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RAZONES DE LO QUE
CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson
Propiedad literaria - Dr Lester Hutson
Este material es propiedad literaria y se prohibe copiar o reproducir sin permiso expresado en escrito por el Dr. Lester Hutson
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12
Creemos que el pecado que no será perdonado, el cual Jesús llamó “la
blasfemia contra el Espíritu”, consiste en atribuir las obras del Espíritu
Santo, realizadas por Jesús y los apóstoles, a Satanás.
No creemos que se refiera a un rechazo prolongado del evangelio,
pensamientos viles, suicidio u otro pecado flagrante.
De hecho, creemos que desde la cesación de las obras milagrosas es
imposible cometer este pecado. Afirmamos
que cualquier persona puede recibir la salvación, lo cual significa el perdón
de todos sus pecados.
I.
EL PECADO IMPERDONABLE NO SÓLO TENÍA QUE VER CON LAS PALABRAS DE
VERDAD, SINO TAMBIÉN CON LAS OBRAS MILAGROSAS QUE SERVÍAN PARA CONFIRMAR LA
PALABRA.
A.
Las palabras y las obras constituían dos testimonios de la verdad.
1.
Jesús afirmó que sus palabras eran un testimonio (Jn. 3:11).
A menudo daba testimonio de que era el Cristo (Jn. 8:55-58; 10:24-25).
2.
Además, Jesús afirmó que sus obras eran un testimonio.
a.
Jn. 10:25: “Os lo he
dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan
testimonio de mí”.
b.
Jn. 5:36: “Mas yo tengo
mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que
cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me
ha enviado.” Juan sólo podía
testificar verbalmente acerca de Cristo, pero Jesús lo hacía con palabras y
con señales.
B.
Jesús mismo afirmó tener un testimonio doble.
1.
Jn. 8:18: “Yo soy el que
doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.”
a.
Primero, Jesús daba testimonio mediante sus palabras.
b.
Segundo, el Padre daba testimonio mediante las obras milagrosas.
2.
Consideremos Jn. 10:36-37. “Hijo
de Dios soy” se refiere al testimonio verbal de Jesús.
“Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis” obviamente se trata
del testimonio del Padre mediante las obras.
C.
La circunstancia en que Jesús introdujo la doctrina del pecado
imperdonable era una en que acababa
de realizar una obra milagrosa a fin de que creyeran que era el Cristo.
1.
El contexto pone de manifiesto que Jesús acababa de hacer una obra
milagrosa. Mt. 12:22:
“Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó,
de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.”
2.
Debemos tener presente que Jesús dijo que el propósito de las obras
milagrosas era demostrar quién era y que su palabra era verdad, a fin de que
creyeran (Jn. 5:36).
3.
Después de echar fuera el demonio, Jesús explicó que el milagro
demostraba que era de Dios, no de Satanás (Mt. 12:25-30).
4.
Había una manifestación doble que daba testimonio acerca de Jesús:
sus palabras (v. 25-30) y las obras poderosas del Espíritu Santo (v.
22).
5.
El resultado de este testimonio doble, también fue doble:
algunos creyeron mientras otros no.
a.
El v. 23 dice: “Y toda la
gente estaba atónita, y decía: ¿Será
éste aquel Hijo de David?”
b.
Pero el v. 24 dice. “Mas
los fariseos, al oírlo, decían: Este
no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.”
6.
Jesús se refería a este segundo grupo cuando dijo que habían cometido
el pecado imperdonable, porque fueron ellos quienes recibieron el testimonio
doble, pero lo atribuyeron a Satanás, no a Dios.
A pesar de recibir una demostración irrefutable, la rechazaron.
II.
NO HABRÍAN COMETIDO EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO, SI NO HUBIERA
HABIDO UN TESTIMONIO DOBLE (UN MILAGRO QUE CONFIRMABA LA PALABRA).
A.
Jesús expuso la extraordinaria gravedad de su pecado, afirmando:
“Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no
tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre” (Jn.
15:24).
1.
Debía referirse al pecado imperdonable ya que los demás pecados son
comunes a los hombres, incluso a los que nunca han visto las obras de Jesús
(Ro. 3:23; Ec. 7:20).
2.
Jesús se refería a un pecado concreto que no podía cometerse sin haber
sido testigo de las obras poderosas del Espíritu Santo.
El único pecado de esta naturaleza que conocemos es el pecado
imperdonable.
3.
Merece destacar que Jesús especificó que si no hubieran visto las obras
milagrosas, no habrían cometido este pecado.
B.
El Antiguo Testamento ilustra el pecado imperdonable.
1.
La ley exigía dos testigos para la aplicación la pena de muerte:
He. 10:28 dice: “El que
viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere
irremisiblemente.”
2.
No se podía ejecutar a nadie por el testimonio de sólo un testigo.
Nú. 35:30 dice: “un solo
testigo no hará fe contra una persona para que muera.”
3.
Dt. 17:6: “Por dicho de
dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho
de un solo testigo.”
4.
Al igual que era necesario tener dos testigos para la pena capital, también
era necesario tener dos testigos celestiales para cometer el pecado imperdonable,
sellando así el destino de los culpables en la muerte eterna.
III.
CREEMOS QUE LLEGÓ A SER IMPOSIBLE COMETER EL PECADO IMPERDONABLE CUANDO
CESARON LAS OBRAS MILAGROSAS DEL ESPÍRITU SANTO (EL TESTIMONIO DOBLE).
A.
Durante el ministerio de Jesús, y el posterior ministerio apostólico,
la palabra iba acompañada con las obras milagrosas del Espíritu Santo.
Por lo tanto, ante este testimonio doble, se podía cometer el pecado
imperdonable.
1.
Jesús dijo: “al que hable
contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el
venidero” (Mt. 12:32).
2.
Empleaba “siglo” en el sentido de época o era.
3.
Así se refería a su propia época.
Sabemos por lo anterior que era una época de testimonio doble:
las palabras y las obras del Espíritu Santo. Por lo tanto, durante ese período de tiempo, se podía
incurrir en el pecado imperdonable.
4.
La expresión “ni en el venidero” se refiere al período de tiempo
que seguiría al primero, es a saber, al ministerio apostólico.
También fue una época en que había un testimonio doble,
predominando tanto las palabras como las obras poderosas del Espíritu.
Entonces existía también la posibilidad de cometer el pecado
imperdonable.
a.
He. 2:4, hablando de los
hombres de Dios de esta época apostólica, dice: “testificando Dios juntamente con ellos, con señales y
prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo”.
b.
Pablo, quien era apóstol, dijo: “Así
que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no
fui con excelencia de palabras o de sabiduría [...] sino con demostración del
Espíritu y de poder” (1 Co. 2:1-4).
5.
En referencia a algunos de esta época, quienes escucharon las palabras
de verdad y vieron los milagros de confirmación del Espíritu Santo,
pero no creyeron, sino que lo atribuyeron a Satanás, la Biblia dice:
a.
Jn. 8:43: “Porque no podéis
escuchar mi palabra.”
b.
Jn. 12:39: “no podían
creer”.
c.
Mt. 12:45: “el postrer
estado [...] viene a ser peor que
el primero.”
B.
Las obras poderosas o señales del Espíritu cesaron al terminar la edad
apostólica, lo cual coincidió con la terminación de las Escrituras (1 Co.
13:8-10).
1.
Véase los capítulos sobre el fin del ministerio apostólico.
2.
Ahora no podemos contemplar las obras milagrosas de Jesucristo o de los
apóstoles, porque ha cesado el testimonio doble.
3.
Hoy tenemos un testimonio: la
Palabra de Dios.
a.
Ahora “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro.
10:17).
b.
Si alguien rechaza el único testimonio de la Palabra de Dios, entonces
no tenemos señales del Espíritu para confirmarla.
c.
En nuestros tiempos hay que creer por el valor del testimonio de la
Palabra de Dios. Jesús dijo de los
que creen este testimonio: “bienaventurados
los que no vieron, y creyeron” (Jn. 20:29).
C.
Dado que el pecado imperdonable consistía en ver el doble testimonio, atribuyéndolo al Diablo, hoy en día
no se puede cometer.
1.
Si existieran las mismas circunstancias, entonces se podría incurrir en
el mismo pecado, pero ése no es el caso.
2.
Hoy en día nadie tiene la oportunidad para contemplar estas obras
especiales del Espíritu. Por
consiguiente, no existe la posibilidad de atribuirlas a Satanás, cometiendo así
el pecado imperdonable.
3.
El pecado imperdonable era un pecado concreto que se limitó a dos períodos
de tiempo especificados por Jesús, pero nuestra época no se incluye.
Así concluimos que ahora no se puede cometer este horrendo pecado.
Lo que cree hace la diferencia