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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson

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LA ORACIÓN ES PARA

LOS HIJOS DE DIOS

Pr. 15:29

 

            Creemos que la oración es sólo para los hijos de Dios, y que no oye las oraciones de los incrédulos.  En este estudio, usamos “oír” y “escuchar” en el sentido de “honrar” o “respetar”, reconociendo que Dios se da cuenta de todas las oraciones, incluso las de los incrédulos.  Así Sal. 139:1-12 y He. 4:13 lo demuestran.  En este sentido, Dios oye todas las oraciones, pero sólo honra a las de los creyentes.   Creemos que la creencia de que el incrédulo pueda orar, incluso para pedir la salvación de la pena por el pecado, carece de fundamento bíblico.  Así que, no creemos en “la oración del pecador”, que algunos afirman ser una excepción a la afirmación de que Dios no escucha la oración del pecador.

 

I.               LA BIBLIA AFIRMA DE FORMA MUY CLARA QUE DIOS NO OYE LA ORACIÓN DEL PECADOR.

A.            Hay varios pasajes que hacen afirmaciones inequívocas al respecto.

1.    Cada incrédulo se ha apartado de la verdad (2 Ts. 1:8).  Pr. 28:9 dice:  “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable.”  ¿No es ésta la condición de todos los incrédulos?

2.    El texto, Pr. 15:29, declara:  “Jehová está lejos de los impíos”.  Se pone de manifiesto que este distanciamiento tiene que ver con la oración, porque la parte restante del versículo dice:  “pero él oye la oración de los justos.”

3.    En referencia al incrédulo y su impiedad (Job 27:7), Job dijo:  “Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado, cuando Dios le quitare la vida?  ¿Oirá Dios su clamor cuando la tribulación viniere sobre él?” (Job 27:8-9).  David, indicando que Dios no escucharía al impío, dijo:  “Cuando fuere juzgado, salga culpable; y su oración sea para pecado” (Sal. 109:7).

4.    De unos hombres pecadores, las Escrituras testifican:  “Clamaron, y no hubo quien salvase; aun a Jehová, pero no los oyó” (Sal. 18:41).

5.    En los tiempos de Jesús, muchos reconocían que Dios no honraba la oración del pecador.  Unos que no habían reconocido a Jesús como el Mesías reconocieron la validez de esta afirmación:  “Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye” (Jn. 9:31; véase los v. 25 y 29). 

B.            La Biblia declara que Dios oye la oración de los justos.

1.    La última parte de Pr. 15:29 dice:  “Pero él oye la oración de los justos.”

2.    La única forma para llegar a ser justo es por la fe en Cristo, porque así lo dice Ro. 10:10:  “Porque con el corazón se cree para justicia”.  Dios imputa su justicia a la persona cuando ésta cree (Ro. 4:5-6).

3.    Ningún incrédulo es justo.  Si Dios sólo escucha a los justos, entonces no escucha la oración de los incrédulos.

4.    Por ello Stg. 5:16 dice:  “La oración eficaz del justo puede mucho.”

 

II.            LA ORACIÓN ES CÓMO LOS HIJOS DE DIOS HABLAN CON ÉL; SÓLO LOS CREYENTES SON HIJOS DE DIOS.

A.            Debemos dirigirnos a Dios como “Padre nuestro” cuando oramos.

1.    Jesús, instruyéndonos a orar, dijo:  “Vosotros, pues, oraréis así:  Padre nuestro...” (Mt. 6:9).

2.    Cuando Jesús se refirió a las solicitudes de las oraciones, sólo tuvo en cuenta a los creyentes, porque dijo:  “vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas” (Lc. 12:30).  No incluyó a los que no tenían a Dios por Padre.

B.            La Biblia establece sin lugar a dudas que sólo los creyentes son hijos de Dios.

1.    Jesús dijo que los incrédulos eran hijos del Diablo (Jn. 8:44).

2.    Sólo los que han nacido de nuevo a la familia de Dios  son sus hijos (Jn. 3:3-7).  El nuevo nacimiento ocurre al creer (1 Jn. 5:1).

3.    Gá. 3:26 afirma:  “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.

C.            Es evidente que el incrédulo no puede acercarse al trono de Dios para pedir cualquier cosa.  Se trata de alguien que ha rechazado todo lo que Dios ha hecho por él.  Su incredulidad constituye rebelión y desobediencia a la verdad.  ¿Cómo puede orar?

 

III.          LO ÚNICO QUE DIOS PIDE AL INCRÉDULO ES QUE CREA EN CRISTO.

A.            Siempre cuando la Biblia comunica al incrédulo lo que tiene que hacer para recibir vida, el mandato es que crea.

1.    Hch. 16:31:  “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.

2.    Creer significa volver, mediante la fe, al Señor (Is. 55:7).

B.            La Biblia nunca instruye al incrédulo que haga cualquier cosa para salvarse de la pena del pecado.

1.    A veces se emplean pasajes dirigidos a los creyentes como si fueran para incrédulos.

a.          Ro. 10:13 y Hch. 22:16, que tratamos en otro capítulo, son dos ejemplos de esta mala aplicación.

b.          El peligro de aplicar pasajes dirigidos a creyentes a los incrédulos es obvio.

c.          Lc. 18:9-14 es otro pasaje utilizado a menudo para apoyar la teoría de que los incrédulos tienen que orar para recibir la salvación.

(1)          Conviene subrayar que eran dos judíos circuncidados quienes subieron a la casa de Dios.  Si no hubieran sido circuncisos (judíos), no habrían podido entrar en el templo (Ez. 44:7).

(2)          Fueron a orar (v. 10), o sea, para adorar.  El publicano dijo:  “Dios, sé propicio a mí, pecador” (v. 13).

(3)          ¿Por qué presuponer que se tratara de uno no convertido?  Los creyentes también necesitamos la misericordia divina.  Además, una de las cosas que recibimos por la oración es la misericordia (He. 4:16).  Todos los creyentes pecamos (1 Jn. 1:8, 10); por lo tanto, somos pecadores al igual que el publicano.  Se trataba de un pecador salvado.

(4)          ¿Por qué suponer que el publicano pidiera la salvación de la pena del pecado?  No mencionó para nada la salvación, sino pidió misericordia.

(5)          A pesar de ello, algunos afirman que pronunció “la oración del pecador”, pidiendo la salvación de la pena por el pecado.

(6)          La verdad es que este publicano tenía que estar ya identificado con el sacrificio propiciatorio de Cristo.  De otra manera, no podría ser escuchada su petición para que Dios le mirara como miraba la sangre expiatoria del propiciatorio.

2.    ¿Por qué instruir al pecador que ore si todavía no ha creído?  Es invertir el orden.

a.          ¿Cómo puede orar si todavía no cree?

b.          ¿Es cierto que uno recibe la salvación por creer y por orar?  Si es así, ¿por qué la Biblia no lo enseña por lo menos una vez?

c.          Si la oración es esencial para recibir la salvación de la pena del pecado, ¿por qué Pablo engañó al carcelero de Filipos? (Hch. 16:30-31)  ¿Por qué Cristo nos diría que sólo hace falta creer? (Jn. 3:15-16)

d.          Si la oración del pecador tiene poder para salvar, ¿por qué tantas personas que la han repetido muchas veces han confesado que todavía no tenían la salvación?  Sin embargo, todos los que han creído, aunque no haya pronunciado ninguna oración,  han recibido la salvación.

3.    Es peligroso instruir al incrédulo que ore.

a.          Si confía en que le salve la oración, no confiando plenamente en Cristo, entonces sigue en la perdición.

b.          Instruir que ore indica que es insuficiente creer.

c.          Muchos presentan un maravilloso mensaje del evangelio, estableciendo que la salvación es sólo por gracia por medio de la fe. Sin embargo, lo socavan al afirmar que hay que orar para recibir la salvación, contradiciendo lo que acaban de decir.

d.          Es evidente que contribuye a que haya muchas personas, incluyendo miembros de las iglesias, que continúan sin recibir la salvación.

4.    No importa lo que uno diga; si no cree, no es salvo.  Puede que no diga nada; pero si cree, entonces es salvo.  Así que, está claro que Dios salva porque uno cree, no por lo que diga o deje de decir (Ro. 10:9-10).  El individuo recibe la salvación cuando cree en el corazón.  Con la boca, simplemente confiesa ante los demás la salvación que tiene en el corazón.

5.    Afirmamos que uno se salva de la pena por el pecado cuando cree, sin obras (Ef. 2:8-9).  El bautismo, la oración, los peregrinajes, la reforma personal, los diezmos... no salvan.

C.               La oración es para el hijo de Dios.

1.    Es el medio por el cual se limpia de la contaminación por el pecado y mantiene comunión con su Padre celestial (1 Jn. 1:9).

2.    Además, sirve para librarse del dominio del pecado (Ro. 10:13; Hch. 22:16).

 

Lo que cree hace la diferencia