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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson

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EL FIN DEL MINISTERIO APOSTÓLICO
(PRIMERA PARTE)

 

LAS OBRAS PODEROSAS DEL MINISTERIO APOSTÓLICO

             Creemos que los apóstoles fueron bautizados con el Espíritu Santo (Hch. 1:5), recibiendo así los dones espirituales (He. 2:4).  Estos dones específicos no son los frutos del Espíritu.  Cada apóstol recibió todos ellos (2 Co. 12:12), así como el poder para comunicarlos a otros mediante la imposición de manos (Hch. 8:18).  Además, creemos que sólo los apóstoles tenían el poder de transmitir los dones.

            Creemos que estos dones del Espíritu se dieron a un grupo limitado (los apóstoles y los que recibieron la imposición de manos de ellos), en un período de tiempo específico (la terminación de la escritura de la Biblia), con un propósito definido (la edificación y perfección de los santos y la confirmación de la Palabra de Dios).   Nos referimos a ese período de tiempo como la edad apostólica, porque en él los apóstoles, y los que recibían los dones de ellos, efectuaron un ministerio especial para la edificación de los creyentes mediante la transmisión de la Palabra de Dios.

            Creemos que al terminar la revelación bíblica, ya no había necesidad del ministerio especial de los apóstoles.  Había cumplido su misión.  Afirmamos que terminó el ministerio apostólico cuando logró su objetivo y, por consiguiente, nadie ha tenido los dones del Espíritu desde entonces.  Estos dones permitieron que sus poseedores hicieran señales poderosas, maravillas y milagros; sin embargo, se limitó a ese período de tiempo, cesando con la muerte de los apóstoles y los que habían recibido la imposición de manos de ellos.

 

I.               LOS DONES DEL ESPÍRITU, POR LOS CUALES LAS OBRAS SOBRENATURALES DEL MINISTERIO APOSTÓLICO SE REALIZARON, ESTÁN ENUMERADOS EN 1 CO. 12:8-10.

A.            La palabra de sabiduría era un poder sobrenatural para razonar.

B.            La palabra de ciencia daba perspicacia e iluminación de lo que no se aprendía estudiando.

C.            La fe era el medio por el cual uno podía hacer obras que demostraran el poder milagroso.

D.            Los dones de sanidades hacían posible que su poseedor pudiera restaurar la salud de forma instantánea, no importaba la gravedad de la enfermedad o la falta de fe del enfermo.

E.             El hacer milagros era un poder para hacer obras que humanamente habrían sido imposibles.

F.             La profecía era el poder para exponer el pensamiento de Dios, sin recurrir a otras fuentes y antes de su cumplimiento.

G.            El discernimiento de espíritus era el conocimiento de la procedencia de una palabra o de un hecho.

H.            Los géneros de lenguas era la capacidad de hablar en un idioma que la audiencia no conociera.

I.               La interpretación de lenguas era la habilidad de interpretar lo que decía el que hablaba en lenguas para la audiencia que no entendía.

 

II.            ESTAS OBRAS PODEROSAS DEL MINISTERIO APOSTÓLICO ERAN POR EL ESPÍRITU SANTO.

A.            1 Co. 12:4 dice:  “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.”

B.            Otra vez, después de enumerar los dones, la Sagrada Escritura dice:  “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu” (1 Co. 12:11).

C.            Jesús dijo a los apóstoles:  “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hch. 1:8).

D.            Ninguna de las obras poderosas del ministerio apostólico se hizo aparte del poder extraordinario del Espíritu Santo.

E.             Veremos, a continuación, que aunque muchas personas practicaban diversos dones, siempre recibían el poder para hacerlo de los apóstoles, porque solamente ellos podían comunicar los dones.

 

III.          EL NUEVO TESTAMENTO ESTÁ REPLETO DE EJEMPLOS DE LAS PODEROSAS OBRAS DEL MINISTERIO APOSTÓLICO.

A.            Los mismos apóstoles iban haciendo obras milagrosas.

1.    Los apóstoles se nombran en Mt. 10:2-4.

a.          Hch. 1:25 demuestra que Judas Iscariote cayó del apostolado (no de la vida eterna, porque nunca la tuvo, Jn. 6:64), y por ello su nombre ya no figuraba entre los de los apóstoles (Hch. 1:20).

b.          1 Co. 9:1-5 enseña que Pablo fue contado como apóstol.

2.    De los apóstoles, Mr. 16:20 dice:  “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían.”

a.          El v. 14 enseña que este pasaje se refiere exclusivamente a los apóstoles.

b.          El v. 19 dice que Jesús les habló y después ascendió.  Hch. 1:2 relata el mismo suceso, diciendo:  “hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido”.

c.          Las señales que habían de seguir a los apóstoles, se especifican en Mr. 16:17-18.

d.          Para entender la expresión: “Y estas señales seguirán a los que creen” (v. 17); es importante compararla con “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (v. 14).

e.          “Creen”, del v. 17, hace referencia directa a los apóstoles que creyeron que había resucitado, como en el caso de Tomás (Jn. 20:25-29).

f.            Es evidente que no es una referencia a todos los creyentes (como muchos afirman), porque las señales no han seguido a todos ellos.  Sin embargo, siguieron a los once (v. 20).

3.    De los apóstoles, He. 2:3-4 dice:  “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron [un requisito apostólico era haber visto al Señor, Hch. 1:21-22; 1 Co. 9:1], testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.”

4.    En referencia a las obras apostólicas que había realizado (Hch. 14:3), Pablo dijo a los corintios:  “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros” (2 Co. 12:12).

5.    Jesucristo vino haciendo obras milagrosas (Jn. 5:36), y oró al Padre así:  “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Jn. 17:18).  De forma especial, se refiere a los apóstoles, quienes salieron con el mismo poder que había tenido Jesús para confirmar su predicación.

6.    Dos de los apóstoles, Pedro y Juan, subieron al templo y levantaron a un cojo (Hch. 3:1-11; 4:14-16, 22).

7.    Hch. 4:33 dice:  “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús”.

8.    Hch. 5:12 dice:  “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo”.

9.    A los gálatas, Pablo se refirió a sí mismo como aquél que “hace maravillas entre vosotros” (Gá. 3:5).

10.         A los romanos, Pablo escribió:  “Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios” (Ro. 15:18-19).  

11.         Fue en vista del gran poder de los apóstoles que Pablo, uno de ellos, pudo decir:  “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1 Co. 2:4; también 1 Ts. 1:5).

B.            Los que recibieron la imposición de manos de los apóstoles, también hicieron obras milagrosas.

1.    En Hch. 6:5-6, Esteban recibió esa imposición de manos.  El resultado se manifiesta en Hch. 6:8:  “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.”

2.    En Hch. 6:5-6, Felipe también recibió la imposición de manos de los apóstoles; y, a consecuencia de ello, hizo obras milagrosas (Hch. 8:5-13).

3.    Otros que no eran apóstoles recibieron dones en Hch. 8:18 y 10:44-46.

C.            Durante el ministerio apostólico hubo muchas obras poderosas; sin embargo, no hubo ninguna aparte del ministerio directo o indirecto de un apóstol.

 

Lo que cree hace la diferencia