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RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson

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LA SEGURIDAD ETERNA EN CRISTO

Jn. 6:39

 

            La Biblia enseña que la persona que acude a Cristo con fe está a salvo para siempre.  La salvación no se mantiene sólo si la persona guarda un buen testimonio y evita hacer demasiado mal.  Somos salvos a pesar de la conducta, no por medio de ella; así que, no la perderemos jamás.  En este estudio, consideraremos una pequeña parte de la mucha evidencia bíblica que hay sobre la seguridad eterna del creyente.

 

I.               LA SALVACIÓN ES UNA POSESIÓN ETERNA, SIN IMPORTAR LA CONDUCTA POSTERIOR A RECIBIRLA.

A.            Dios no nos salvó por nuestra buena conducta.

1.    Recibimos la salvación sólo por la fe en Él, no por nuestras buenas obras.

a.          Ro. 3:22 dice que la justicia de Dios está sobre todos los que creen.

b.          Ef. 2:8:  “por gracia sois salvos por medio de la fe”.

c.          Muchos pasajes demuestran que la salvación se recibe mediante la fe (Jn. 3:16; Hch. 16:31).

2.    Nos llegó como regalo de Dios, no como pago de una deuda que Dios nos debiera.

a.          Ro. 6:23:  “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

b.          Ef. 2:8 llama la salvación el “don de Dios”.

3.    Nuestra bondad no tuvo nada que ver con nuestra salvación.

a.          Ef. 2:9:  “no por obras, para que nadie se gloríe.”

b.          Tit. 3:5:  “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho”.

B.            Dios no nos salvó por nuestra bondad, ni nos mantiene salvos por ella.

1.    Nuestra moralidad insignificante no tiene más valor ahora que antes de ser salvos (Is. 64:6).

2.    Nos salvó por creer en Él y nos mantiene salvos porque creímos en Él.

a.          Fil. 1:6:  “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

b.          Esta realidad era motivo de gozo para Pablo (Fil. 3:8-9).

C.            Supongamos que el hombre guarda su salvación por medio de las obras.

1.    Según Ro. 3:23, todos somos pecadores.  Dios llama mentiroso a quien afirma lo contrario (1 Jn. 1:8).

2.    Stg. 2:10 establece que si uno comete un pecado, entonces “se hace culpable de todos”.

3.    Ro. 6:23 enseña que el pecado recibe la condenación de muerte (Ez. 18:20).

4.    Si Dios arregla el problema del pecado inicialmente, pero después el hombre tiene que mantenerlo así, entonces éste tiene un verdadero problema.  Todos pecamos (incluso los creyentes).  El pecado condena, produciendo muerte.  Así que, si el hombre tuviera que mantenerse salvo por sus obras, entonces volvería en seguida a encontrarse en la misma condenación en que estaba antes de convertirse.

D.            Dios es quien nos guarda.

1.    1 P. 1:5 afirma que somos guardados por el poder de Dios.

2.    Además, las Escrituras enseñan que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están dedicados a guardarnos.

a.          Col. 3:3:  “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”

b.          Ef. 1:13:  “fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.

c.          Para destruir al creyente, primero habría que destruir a Dios:  al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

3.    Dios no necesitaba nuestra ayuda para salvarnos (Tit. 3:5) y tampoco la necesita para guardarnos.

 

II.            EL CREYENTE SEGUIRÍA SALVO AUNQUE RENUNCIARA A CRISTO Y NO DESEARA SER SALVO.

A.            Ya hemos visto que Dios es quien nos salva y es quien nos mantiene salvos (Ro. 1:16; 1 P. 1:5; Tit. 3:5).  Esto no depende de nuestras obras; depende de Dios.  Entonces la decisión de soltarnos o no, también es suya.

B.            Cristo ya ha decidido no soltarnos nunca.

1.    Lo reitera tres veces en Jn. 6:37, 39, 44.  Por lo tanto, es como Él dice, o Él es mentiroso.  Sabemos que es verdad, porque Él no miente.

2.    Además, Ro. 8:35-39 enseña que no sólo no nos soltará, sino que nadie (incluyendo a nosotros mismos) puede separarnos de Él.                                            

C.            Por fe llegamos a ser hijos irrevocables de Dios.

1.    Por fe nacemos de nuevo (Jn. 3:3), llegando así a ser hijos de Dios (1 Jn. 3:1-2).

2.    Es tan imposible dejar de ser hijos de Dios como lo es dejar de ser hijos de nuestros padres.

D.            Por esta realidad de la seguridad del creyente, la Biblia afirma que la vida en Cristo es “eterna”, no temporal (Jn. 3:16, 36; 4:14; 4:24).

 

Lo que cree hace la diferencia