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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson

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LA SANACIÓN MILAGROSA

Hch. 3:1-11

 

            Creemos que Dios sana.  Si no fuera así, no podríamos orar por los enfermos.  Sin embargo, oramos por los enfermos, creyendo que Dios los sanará según sus promesas en la Biblia.  Mucho de lo que actualmente se llama sanación milagrosa, en realidad, no es de Dios.  Hay muchos que, de forma fraudulenta, se aprovechan de los psicológicamente débiles y de los ignorantes.  Los apóstoles tenían el don de sanidades, pero después de la cesación de los dones no ha habido esta clase de curación.  El don de sanidades era uno de los dones del Espíritu de la edad apostólica.  Creemos que cesó al cumplir su propósito.  Así que, creemos que nadie ha tenido este don desde entonces.  Conviene que el lector consulte los capítulos sobre El Fin del Ministerio Apostólico, en los cuales se exponen las razones por las que creemos en la cesación del don de sanidades.  Por la existencia de estos capítulos, aquí nos limitaremos a considerar:  las prácticas fraudulentas de sanación, las limitaciones de las promesas de sanación y algunas citas sobre la sanación en sí.  No volveremos a demostrar la cesación del don.    

 

I.               LA BIBLIA ESTABLECE LÍMITES PARA LA SANACIÓN.

A.            Es incuestionable que Dios puede curar a quien Él quiera.

1.    Mt. 19:26 dice:  “para Dios todo es posible.”

2.    El que creó el universo, y también el cuerpo y el espíritu humanos, quien además tiene “toda potestad [...] en el cielo y en la tierra” (Mt. 28:18), ya demostró durante su ministerio terrenal que podía curar cualquier clase de enfermedad, incluso podía resucitar a los muertos.

3.    No se trata de averiguar si Dios puede curar o no.  Sabemos que puede, pero no siempre es su voluntad hacerlo.

B.            Los que afirman tener el don de sanidades, y los que creen en la curación por medio de ellos, emplean Stg. 5:13-18 como texto de prueba.  Enfatizan que si uno tiene suficiente fe será curado cuando el poseedor del don de sanidades ora.

1.    Es digno de destacar que cuando los verdaderos sanadores, los apóstoles, no pudieron curar a un lunático (Mt. 17:14-16), el Señor atribuyó el fracaso a su propia incredulidad (Mt. 17:17, 20), no a la incredulidad de la persona que necesitaba curarse.

a.          La fe del enfermo no tenía nada que ver con el éxito de sanar.

b.          La escapatoria para los supuestos sanadores es que la persona no tenía suficiente fe.

2.    Sin embargo, la Biblia demuestra que algunas de las personas que más fe tenían, no recibían curación, a pesar de rogar por ella.  Es evidente que las promesas de sanación no solamente dependen de fe y oración.

a.          Nadie puede cuestionar la fe o la fidelidad del apóstol Pablo.  Además, era un hombre lleno del Espíritu.  Sin embargo, aunque pidió la sanación con fe, siguió con el “aguijón” en su carne (2 Co. 12:4-9).

b.          Trófimo era un hombre de fe (Hch. 20:4; 21:24), pero le dejaron en Mileto enfermo (2 Ti. 4:20).

c.          Timoteo era un hombre ejemplar (1 Ti. 4:12), pero no fue curado de sus dolencias estomacales y de diversos males (1 Ti. 5:23).

d.          La tercera epístola de Juan demuestra que Gayo era un hombre fiel, sin embargo, le flaqueaba la salud (v. 2).

e.          Epafrodito es otro ejemplo de un hombre de fe que tuvo que luchar con la enfermedad (Fil. 2:25-30).

3.    Así que, la evidencia de las Escrituras es que la promesa de curación no es general para cualquier enfermo, sino que se limita a las personas y a las circunstancias especificadas en la Biblia.

 

II.            LOS SUPUESTOS SANADORES MODERNOS, Y LOS QUE CREEN EN SU MINISTERIO, NO HACEN NINGÚN ESFUERZO POR ATENERSE A LAS ESPECIFICACIONES BÍBLICAS SOBRE LA SANACIÓN.

A.            De entrada, los supuestos sanadores son deshonestos.

1.    Si tienen el poder para curar, deberían tener suficiente compasión como para vaciar los hospitales de sus enfermos y de ir por todo el mundo curando a los discapacitados.

2.    Si de veras tienen el poder para curar, ¿quién impediría que curasen?  Si no pueden curar, entonces son mentirosos.

3.    A pesar de la oleada de “sanadores” carismáticos, los hospitales y los médicos son insuficientes para cubrir la necesidad creciente que hay.

B.            Los “sanadores milagrosos” adquieren su fama por casos psicosomáticos.

1.    Es un hecho médico demostrable que la mayor parte de las enfermedades (quizá más del ochenta por ciento) son inducidas por el estrés.  Puede provocar muchas clases de trastornos físicos y mentales, tales como:  úlceras, gota, artritis, dolor de cabeza, tensión alta, etc.

2.    Si “el sanador” puede lograr que una persona bajo estrés crea que es sanada, generalmente el problema disminuye o desaparece.  Es así porque la fe reduce o resuelve el causante de la enfermedad.

3.    Es evidente que el poder de sanar es imaginario y la supuesta curación es una maravilla mentirosa.

4.    Por este motivo, suelen tratar problemas internos, no observables, y no tratan enfermos con huesos quebrados o con mutilaciones del cuerpo.

5.    Suelen relatar los casos de curación obvia, pero sin documentarlos y sin relacionarlos con sus correspondientes desequilibrios psicológicos.

6.    Además, si la diagnosis la hace el mismo “sanador”, o el enfermo, es fácil hablar de la curación de una enfermedad incurable.  En realidad, muchas veces no existe ninguna enfermedad, y en otras ocasiones se trata de un problema que con el tiempo se resolvería por sí solo.

 

III.          DEBEMOS CONSIDERAR LA SANACIÓN PROMETIDA EN LA PALABRA DE DIOS.

A.            Por fe podemos evitar o ser curados de enfermedades que nosotros mismos provocamos mediante el descuido, la preocupación, la intemperancia y el estrés en general.

1.    Tener fe no es hacer cosas a ciegas (He. 11:1-2), sino es obedecer el consejo de la Palabra de Dios (Ro. 10:17).

2.    Si obedecemos el consejo de la Palabra de Dios (tener fe), desaparecen muchas enfermedades.

a.          La Palabra de Dios dice:  “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas:  ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca” (Col. 3:8).  Estas cosas provocan muchos males físicos (1 P. 2:1; Ef. 4:31; Tit. 3:3).

b.          La Palabra de Dios enseña sobre el peligro de la preocupación (Lc. 12:22), la ira y el resentimiento (Mt. 18:21-22), el temor (Mt. 10:28), la avaricia (Ef. 5:3; 1 Ti. 6:10), entre muchas otras cosas que pueden causar la tensión arterial, problemas cardiovasculares, apoplejía, trastornos gástricos, etc.

c.          1 Co. 3:16-17 enseña a no maltratar el cuerpo (tabaco, bebidas alcohólicas, exceso de trabajo, obesidad, mala alimentación, etc.)

3.    La mayoría de las personas con tensión arterial alta o dolores de espalda por motivo del exceso de peso, mejorarían su salud de forma notable si tuvieran fe en la Palabra de Dios y perdieran los kilos sobrantes.

4.    Lo que debe hacer una persona con una enfermedad provocada por desobediencia no es tener presunción en un sanador falso, esperando que le cure a pesar de su desobediencia.  Ningún “sanador” puede anular las consecuencias divinas por la desobediencia.  Lo que debe hacer el enfermo por desobediencia es hacer caso a la Palabra de Dios, o sea, tener fe en ella.  Cuando lo hace, eliminado así el causante de la enfermedad, es probable que ésta desaparezca.

5.    Estas curaciones por obediencia son de Dios.  Stg. 1:17 dice:  “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces”.

6.    Estas curaciones por obediencia son verdaderamente sanaciones por fe, porque son el resultado de oír y obedecer lo que la Palabra de Dios dice sobre la salud.

B.            Además, la Palabra de Dios nos enseña a recurrir a la medicina.

1.    Hay males físicos que no tienen nada que ver con el castigo de Dios, ni con prácticas imprudentes.  Hay alergias, infecciones, accidentes, etc.

2.    Dios aconseja que adquiramos conocimiento y que empleemos sabiduría y entendimiento.

a.          La Biblia alaba la sabiduría y el conocimiento (Pr. 3:18-23), y nos exhorta a conseguirlos (Pr. 4:5-13).

b.          Uno de los resultados de hacerlo es que “se te multiplicarán años de vida” (Pr. 4:10).

3.    La Biblia nos ofrece ejemplos del empleo de la medicina para tratar enfermedades.

a.          Pablo mandó a Timoteo:  “usa un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (1 Ti. 5:23).

b.          La enseñanza de Santiago de emplear “aceite” parece indicar el uso de medicina (Stg. 5:14).

c.          Cristo aprobó el uso de “aceite y vino” para las heridas del hombre en el camino de Jericó, lo cual aprueba el empleo de medicinas (Lc. 10:33-34).

4.    También, en este caso de usar medicinas, se ejerce fe en el consejo de Dios; así que, la curación resultante es por fe.

5.    Sin embargo, Dios no promete que cualquier empleo de medicina resulte en sanación.  Por un lado, todos los hombres han de morir (He. 9:27); y por otro, Dios puede usar la enfermedad para sus propios fines, como en el caso de Job o el ciego de Jn. 9:1-3.  Dado que no sabemos cuál es el caso, debemos usar el entendimiento que está a nuestro alcance, confiando en que Dios cure según su voluntad.  La fe consiste en obrar conforme al entendimiento, según lo que Dios ha revelado, aplicado a las circunstancias.

C.            La Palabra de Dios sí que enseña que podemos curarnos de enfermedades provocadas por el castigo de Dios, si seguimos su plan.

1.    El pecado sin confesar incita el castigo divino sobre el hijo de Dios.

a.          He. 12:5-11 demuestra que el castigo puede ser muy doloroso.

b.          Algunos de los corintios se enfermaron y otros murieron como resultado del castigo divino (1 Co. 11:28-32).

c.          En el Antiguo Testamento vemos el ejemplo de Israel que demuestra cómo se sufren males y enfermedades como castigo de Dios (Éx. 15:26; Dt. 28:15, 21-22, 27).

d.          El castigo es especialmente severo en el caso de ser una deshonra para la iglesia (1 Co. 5:1-13).

e.          Si el culpable no sigue las indicaciones de Dios para eliminar la causa de la enfermedad, es probable que incurra en el “pecado de muerte” (1 Jn. 5:16).  Además, Stg. 1:15 dice:  “y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.

2.    Stg. 5:13-20 describe el plan de curación para la enfermedad causada por desobedecer.

a.          Es obvio que se trata de enfermedades por desobediencia, porque dice:

(1)          Que sin sanación, la persona moriría (v. 20).

(2)          Que el enfermo tiene que confesar sus pecados (v. 16).  1 Jn. 1:9 enseña que la confesión es necesaria por cometer pecados.

b.          Se han de llamar a los ancianos de la iglesia (Stg. 5:14), especialmente cuando se trata de un escándalo público (1 Co. 5:1-13), lo cual puede haber requerido disciplina eclesial (Mt. 18:18).

c.          El enfermo ha de confesar sus faltas, tanto a Dios como a los demás (Stg. 5:14.

d.          Después de la confesión, los demás deben orar por él (Stg. 5:14-15), lo cual resulta en curación.

e.          Al eliminarse la causa de la enfermedad, el pecado no confesado, Dios elimina el efecto, la enfermedad.

f.            La inutilidad de la oración de los ancianos para curar la enfermedad, si el enfermo no se confiesa, se ejemplifica en Elías (Stg. 5:17-18).

(1)          Oró a fin de que no lloviera (Stg. 5:17), lo cual sucedió por la maldad de Israel y de la casa de Acab (1 R. 18:17-18).

(2)          Otra vez oró que lloviera (Stg. 5:18), lo cual sólo pudo suceder por el arrepentimiento de Israel.  Así reunieron las condiciones necesarias para quitar el castigo de Dios (1 R. 18:39-45).

3.    El uso de aceite en la Biblia (Stg. 5:14) tiene que ver principalmente con la casa de Israel.

a.          Santiago dirige su libro a “las doce tribus que están en la dispersión” (Stg. 1:1), quienes eran sus hermanos tanto nacional como espiritualmente.

b.          Cristo envió a los doce apóstoles a las doce tribus, mandando que ungieran con aceite (Mr. 6:13).  Sin embargo, Jesús limitó esta misión a “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt. 10:6), prohibiendo que fueran “por camino de gentiles [...] y en ciudad de samaritanos” (Mt. 10:5).

c.          En el Nuevo Testamento, el aceite en la sanación siempre se ve en relación con la casa de Israel, y creemos que el contexto de Santiago también lo limita así.

d.          Creemos que el aceite en este caso es simbólico de la necesidad de utilizar las medicinas disponibles.

D.            Creemos que la “sanación” que no se conforma a estos métodos establecidos en las Escrituras es fraudulenta.

1.    Creemos que éstos son los métodos que Dios emplea para curar hoy en día (en casos en que se involucran otras personas aparte del enfermo).

2.    Creemos que Dios podría intervenir en cualquier caso de enfermedad o mal físico, pero no sería por un “sanador”.

3.    Así concluimos que los “sanadores modernos” son falsos sanadores, y los que creen en ellos están engañados.

4.    Con esto no afirmamos que no hayan habido sanadores milagrosos, porque no es así.  Nuestro texto, Hch. 3:11, hace referencia a dos, explicando una sanación realizada por ellos.

5.    Sin embargo, creemos que no ha habido sanadores posteriores al ministerio apostólico.

6.    Recomendamos la consulta de los capítulos sobre el Fin del Ministerio Apostólico para averiguar por qué creemos que cesaron los dones espirituales, incluyendo el de sanidades.

 

Lo que cree hace la diferencia