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RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
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He elegido este pasaje porque se refiere a ser algo más que un hijo de Dios. Se refiere al trato especial que Dios mantiene con los suyos.
El propósito de este estudio es demostrar que una cosa es ser hijo de Dios, y que es otra bien distinta tener comunión con Él. Muchos creyentes nunca han comprendido esta verdad tan sencilla; aunque son hijos de Dios, no están en comunión con Él. Permiten que la idea de ser su hijo les paralice, no apreciando la importancia de estar bien con Él.
Es importante constatar que sólo los hijos de Dios pueden disfrutar de comunión con Él, porque el incrédulo ni es hijo de Dios, ni puede tener comunión con Él. Podemos afirmar que todos los creyentes son sus hijos (Jn. 3:36), pero sólo algunos están en comunión con Él.
I. EN PRIMER LUGAR, VEAMOS ALGUNOS HECHOS SOBRE SER HIJOS DE DIOS.
A. Ser hijos tiene que ver con nuestra posición permanente ante Dios.
1. La Biblia se refiere a los creyentes como “los hijos de Dios”.
a. Este texto (He. 12:5-7) se refiere al creyente de forma reiterada como “hijo”.
b. 1 Jn. 3:1-2 llama a los creyentes “hijos de Dios”.
c. Gá. 3:26 dice: “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.
d. Gá. 4:6 dice: “sois hijos”.
2. Por lo tanto, podemos afirmar que todos los creyentes son hijos de Dios.
B. Uno llega a ser hijo de Dios cuando cree en Jesús como Salvador personal.
1. Gá. 3:26 especifica: “todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.
2. 1 Jn. 5:1 dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios”.
3. Ro. 4 explica en detalle cómo se llega a ser hijo de Dios por la fe.
C. Guste o no un familiar, sigue siendo nuestro familiar, porque el nacimiento determina el parentesco.
1. El nacimiento físico nos hace hijos de nuestros padres.
2. El nacimiento espiritual nos hace hijos de Dios.
a. Por ello, Jesús dijo a Nicodemo que tenía que volver a nacer (Jn. 3:1-7).
b. 1 P. 1:23 afirma que los creyentes somos “renacidos”. 1 Jn. 5:1 dice que el creyente “es nacido de Dios”.
c. No somos hijos por ser buenos o malos; somos hijos porque así nacimos.
D. El resultado de ser hijo es tener vida.
1. El hijo recibe vida de sus padres.
2. Cuando nacemos a la familia de Dios, Él nos da vida.
a. Jn. 10:10: “yo he venido para que tengan vida”.
b. Cristo se refirió a sí mismo como “el pan de Dios [...] que descendió del cielo y da vida al mundo”.
c. Hch. 2:28 dice: “Me hiciste conocer los caminos de la vida”.
d. Jn. 20:31 dice: “para que creyendo, tengáis vida en su nombre”.
e. En Jn. 8:12, Jesús dijo: “tendrá la luz de la vida.”
E. La vida que Dios da a sus hijos es eterna.
1. Es decir, no somos hijos de Dios sólo mientras todo va bien.
2. Se trata de ser hijos suyos eternamente.
a. Muchos pasajes se refieren a la vida del hijo de Dios como “eterna” (Jn. 3:15, 16, 36; 5:24; 6:64; Ro. 6:23).
b. El creyente es hijo de Dios, y, por lo tanto, posee vida eterna.
F. El creyente sigue siendo hijo por el poder de Dios, no por sus propios esfuerzos.
1. El hijo no tiene la capacidad de mantenerse como tal.
2. Es guardado “por el poder de Dios” (1 P. 1:5).
G. La conducta no hace que uno deje de ser hijo de Dios.
1. El comportamiento ni disminuye ni aumenta el hecho de ser hijo.
2. Ro. 8:35-39 afirma que nada o nadie puede separarnos del “amor de Cristo”.
3. Sería absurdo pensar que los pecados del hijo podrían anular su parentesco con sus padres.
H. El hecho de ser hijo de Dios es algo que nunca hay que recuperar.
1. No hay que recuperarlo, porque no se puede perder.
2. He. 9:12 dice: “por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”
II. AHORA, VEREMOS QUE LA COMUNIÓN ES ALGO MUY DIFERENTE.
A. La comunión tiene que ver con armonía y concordancia.
1. Ser hijos de Dios tiene que ver con nuestro parentesco espiritual, nuestra posición ante Dios.
2. Hay muchos pasajes que hacen referencia a la comunión (1 Jn. 1:3, 6, 7).
B. El creyente alcanza la comunión mediante la plena dedicación al Señor.
1. Uno llega a ser hijo por la fe; la comunión es por la sumisión y la dedicación.
2. Lc. 9:23: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
3. Mt. 22:37 constata, en pocas palabras, cuál es la responsabilidad del hijo de Dios.
C. Nuestra comunión con Dios depende de nuestra conducta.
1. La conducta no cambia el hecho de ser hijo de Dios; sin embargo, afecta mucho nuestra comunión con Él.
2. Todo el pasaje de 1 Jn. 1 explica cómo el comportamiento repercute en la comunión.
3. 2 Co. 6:14-17 demuestra cómo la conducta impropia impide seriamente la comunión.
4. Toda la conducta del creyente (el bautismo, la relación eclesial, la oración, la adoración, el servicio...) influye de forma directa en la comunión con Dios.
a. Si el comportamiento es bueno, la comunión será buena.
b. Si el comportamiento es malo, la comunión será mala.
D. El pecado impide y destruye la comunión.
1. No afecta para nada el hecho de ser hijo.
2. Sin embargo, el pecado anula la comunión con Dios.
a. Así lo dice Is. 59:2.
b. 2 Co. 6:14-17 también demuestra la misma verdad.
c. 1 Jn. 1:6 lo constata de forma muy clara.
E. Así se hace evidente que la comunión con Dios se mantiene mediante el comportamiento apropiado.
1. Es el poder de Dios que nos guarda como hijos suyos, pero la conducta es lo que mantiene la comunión.
2. Así lo confirman las Escrituras.
a. Ro. 12:1: “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”.
b. 2 Jn. 4 dice que Dios se complace cuando sus hijos andan “en la verdad”.
c. 2 Ti. 2:21: “si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor”.
F. Sólo se restaura la comunión mediante la confesión.
1. Uno nunca deja de ser hijo.
2. Sin embargo, la comunión se puede perder. La única forma para que se restaure es la confesión.
a. Hch. 22:16: “lava tus pecados, invocando su nombre.”
b. Sal. 32:1-5 y Sal. 51 enseñan la confesión como medio para recuperar la comunión con Dios.
G. La comunión produce gozo y lo que la Biblia llama “la vida en abundancia”.
1. El hijo recibe vida.
2. El hijo en comunión recibe vida en abundancia.
a. Hacer la voluntad de Dios produce felicidad (Jn. 13:17).
b. Stg. 1:25 dice: “el que mira atentamente en la perfecta ley [...] y persevera en ella [...] será bienaventurado en lo que hace.”
c. Jesús dijo: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).
3. Nadie sabe disfrutar de la vida hasta que anda en comunión con Dios.
a. Cuando uno está en comunión con Dios, puede orar (Stg. 5:16), ser útil para Dios (Ro. 6:13), ser victorioso sobre el pecado (Ro. 6:14)...
Si no hay comunión, el castigo es ineludible (He. 12:5-7).Lo que cree hace la diferencia