10250 North Freeway @ West Road
Houston, Texas 77037
Tel: (281) 447-8484

RAZONES DE LO QUE CREEMOS VOL.1
Escrito por Dr. Lester Hutson

Propiedad literaria - Dr Lester Hutson

Este material es propiedad literaria y se prohibe copiar o reproducir sin permiso expresado en escrito por el Dr. Lester Hutson

 

Para ordenar su copia de Razones de lo que Creemos,
vea la sección marcada Publicaciones

 2

CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA

2 Ti. 2:15

           Es evidente que una gran parte de las personas que estudian la Palabra de Dios no saben hacerlo.  Es común pensar que el estudio bíblico consiste en leer algunos pasajes y consultar comentarios bíblicos.  Aunque estas cosas pueden ser útiles, el buen estudio bíblico requiere algo más.  Lo que ofrezco a continuación, de ninguna manera, agota el tema, pero pienso que puede ser de utilidad para el estudiante de la Biblia.

 

I.               ES NECESARIO QUE LOS MOTIVOS DEL ESTUDIO BÍBLICO SEAN CORRECTOS.

A.            Primero, se debe estudiar para “presentarte a Dios aprobado”.

1.             No debemos estudiar sólo para refutar a un católico, un testigo de Jehová, u otro sobre algún punto doctrinal.  (El estudio puede preparar para ello, pero no debe ser el motivo principal.)

2.             Tampoco es válido el deseo de saber más que otros.  En 1 Co. 4:6, 18-19, Pablo condena el envanecimiento.  Vanagloriarse de conocimientos bíblicos es de lo más repulsivo.

3.             Debemos estudiar la Biblia por amor a Dios, deseando que el nos apruebe.

a.              Pablo dijo:  “Porque el amor de Cristo nos constriñe” (2 Co. 5:14).

b.             También dijo que la acción motivada por amor (incluyendo, por supuesto, el estudio bíblico) no produce vanagloria, porque “el amor no es jactancioso, no se envanece” (1 Co. 13:4).

B.            Segundo, se debe estudiar la Biblia para ser “obrero que no tiene de qué avergonzarse”. 

1.             Somos exhortados a contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3).  Sin embargo, no se puede contender por lo que ni siquiera se conoce.  Es una lástima que muchas personas, que durante años han tenido la oportunidad de estudiar la Biblia, todavía no estén capacitadas para contender por la fe.

2.             No saber explicar la salvación de la pena del pecado, los requisitos para el bautismo o la diferencia entre la justificación y la santificación debe ser motivo de vergüenza para el creyente que ha tenido suficiente tiempo para prepararse.

3.             Mediante el estudio el creyente puede evitar la situación que incitó la reprensión de He. 5:11-13, que dice:  “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.  Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.  Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño”.

C.            Tercero, se debe estudiar a fin de poder “usar bien la palabra de verdad”.

1.             Hay denominaciones enteras levantadas sobre pasajes malinterpretados.

2.             Sacar pasajes del contexto, emplearlos en un sentido ajeno y aplicar pasajes a incrédulos cuando están dirigidos a creyentes son algunas de las prácticas que fomentan el error doctrinal.

3.             Existe una perfecta armonía en las Escrituras.  El estudio diligente, teniendo en cuenta la totalidad de la Biblia, capacitará al estudiante para “usar bien la palabra de verdad”.

a.              La Palabra de Dios acomoda “lo espiritual a lo espiritual” (1 Co. 2:13).  Por lo tanto, debemos practicar la comparación de textos para averiguar la enseñanza bíblica sobre cualquier tema.  Pablo dijo a Timoteo:  “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Ti. 2:7).  No podemos esperar obtener un entendimiento correcto si no tenemos en cuenta todo lo que la Biblia dice sobre un tema.  Hay que evitar el aislamiento de pasajes.

b.             Is. 28:9-10 dice:  “¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina?  ¿A los destetados?  ¿a los arrancados de los pechos?  Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá”.

c.              Dado que la Palabra de Dios no tiene un arreglo temático, permitiendo averiguar todo lo que enseña sobre un tema determinado en el mismo pasaje, es imprescindible recurrir a diversos pasajes para entender su enseñanza sobre cualquier materia.

d.             Así 2 Ti. 2:15 establece los tres motivos para el estudio de la Palabra de Dios.

 

II.            ES NECESARIO DESARROLLAR BUENOS HÁBITOS DE ESTUDIO.

A.            Si es posible, debe haber un tiempo determinado para estudiar.

1.             Los de Berea escudriñaban las Escrituras cada día (Hch. 17:11).  Al igual que necesitamos comer cada día, debemos alimentarnos espiritualmente con la misma regularidad.

2.             Es muy beneficioso establecer un tiempo específico para el estudio diario, en vez de hacerlo de forma esporádica.

3.             Siempre es mejor estudiar cuando uno está descansado.

4.             No se puede aprender todo de golpe.  Salomón advirtió:  “el mucho estudio es fatiga de la carne” (Ec. 12:12).  Es mucho mejor estudiar un poco cada día que hacer un estudio intensivo sin continuidad.

B.            Además, es conveniente tener un lugar de estudio.

1.             Es mejor si es un lugar aislado, con buena luz, en un entorno propicio para estudiar.

2.             También conviene tener un lugar donde guardar papel, bolígrafos, materiales de referencia...

C.            El estudio debe ser sistemático y exhaustivo.

1.             Hay que determinar el tema a investigar.

a.              Debe haber un propósito en concreto.  Es mejor elegir un tema concreto para analizarlo en profundidad.

b.             No conviene que el tema sea demasiado amplio.  No se puede abarcar todo a la vez.  El aprendizaje de un tema abrirá la puerta a otro, hasta que uno tenga la capacidad de abarcar materias de más envergadura.

c.              Hay que aprender a centrarse en el tema.

(1)          Hay que abarcar uno a la vez.

(2)          No conviene cambiar de temas, sin profundizar en ninguno.

(3)          Cualquier conocimiento bíblico es bueno, pero es mejor tener conocimiento sistemático.

2.             Es conveniente utilizar papel y lápiz para tomar apuntes.

a.              Los apuntes son como gráficos, y  “una imagen vale más que mil palabras”.

b.                       Está demostrado que solemos aprender mucho más si tomamos apuntes.

c.              Además de facilitar la retención, tomar apuntes ayuda a la hora de repasar.

3.             El buen estudiante se formula preguntas.

a.              ¿Quién habla?  ¿A quién se dirige?  ¿Sobre qué habla?  ¿Cuándo pasó?  ¿Dónde ocurrió?  ¿Por qué sucedió?  ¿Cómo pasó?...

b.             Contestar esta clase de preguntas amplia el conocimiento bíblico.

4.             El estudio bíblico debe ser un análisis de las Escrituras.

a.              Es comparar pasaje (capítulo y versículo) con pasaje.  La misma Biblia es su mejor comentario (Is. 28:9-10).

b.             Uno de los mejores libros de referencia es una buena concordancia.

c.              También es conveniente emplear diccionarios, comentarios y otros libros de referencia.

5.             Después de sacar información bíblica, conviene organizarla por temas.

6.             Entonces, está disponible para repasarlo.

 

III.          EL BUEN ESTUDIO BÍBLICO REQUIERE MEDITACIÓN.

A.            La meditación consiste en reflexionar sobre lo que se ha estudiado, averiguando su aplicación práctica para la vida.

1.             Como indica su definición, la meditación requiere el estudio previo, porque no se puede meditar sobre lo desconocido.  Así que, la meditación comienza con la consideración de un tema determinado.

2.             Según Jos. 1:8, la verdad de la Palabra de Dios debe estar impresa en nuestras mentes, permitiendo que recurramos a ella para la reflexión y la meditación.

B.            La meditación consiste en mirar las Escrituras desde tantas perspectivas como sea posible.

1.             Hay que buscar las respuestas de:  quién, qué, cuándo, por qué, dónde y cómo.

2.             ¿Se trata de un mandato a obedecer, un motivo de alabanza, un ejemplo a seguir, una promesa a recibir?

3.             ¿Existen condiciones especiales que limiten su aplicación?

4.             Un buen procedimiento es el énfasis de diferentes palabras en el mismo pasaje, como el Sal. 23.

a.              Jehová.

b.             Jehová es.

c.              Jehová es mi.

d.             Jehová es mi pastor.

C.            Entonces, hay que hacer una aplicación a la vida personal.

1.             ¿Cómo me afecta?  ¿Por qué?  ¿Qué cambios implicará?

Conviene especificar los fracasos personales en relación con la verdad bajo consideración.  Entonces, hay que resolver crecer en gracia.

 

Lo que cree hace la diferencia