1)          Ef. 4:16:  “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

(2)          El pasaje de 1 Co. 12:14-22 concluye afirmando que todos los miembros son “necesarios”.

b.          La supervisión y dirección de la obra, con el objetivo de mantener la espiritualidad de los miembros,  es un trabajo de plena dedicación.

(1)          Nú. 16:1-10 es una ilustración de ello.  Aunque Moisés y Aarón eran responsables de todo lo que ocurría en Israel, no realizaron ellos mismos todos los trabajos.  En cambio, encargaron a levitas para hacer algunos de ellos:  los sacrificios, las ofrendas, el transporte del tabernáculo.

(2)          Los apóstoles recalcaron esta verdad que todavía tiene vigor en nuestros tiempos.  Hch. 6:2:  “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.”

c.          Con demasiada frecuencia, el pastor está tan cargado de trabajo que apenas puede hacer lo que más debería.

(1)          Muchas veces es así porque los miembros no colaboran como es debido, y el pastor no enfrenta la situación.

(2)          Éx. 17:8-12 ilustra cómo los demás deben colaborar, aliviando así la carga pastoral.

 

III.          EL PASTOR FIEL DEBE SER RESPETADO Y HONRADO MÁS QUE OTROS HOMBRES.

A.            Se le debe tratar como a uno de autoridad.

1.    La Palabra de Dios enseña que los miembros estén sujetos a él.

2.    He. 13:17 dice:  “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos”.

B.            Se le debe tener un respeto elevado.

1.    Es conveniente tener en cuenta que el pastor tiene la responsabilidad de cosas santas.  1 Co. 4:1:  “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.”

2.    El Espíritu Santo inspiró al apóstol Pablo a decir:  “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Ti. 5:17).

3.    1 Ts. 5:12-13:  “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra.  Tened paz entre vosotros.”

C.            La iglesia debe encargarse por completo del sostén económico del pastor.

1.    Gá. 6:6:  “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.”  En este caso, “partícipe” se refiere a participación económica.

2.    La Biblia dice:  “el obrero es digno de su alimento” (Mt. 10:10).  1 Ti. 5:17-18 dice que el pastor es digno de “doble honor”, lo cual aparentemente incluye ayuda económica.

3.    1 Co. 9:13-14 enseña que los pastores, como los sacerdotes del Antiguo Testamento, deben vivir del evangelio.

4.    Neh. 13:10-11 demuestra el descontento de Dios por la falta de apoyo económico a sus superintendentes.

 

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