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MÁS ALLÁ DE LA
MUERTE
Written by Dr. Lester Hutson
Copyright - Lester Hutson -
2000
This material is copyrighted and may not be copied or reproduced without the express
written permission of Dr. Lester Hutson.
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the Grave,
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¿QUÉ PASA DESPUÉS DE MORIR?
Un día, probablemente antes de lo que se imagina, usted morirá. Su tiempo pasa inexorablemente. Es un asunto que no admite discusión.
"Está
establecido para los hombres
que mueran una sola vez”
(Hebreos 9:27).
No hay que preguntar si
moriré sino cuándo moriré.
¿Qué pasa después de la muerte?
¿Qué pasará si los creyentes nos equivocamos y no hay nada después de la muerte? Pues, nada. No estaremos en una situación peor que los demás. Sin embargo, si acertamos acerca del cielo y del infierno, entonces tenemos todo a ganar. Los demás perderán eternamente. Los creyentes no perdemos en ninguno de los casos.
La
Biblia dice...
Puede pensar: “Y ¿qué? ¿Cómo sé que la Biblia es verdad?” La Biblia siempre acierta en cuanto a sus predicciones. Usted puede comprobarlo por sí mismo. Hay centenares de profecías bíblicas y ninguna falla.
Además, la Biblia siempre está en armonía consigo misma. Nunca se contradice. Considere lo siguiente. Hay sesenta y seis libros escritos por decenas de hombres durante un milenio y medio. La mayor parte de ellos no se conocían. No pudieron colaborar conjuntamente para producir la Biblia, pero aún así hay una armonía perfecta y una fidelidad absoluta. Es asombroso, pero no fortuito.
La Biblia afirma ser la obra de Dios, no de los hombres. Dice: “Toda Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16). Dios dictó las palabras de la Biblia. 2 Pedro 1:21 constata que “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”
La Biblia enseña que todos tendremos que dar cuentas a Dios. “Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:11-12). Dios juzgará conforme a la verdad de su propia palabra. Juan 17:17 dice: “tu palabra es verdad”. Y Romanos 2:2 afirma que “el juicio de Dios [...] es según verdad.”
¿Usted en un lago de
fuego?
Si no es salvo, acabará en el lago de fuego. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15). Si su espíritu va a este lugar espantoso, será porque es un pecador sin salvación. Nuestros pecados llevaron a Jesús a la cruz. 1 Corintios 15:3 dice: “Cristo murió por nuestros pecados”. Sin embargo, sus pecados no impiden que vaya al cielo. Si usted va al lago de fuego, será porque no habrá “creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Ante Dios, “el que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado” (Juan 3:18). Creer no es meramente aceptar los hechos. Creer significa confiar en Cristo, depender de Él. Es una decisión deliberada de no confiar en uno mismo, depositando confianza exclusivamente en Cristo como Salvador.
Tanto los incrédulos como los creyentes son pecadores. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8). El pecado no determina si uno va al cielo o al infierno. Lo hace el tener o no al Salvador. Los salvos tienen el perdón de sus pecados por la sangre de Jesucristo. “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Efesios 1:7). Los que se pierden no tienen al Salvador. No tienen el perdón de sus pecados. Están “sin esperanza y sin Dios” (Efesios 2:12).
¡No
se confunda!
Está muy bien tener un buen comportamiento. Es bueno decir la verdad, pagar las deudas, vivir con moralidad, asistir a la iglesia, orar y bautizarse. Pero estas actividades no sirven para salvarse. Son el resultado de la salvación y no el medio para conseguirla. La Biblia dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

¡Sólo Jesucristo!
Sólo Jesucristo puede perdonar sus pecados y rescatarle del lago de fuego. Sólo Él puede llevarle al cielo. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
Sólo Jesús murió, fue sepultado y después resucitó. La resurrección es lo que le califica para ser su Salvador personal. Otros han afirmado ser salvadores, pero están enterrados o pronto lo estarán. La resurrección de Jesús es el mayor de los milagros. Asegura que Él le puede cuidar incluso después de la muerte. 1 Corintios 15:3-4 se refiere a la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesús como “el evangelio”. Es la obra poderosa de Dios mediante la cual le puede restituir ante Él mismo, no importa la cantidad o la gravedad de sus pecados. En realidad, Dios cargó todos los pecados de usted sobre Sí mismo. Él pagó su deuda. “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).
Jesús, quien es “Dios con nosotros” (Mt. 1:23), consumó la obra (Juan 19:30) mediante la cual usted puede ser salvo y experimentar la vida eterna más allá de la muerte.
Es fácil que Él sea su Salvador.
Alguien preguntó en Hechos 16:30: “¿qué debo hacer para ser salvo?” La respuesta bíblica es sorprendentemente sencilla: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). No le dijeron que orara, que se bautizara, que se uniera a una iglesia o que hiciera cualquier otra buena obra “porque con el corazón se cree para justicia” (Romanos 10:10).
Eso es todo lo que hay que hacer: confiar en Jesús. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). Confiar significa creer o tener fe. Hechos 20:21 se refiere a ello como “arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.” El arrepentimiento y la fe son elementos inseparables. Cuando de corazón uno vuelve con fe a Jesucristo, no dependiendo de sí mismo, sino aceptándole como Salvador, Él concede el mejor de los regalos: la vida eterna. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).
Usted
determina
su propio destino.
Ya sabe que no puede conseguir el cielo por sí mismo. Cuando su cuerpo sea un cadáver, no tendrá ningún poder para determinar lo que le pase. La única esperanza para usted es que alguien le salve, y Jesucristo es el único Salvador.
¿Qué le espera más allá de la muerte? Sólo hay dos alternativas. Su destino eterno depende de lo que haga con Jesucristo antes de morir. Y la muerte es ineludible. Su vida pasa sin que usted pueda detenerla. Pero puede creer en el Señor Jesucristo y así salvarse. ¿Por qué no lo hace?
Las consecuencias de esta decisión son eternas. Después de morir, no hay más oportunidad.
Una postdata
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Lester Hutson

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